En los foros de temática videojueguil es de lo más normal que alguien llegue y pregunte por algún videojuego antiguo de cuyo nombre no puede acordarse. Es algo que forma parte de la idiosincrasia del foro, al igual que la miseria social, la degradación mental y el imitar como monos mal amaestrados el rollo meme 4chanero estadounidense (“KOTO FTW!”). Cuando no preguntan por el Wonder Boy (el 90% de los casos, lo juro: “Cómo se llamaba aquél juego de máquina en el que manejabas a un chaval en la selva y pillabas un monopatín…”) suelen preguntar por el Snow Brothers. En su defecto, por el “Snow Brothers con aspiradoras”, el Tumblepop.

En este infernet nuestro lo normal es que Snow Brothers sea un producto bastante conocido, objeto de culto metido en el baúl de los recuerdos de nuestras nostálgicas mentes, así que más de un blog y alguna que otra web dedican unas cuantas palabras (sobre todo la siguiente: “Mítico”) al juego y a la época de las máquinas recreativas. Dediquemos pues estas palabras en intentar ir un poco más allá, y reseñar tambíen sus secuelas y hasta sus extrañísimos bootlegs con temas futbolísticos como trasfondo. Que sí, que existen. ¿A que alucináis?  ¿Eh? ¿¿eeeeeh?? Rindamos homenaje a la saga completa de los hermanos de la nieve (no, de Immortal no).


En las pesadillas de Wally Week desde 1990

Snow Brothers – Oliver Nick & Tom

Toaplan era un desarrollador de arcades (antes decíamos «una marca») especializada en juegos de naves tales como Tiger Heli, Slap Fight o Flying Shark, que todos los fans del Speccy recordarán. Alguno añadiría que eran «chungos de cojones», pero teniendo en cuenta juegos posteriores como DoDonPachi, los de Toaplan al menos parecían creados seres humanos. En  todo caso, allá por 1990 no eran precisamente el tipo de juego más popular del mundo, así que tocaba renovarse o morir. Y para renovarse, nada mejor que fijarse en lo que habían hecho los demás. Porque la mecánica de Snow Brothers es una prueba irrefutable de la influencia que supuso Bubble Bobble para los juegos que vendrían. La descripción que se hace en los párrafos siguientes bien podría ser la que le correspondería al juego de los dos dragoncitos.

En las cuadriculadas fases nuestra meta es acabar con todos los enemigos transformándolos en enormes bolas de nieve con una suerte de disparo mágico que tienen los protagonistas. Hay que dispararles varias veces para que la nieve se amontone y se forme una esfera perfecta alrededor de nuestro enemigo. Una vez que se ha conseguido encerrarlo, con un empujón lo mandamos rodando a tomar por saco, y si tenemos suerte se llevará a otros esbirros por delante.

El juego consiste en un total de 50 fases que se van escalando hacia arriba una vez las superas. Tras nueve fases, a la siguiente toca plantar cara a un jefe de nivel, y el sistema para derrotarlos es a base de bolazos de nieve con los mini-esbirros que ellos nos suelen lanzar. No podemos decir que sean realmente frustrantes por su dificultad, pero el puntito chungo lo pone el hecho de que si pierdes tus vidas, da igual que tengas dinero para continuar, debes empezar irremediablemente la fase desde el principio. A mí se me suelen atragantar los jefes que tienen apariencia de golems sin piernas, que se van arrastrando y escupen unas pequeñas llamas que te persiguen.

