Panrico, además de ser un aforismo redundante, es una empresa de comestibles que quiere comerse el mundo. Es bien conocida su campaña de publicidad, con unos spots en los que sale un señor tipo mileurista de capital de comunidad, que mediante un discursito, nos intenta convencer de que no hay pan bimbo más tierno que el pan de molde  fabricado por la empresa que le paga por fingir en la televisión. Convencerme no sé, pero su rollo sobre panes y culos tiernos como caras me acabó por alienar y ahora el clásico insulto “caraculo” me hace pensar en sándwiches. Así de grande es su influencia en nuestra sociedad.

Panrico, abogando por la normalización del "from ass to mouth"

Panrico ofrece una línea de bollería más artificial que I.A. de Steven Sielberg (más artificial que las interpretaciones de esa película*, quiero decir) bajo el nombre de “los Qé! De Panrico”, una serie de productos hipercarbohidratados, que entre tubos de hojaldre, gofres, napolitanas o unos triángulos tan grandes que tirados en una autovía harían descarrilar a un camión, deleitan el paladar del sector de la población más golosa: esa gente que no usa expresiones ridículas como “deleite para el paladaaaarrrrr”. Debería decir algo sobre lo de acortar las letras, el lenguaje sms, la juventud ni-ni y demás, pero como yo no soy tampoco perfecto, ni mucho menos un pedante relamido de institución, se lo dejo a otros. Dicen los rumores que si comes muchos bollos de esa línea serás tan guay como un americano. Los nutricionistas dicen lo mismo, pero cambiando guay, por gordo.

Las Granjas Hostiles os traen sus New 'N' Tasty

La entrada que nos ocupa** trata sobre los nuevos productos que acaban de sacar a la venta  dentro de esa colección de Qé grasazas. Bueno, mentira. Los Qé Salaos llevan ya tanto tiempo en el mercado que hasta ni sale su anuncio en televisión, pero es que a provincias esos productos tan nuevos y especialitos, una de dos, o no llegan, o lo hacen 6 o 7 meses más tarde. Curiosamente, ese ratio de tardanza coincide con lo vago que puedo llegar a ser a la hora de redactar una entrada. Pero, lo dicho, una coincidencia.

Os presento, a buenas horas, los dos nuevos Qé Salaos, y los disecciono cual Doctor Herbert West, y ahora es cuando pilláis la referencia del título del artículo, eeeeeeeh, ¿a que sí? ¡Pero cuánto saben de cine los lectores!

Qé Salao Pizza & Go Yorkeso (y otras palabras colocadas al azar)

Con este, Panrico ha decidido tomar ejemplo e innovar a la Nintendo: coger conceptos inventados desde hace años y re-vendenderlos ahora como algo chachi, supermoderno y encarecido. Los que nos sabemos de memoria los podcasts viruetiles (y somos varios) descubrimos asombrados cómo las chorradas que salen de las bocas de nuestros colaboradores favoritos se convierten en palabras proféticas. Aquel grandioso himno de rock progresivo (ni Dream Zíater, ni hostias) “El Poder de la Pizza” que dedicaban aquellos músicos mercenarios panchitos que se hacían pasar por las tortugas ninja, hacía gala de unas letras que enaltecían tanto la pizza, que hasta fría estaba rica para ellos. Quién sabe si el podcast llegó a los oídos de algún Directivo de marketing o Chef Creativo o Dr. Fronkostin (comosellame el puesto que desempeña el encargado de decidir que nuevas guarrerías se sacan al mercado). En cualquier caso, este Qé Yorkeso se caracteriza por no ser ni más ni menos que una PUTA PIZZA FRIA. Al parecer no habrían hecho caso a la parte en la que se oye a Jon diciendo, con sabiduría, “Aaaaaagh, qué ascazo”.

