Historias vergonzosas de borracheras espantosas

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Pues nada: que a los chicos de Pelulazas les ha molado que me acercara, así que lo vuelvo a hacer. En esta ocasión nos ponemos en evidencia contando historias donde el exceso de alcohol produce situaciones vergonzosas. Todos menos yo, que como no bebo, pues cuento historias de prestado. Es mi vida, no quiero cambiar… A destacar la que involucra a Rondador Nocturno, con uno de mis amigos atándose los dedos de las manos con celo (Rondador sólo tiene tres) y trepando farolas cual miembro alemán de los X-Men.

Las historias de César, Charlie y Carlos, curtidos en mil batallas etílicas son un puro descojone. Seguro que nuestros oyentes tienen algunas semejates o peores incluso. Y además, luego hablamos de películas, de música y de mi paso por el Festival de terror de Alicante, que fue bastante satisfactorio.

Por otro lado, estuve de invitado en el podcast Noche de Bitches, un programa recién nacido especializado en películas para chicas. O algo así: estuvimos comentando uno de mis chick-films favoritos: Una disparatada bruja en la universidad, el equivalente femenino a Teen Wolf, y que los habituales sabéis que me chifla.

23 thoughts on “Historias vergonzosas de borracheras espantosas

  • El otro día estaba con mis compañeros de instituto en una reunión de antiguos alumnos, y por primera vez bebí alcohol y me reuní con amigos en mucho tiempo (soy tímido).

    El caso:

    -Me encanta el vino con casera. Ya lo bebía con 4 años.

    -Aparte de eso, no pruebo alcohol. Cuando estaba en Bachiller hubo una fiesta de despedida o algo parecido y todos fueron con bebida a la discoteca (bueno, eso fue hace poco tiempo, a lo sumo cuatro años…). El caso es que yo me compré un montón de dulces, y en la discoteca en la puerta vi un notas que me daba miedo y no llegué a entrar.

    Muy patético, pero luego perdí las galletas que compré. Y encima me perdí ar Vicen, que me contaba el Negro que estuvo bailando todo el rato, se iba, y seguía bailando. Es más gracioso contándolo bien.

    -Tequila con gusano. Experiencia única.

  • En mi pueblo, Ciudad Rodrigo, para quien lo conozca había dos personajes mitiquísimos, Reno y el Pepín, eran parte de nuestra querida calle El Toro, ya se sabe que en los pueblos no hay mucho más que hacer excepto emborracharse. LA calle tenía, y tendrá, supongo, ese encanto de que la gente jóven pasábamos de discotecas nuevas y memeces, son bares que se caen llenos de viejos y mujeres ludópatas que llevan con el carrito de la compra desde el mediodía y el pescado empieza a oler. La tradición consiste en hacer toda la calle el toro, bares pegados unos de otros, calle arriba…calle abajo…y deprisa, que no sé porqué la tradición manda que hay que ir a toda mecha…como si los fueran a cerrar! Bueno pues el Reno era campeón de un concurso de feos, de España y llegábamos a un bar de esos de la calle el Toro y siempre estaban ahí más fijos que las croquetas aceitosas que solo les faltaba salir andando…y empezaba el espectáculo porque llevaban la borrachera puesta perpetua. Reno empezaba a hacer el feo que consistía en ponerse en los ojos unos tapones de gaseosa la casera y enseñar los dos dientes que tenía, mientras su amigo Pepín, que era marica, no insulto, es que él lo decía con mucho orgullo…sí soy marica y el niño de Sangiraldo (un pueblo de al lado) se autopresentaba con un micrófono imaginario y decía…” con todos ustedes señoras y señores el niño de Sangiraldo cantando en italiano” siempre cantaba la misma canción, la de Marco, y era tal que ” En un puerti italiani al pie de las montañis…” y tan ancho, luego pasaban la gorra y claro, no podías por menos que echar algo después de tal despliegue mélodico y teatral, un poco sobreactuado pero vaya…
    En Salamanca, ciudad estudiantil y borracheril por excelencia ví de todo, pero me cabe destacar un personaje que no olvidaré en mi vida, carisma puro, yonki supongo, pero borracho hasta dejar las eses casi del revés…Entraba en un garito, el Rivendel para quien lo conociera…abriendo la puerta con un sonoro portazo y la cabeza muy alta…como si fuera Norma Duval y los demás aplaudieramos..nadie le hacía ya ni puto caso porque lo habíamos visto mil veces el mismo espectáculo, pero oye, como algunas películas con los años gana recordarlo…
    Se quitaba la camiseta y dejaba ver su espalda tatuada con el mapa de España físico, ese de los ríos que nos ponían de examen en los institutos, tan digno, hacía el pino en medio del bar, el puente, y una serie de ejercicios con una seriedad y un bamboleo que no sabías como atinaba…
    Un día no pude por menos de decirle que me encantaba el mapa pero que le faltaban los afluentes y me dijo…todo desdentado y borracho…”ya guapaaaa, ya me los haré para que los veas y le grito al camarero ponle un fanta naranja para la niña! (yo, con 21 años)…Podría contar muchas más pero no quiero aburrir 😀

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