Tras echar los cinco duros de rigor, nos poníamos al control de un muñeco de nieve con tirantes azules llamado Nick, y si algún amigo se nos une a la partida (con otros cinco duros, ¡nos ha jodido!) acompaña su gemelo coloreado de rojo llamado Tom. Hasta aquí es lo máximo que se puede sonsacar acerca del argumento del juego, pues Toaplan no tuvo a bien de añadir una intro que nos explicase qué motivaba a convertir a nuestros extraños enemigos en bolas de nieve para que muriesen estampados contra una pared, cosa que sí ocurría en Bubble Bobble. Eso tiene que descubrirlo uno jugando, acabando con los enemigos por unos escenarios, cuyos diseños sólo pueden salir de las atormentadas mentes japonesas, que bajo la presión sociológica que tienen por tradición cultural, producen esos parajes de pesadilla. Las criaturas malvadas a las que nos enfrentamos son bastante variadas, tanto en aspecto como en comportamiento: Algunos se limitan a pasearse por el escenario intentando acabar con nosotros de la forma más simple, tocándonos, otros vuelan, lanzan cosas… Los más recordados serán sin duda las ranas Gustavo verdes que escupían fuego cuando menos lo esperabas. Las muy cabronas, no conformes con hacernos perder el dinero a mansalva, en fases avanzadas les da por disparar hacia abajo. Si jugáis sabréis el putadón que eso supone. Para mí el más odiado es una especie de ninja tapón que, aparte de lanzar cuchillas, se convertía en un torbellino que atravesaba las plataformas y te perseguía sin descanso. Hasta que no acababa de girar no podías atacarlo, y saltar por encima suya era un desafío imposible a menos que llevaras puesto el chute de velocidad con la pócima roja.

Las pesadillas de Freddy

En cuanto a los pequeños extras o bonus que podemos disfrutar, destaquemos la ayuda de tres farolillos (o pócimas, tan absurdo como llamar «magias» a los poderes) que nos confieren tres mejoras diferentes, pero acumulables, como los descuentos en el Mercadona. El rojo pone al protagonista frenético, con unos pies que se movían como en un tebeo de Mortadelo, y puede moverse y saltar más rápido; el azul aumentaba el poder del disparo de nieve para congelar más rápidamente a los bichos; el amarillo nos permite lanzar más lejos el disparo. Antes de malgastar ningún dinero en la máquina, el modo demo nos muestra de esta forma el intríngulis del juego, pero atención, que hay guardados en la manga unos cuantos secretos que salen a la luz mientras juegas.

Otra ayuda viene en forma de carambola de bolas de nieve, que inflaba nuestro marcador de puntos. Si encima con ello nos cargamos a todos los enemigos del nivel de una jugada, lloverán del cielo unos papeles con un símbolo japonés grabado, que no sé yo si son billetes de 1000 yenes o los sobres con la nómina de fin de mes, pero dan muchos puntitos. Sobre los objetos que sueltan los enemigos al morir, gracias a esos blogs que regentan otakus presumidos que viven en Tokio, hoy sabemos que son ingredientes de Sushi y otros aperitivos japoneses, pero para mí siempre serán “pastelillos raros”, que es como yo los llamaba de crío. Además de las tres idolatradas pócimas, hay que hablar de una más, de color verde, que aparece en muy contadas fases y que nos da el poder de inflarnos como un globo enorme invencible para barrer de la pantalla inmisericordemente a cualquier enemigo.

Por último, un homenaje-je-je a Bubble Bobble: hay un ítem con la forma de careto de los snow bros que si lo cogemos la pantalla se congela y aparecen unos enemigos con forma de pacman pero en azúl que se van arrastrando tristemente por el escenario. No son peligrosos, e indefensos a nuestros disparos se convierten en bolas de nieve con una letra grabada. Al formar la palabra SNOW nos dan una vida extra y pasamos de fase por la cara (la nuestra, no la del brother).

Mamá no va a echar de menos estos cinco duros que le voy a coger… ni estos otros, ni aquellos…

Dejamos para el final el argumento del juego, que resulta que sí que tenía uno. Hay un motivo tras tanto bicho, tanto salto y tanta guerra de bolas de nieve. Al enfrentarnos al último jefe final (perdonen la redundancia), vemos que tiene colgadas de unas cuerdas a unas tipas que deben ser princesas de algún sitio, por lo que se deduce de las coronas que tienen en la cabeza. Para que los amigos que íbamos al salón recreativo y yo nos enterásemos de eso, tuvo que pasarse el juego entero ante nuestras narices de viciados un chaval mayor que tenía mucho talento (defínase “talento” como antigua moneda de curso legal, al igual que en La vida de Brian). Así que ese era el objetivo del juego, rescatar a tus novias princesas de las garras del mal (os recordamos una vez más que este artículo va de Snow Brothers, no de Bubble Bobble).