La compresa de una mujer zombi

En honor a la verdad (pero honor samurái japonés, el mejor de los honores), pues no está nada mal el invento. Cumple muy bien su cometido, que no es el de nutrir sino el de calmar la gusa mañanera mientras vas de camino al curro a la próxima entrevista de trabajo que no vas a superar (Virucom a la última con las realidades sociales). Siempre se critica la comida precocinada frente a la artesanal diciendo que “no sale igual, siempre peor”. Panrico emula perfectamente el sabor de la pizza artesanal, como hecha en casa… y abandonada en la balda de la nevera durante el fin de semana. Perfecta para desayunos de emergencia.

Tan apetitoso como la vomitona de pega del Day of the Tentacle (junto al pollo de goma con polea en el medio, los mejores items de las aventuras gráficas)

No podemos acusarles de engañar al consumidor. En el spot sale el producto personificado en forma de monigote cgi, encima de una mesa de restaurante italiano. Esta representación es una constante en los anuncios de los Qé, los productos tienen una personalidad que inspira urbanidad, modernismo y vanguardia capitalista (como Pull& Bear sus camisetas de Sonic). Esta vez optaron por un enfoque más macarrilla, apelando a ese público target que se identifica con la defensora de Justin Biever (vuestra hermana pequeña, no lo olvideis) . El monigote lo explica todo con su frase y sus acciones. Está cansado de esperar en la mesa el restaurante. A saber cuántas horas se ha tirado ahí encima, esperando a que el camarero termine de fumarse el cigarrito y de holgazanear, oculto en el pasillo que conecta el comedor con las cocinas. Panrico prepara bandejas de pizza enormes, las deja en el aparcamiento de los camiones de transporte una tarde entera, y luego las envasa. Directas a nuestros establecimientos favoritos (entendiendo por “favorito”, el que nos caiga más a cerca en determinado momento).

 

He estado apunto de no poner link a youtube, porque luego nunca me envían nada en agradecimiento por la publicidad. No me salió bien la jugada en aquella entrada del infame anuncio de huevos kínder. Yo creí que me enviarían tantos miles de huevos de chocolate gratis como para llenar un estadio de fútbol. No me los iba a comer, pero me hacía ilusión eso, llenar un estadio de huevos como en la versión americana aborto americano de Godzilla.

Qé Napolitana más marrana (con Alvaro Vitali y Lino Banfi)

Las fotos pueden describir la repugnante sensación que asoló mi boca cuando hinqué el diente en el único mordisco que recibió de mí la Qé Napolitana. Espero que las fotos puedan transmitir con la misma intensidad que esas tan famosas de la National Chocapic Geographic en las que sacan miserias humanas.

Esto no se lo come ni Chowder

A mí no me gusta que me echen alpiste en las comidas, porque es precisamente lo que parece esa capa con la que han sazonado la parte superior de la napolitana. Estaré cabreado, pero no soy un angry bird (por cierto, coñazo de juego tras cinco fases).

Cuando miras al abismo, este no te devuelve el importe de la compra, por muy decepcionado que hayas quedado como consumidor

Bastante duro es el mal trago que tienes que soportar al no encontrar chocolate dentro de una napolitana, elementos que son inseparables. No contentos con cambiar el ingrediente principal que va asociado al dulce, encima nos racanean con el jamón y el queso. En vez de incluir aunque sea un par de lonchas de cada uno, deciden reciclar los restos de “taquitos” que sobran de las Qé Pizza y escupirlos dentro del “bujero” que veis arriba. ¿Y cuál es el resultado? Con mi colección de herramientas de cirujano patrocinadas por el Doctor Black Jack (o eso decía el anuncio de eBay), diseccioné la napolitana, ignorante de los horrores que pudiera encontrar dentro de sus tripas.

Si esto fuera un relato de Lovecraft ahora soltaría un par de párrafos gordos de paja argumental contando el quebranto psicológico que es mi psique tras tan traumática experiencia. Como no es el caso… ¿PERO QUÉ MIERDA INTERECONÓMICA ES ESTA? ¿Dónde están esos cuadraditos tan chulos que salen en el envoltorio? ¿Qué es ese pus blanco en el que naufragan esos pedazos deformes de carne rosada? El Chef Ramsay se haría el harakiri gastrointestinal con un cuchillo para untar si tuviera semejante engendro frente a los ojos.