Antes la figura de la mujer se representaba en el mundo de los videojuegos como un ser puro, casto e idílico que todo personaje malvado que se precie quería secuestrar. Ahora lo que se estila son zorrones pechugones que van provocando con sus incoherentes trajes ajustados. ¡Hay que ver cómo ha avanzado la lucha por la igualdad entre géneros! ¡Enhorabuena hermanas!

Las melodías que acompañan mientras jugamos son de lo más silbables (más las de la secuela), pequeñas joyitas del chiptuning que cumplían más que eficazmente su labor de otorgar de ritmillo al juego. Yo me quedo con la que suena en la recta final del juego, de lo mejor que he escuchado en mi vida:

Crespúsculo 2 con hombres lobo

Snow Brothers 2 – The new batch With New Elves

El juego gozó de un gran éxito, al menos en Europa, y fue convertido a varios sistemas caseros. Aún así, en Toaplan no eran muy amigos de las secuelas, así que  Nick y Tom tardaron 4 años en volver a los recreativos. Y no lo hicieron solos, sino en compañía de otros tres protagonistas igual de feos y siniestros que los originales. El equipo de desarrollo de Toaplan debía de tener a varios artistas y cada uno interpretaba lo que le ordenaban de forma distinta, pues, al igual que en el anterior Snow Brothers, los personajillos cambian de imagen más que Amset, con unos diseños a cada cual más horrendo que el anterior, igual que Amset. Atentos a la coletilla en el título: ¡Resultaba que los moñacos de nieve en realidad eran elfos, igual que Amset! Cambiar a los elfos rubiales perlados típicos de la fantasía épica por los bichos del Snow Brothers tiene su gracia, pero no deja de ser un disparate.

Retornaron con la misma mecánica, pero con la dificultad y el número de niveles reducidos, por desgracia. Con 20 duros uno podía pasárselo fácilmente si se cuidaba de pillar las letritas que te daban una vida extra, mucho más fáciles de conseguir, y cuidando de buscar los baúles con dinero invisibles ocultos en algunas fases. Os animo a intentar pasároslo con un crédito, siempre y cuando no tengáis absolutamente nada mejor que hacer. En ese caso también tenéis mis condolencias.

En la familia real han metido sangre nueva porque temían acabar así


Los diseños de los enemigos y escenarios son más cartoon, en una línea muy infantiloide a lo Agatha Ruiz de la Prada o a lo Floritos. Eso sí, la banda sonora sigue siendo de una gran calidad, digna de la superioridad racial que caracteriza a los compositores japoneses (aunque nosotros preferimos a KOTO).

Una curiosidad que merece la pena comentar del Snow Brothers 2 es que en el menú de configuración de los DIP switches, al acceder a la sección del sonido podemos escuchar los efectos sonoros del juego y sus melodías, mientras somos testigos de una animaciones de personas en bañador de lo más bizarras. Más info aquí, aunque resumido malamente me refiero a los componentes del circuito integrado que permitían configurar el videojuego para la máquina: dificultad, número de créditos por cada moneda, número de vidas, premios por puntuar. Sí, pensad mal de los dueños de las recreativas.

Tras el rescate, llega la ansiada recompensa: montarse un bukkake histórico como el de Torbe

Snow Brothers 3 – Magical adventure (Bootleg bizarro)

Año 2002 tras la caída de Nueva York. La extinción de los salones de recreativos tal y como los conocimos en los 80 y los 90 se ha completado. Cualquier parecido con lo clásico se reduce a mostrencos mecánicos, que al verlos uno no sabe si está delante de un videojuego, de un fotomatón o una trampa de Jigsaw. Las nuevas generaciones de jugones ya están abduciditas por “los consolos” de sobremesa y cualquier desarrolladora buscaría beneficios ahí, y aun no queriendo dar el salto a los 3D, siempre se puede triunfar con las 2D en la Game Boy Advance.  Pero siempre hay algún rezagado, y así sucedió con Syrmex y su particular hack de Snow Brothers. Esta empresa mejicana decidió fusilar por completo el programa del primer Snow Brothers, añadirle sus propios diseños (y no tan propios como veremos a continuación) y venderlo como una supuesta tercera entrega de la saga.