Qé Napolitana. ¿Veredicto? Mierda pinchada en un palo, pero encima sin el palo. ¿Sentencia? Muerte por kiki. Pero kikis con Leticia Sabater.

En cuanto a probar el experimento de calentar las guarreridas en horno o en microondas, opción que nos aconsejan en el envoltorio, los resultados no son muy jugosos precisamente. La Qé Pizza calentada te deja con la misma impresión de cuando te arriesgas a pillar una pizza o una hamburguesa envasada de una vending machine o máquinas expendedoras de comida precocinada y descubres que saben a cartón mojado. Y la napolitana no me he atrevido a intentarlo siquiera. Si compro una vez ha sido por su culpa. Si comprase una segunda, ya sería mío el error.

——————————-

Qé Caña Lemon Obsession (Con ese nombre, ¿tiene sabor a colonia Calvin Klein?)

En el tiempo que no me ha vagado a sacar este artículo, a Panrico le ha dado tiempo a sacar otro PoQémon para la colección. Un nuevo sabor para la gama de cañas.

Qé On Acid Discoteque

Descubrí el nuevo producto gracias a que vi de lejos su envoltorio. Un envase entre amarillo pixelado y verde fosforescente como de liquido re-animador (ahí os cuelo otra referencia). La verdad sea dicha: La presentación de los diferentes Qé es bastante agradable para la vista e invitan a agarrarlos de los estantes del supermercado. Ahora sí, la sensación de agrado puede ser diametralmente opuesta en cuanto nuestros ojos se posen en la etiqueta con el precio. La relación cantidad/precio suele desequilibrar en según que qé’s. No me refiero al infame humorista con voz de travelo, sino a la Qé Magdalena aquella que anunciaban a lo Qé-pús-culo. ¡Una mierdina por dos euros y pico! Que se las metan en la boqui-abierta de la actriz que encarna a Bella (el nombre del personaje es pura ironía fina).

¿Cómo rezaba aquel dicho... "en peores chinos hemos manducao"?

Para el sabor han optado por recurrir a las cubiertas coloristas de sabores cítricos, muy propias de los Dunkin Donuts o los Rosco Kings (esos donuts y berlinas sabor manzana o naranja, disimulando la bollería industrial con el chorrete de pseudo-fruta derretida por encima). Un sabor de limón muy suave, nada de caramelo ácido, que está bastante rico combinado con la típica crema de las cañas. Es como tomarte un magnum de limón que se ha derretido. Espero que la empresa siga por este camino ofreciendo sabores nuevos y exóticos. Ya han gastado todas las balas de la recámara «Combinaciones de chocolate normal y blanco». Aunque yo estoy esperando unos canutos o napolitanas rellenas de crema, pero de leche, como aquella de los bollicaos de… eso, de leche. Pero relleno, nada de cubierta, que luego casi no sabe.

TROPEZONES

Sí. Esas cosas. Yo las he visto. Vosotros las estáis viendo. ¿Que demonios son esos granos amarillos? ¿Maíz? Sea lo que sea, os di ya que no se trata de qe el sabor de limón este concentrado en esos grumos. No crujen. Y procurando comerlos aparte, descubro son blandurrios y no saben a nada. Así que su función parece ser meramente decorativa, para diferenciar la caña de la otras bañadas en chocolte blanco, digo yo. Supongo que es como las hamburguesas, que sin esas semillas esparcidas por encima del pan, sólo es un bocadillo. No sé. Le preguntaría a Ferrán Adrián, pero me borró de facebook, cuando le dí a «Me guzta» a la página de Burger King, y se ofendió.

Que disfruten ustedes con estos comestibles si pueden. Pero cuidado, cuiden la dieta. No les vaya a dar un ata-qé al corazón!

——————————-

*Lector, responde al Trivial Oficial de Virucom: ¿Cómo se llama el actor protagonista que hace de niño robot en Inteligencia Artificial? Exacto, la única respuesta correcta es “El niño del Sexto Sentido”.

**En cualquier caso el que está ocupado con escribir tonterías soy yo. Tó el merito pá mí, ale.