Nosotros ganamos el mundial, pero ellos salen en un Snow Brothers de coña

A pesar del título, en esta apócrifa versión los brothers  Nick y Tom han sido fichados por las selecciones nacionales de fútbol de México y de Korea del Sur respectivamente. Representando a las dos naciones deberán luchar convirtiendo a los enemigos en balones de fútbol. Este cambio tan bizarro tendría algo de lógica si la desarrolladora fueran de origen argentino y la obsesión por el deporte rey valdría de excusa. A ello hay que sumar el diseño de los fondos, todos con pinta de pertenecer a las imágenes de muestra del 3d studio
Max.

Al ser una reprogramación del primer Snow Brothers la mecánica es exactamente la misma. A favor de Syrmex podemos tener en cuenta que el desarrollo de los enfrentamientos con los jefes han variado, pero no mucho. Por el contrario, es digno de denuncia que en uno de los fondos prerenderizados cutres de los que hace gala el juego aparezca el personaje “Violator” (de la imaginería comiquera marca Spawn) y que los jefes de la tercera ronda de fases no sean ni más ni menos que unos Cacodemons robados del Doom. Sinceramente, el escarnio que sufre el país por parte de las series de humor yanquis está totalmente justificado.

Y creíais que el Punisher - Archie era un crossover raro

Una única melodía suena durante todo el juego, una especie de cumbia pachanguera que pone de los nervios. Durante los bosses suena otra, lo cual dista de ser un alivio, pues la pista parece sacada de las películas de Tiburón y es tan deprimente que dan ganas de pegarse un tiro. Con tal currículo no hay duda alguna de que el juego no merece ni de coña ser considerado parte de la saga, pero es que lo de “trilogy” del título del artículo queda de puta madre. Y esta imagen tan casquivana del final al pasarte el juego lo redime un poco:

Repartiendo nieve entre unas necesitadas muchachitas

Otras versiones, y algún que otro clón

Snow brothers iba a dar el salto a las sobremesas (Atari ST, Commodore 64, GX4000 y ZX Spectrum) de mano de Ocean France, pero parece que no terminaron de ver clara su comercialización, cancelando su lanzamiento. Afortunadamente sí que llegó a Sega Megadrive por Tengen, y a la NES por la mismísima Capcom. Ésta última versión se adaptaba a los recursos técnicos que ofrecía la máquina de Nintendo pero añadía una intro que nos informaba de un ser malvado contra el que luchar.

La de megadrive merece la pena catarla ya que presume de 20 niveles extra añadidos en los que manejamos a las princesitas al rescate de los hermanos nevados, además de secuencias animadas que cuentan la historia (introduciendo a un villano sacado de la manga, diferente al que aparece en la NES). Eso sí, la música ratoneril y estridente de esta versión provoca dolor de cabeza.

Hay una historia curiosa sobre la versión en Amiga: en 2006 rescataron del ostracismo el disquete original de algún cajón y hoy por hoy podemos encontrarlo en Amiga Games that Weren’t. Al pasártelo, en la secuencia final, aparecen cada uno de los enemigos con sus nombres propios (“Roberta” y “Punky Joe” son los más cachondos), cosa que ocurre en algunos pocos juegos (Knights of the Round por ejemplo) y que a mí siempre me ha parecido un detalle bien simpático.

Así le vamos a dejar la cara al responsable de tan nauseabundos diseños

Un clon que recoge el legado de Snow Brothers con algo de dignidad es Nightmare in the Dark (para arcades y Neo Geo). Imaginad un hijo bastardo entre el primer Snow Bros y Ghost and Goblins. El rollo macabro permite que nos enfrentemos a zombis con una estética emo que invita a acabar con ellos inmisericordemente.

Aquí termina la triste historia de un juego que aún no ha sido recuperada por PSNs ni WiiWare, cuando seguramente tendrían un ganador entre manos siempre que obviaran esos momentos de mal rollo absoluto de las secuelas. Como web de entretenimiento en pleno periodo estival, aparte de dedicar un sentido homenaje a una saga que nos ha tenido viciados durante horas, os aconsejamos que no invirtáis vuestras vacaciones en lloriquear y blasfemar por el Xbox Live y sucedáneos (visto lo visto, sólo valen para eso). En verano el mejor amigo virtual es un emulador, así que es el mejor momento para recuperar el Mame, pulsar la tecla de meter monedas y retomar esos juegos pendientes de finalización o descubrir maravillas ignotas. Y recordad: AAA somos todos.