No falla. En todas las cenas de empresa, el gracioso de la oficina aprovecha para sacar todo su arsenal de chistes e imitaciones. Y a poco que el susodicho tenga más de 20 años, cae por narices lo de Coco: “hola soy Coco, esto es arriba y esto es abajo”. Pedazo de anormal, Coco jamás hacía las cosas tan evidentes. O lo que es peor, se pone a hablar de la sospechosa harina de Chema, recordarnos que Epi y Blas eran gays (me parto) o que eran frutas… De eso nada: eso se lo inventaron Cruz y Raya. No sólo eres tonto sino que no eres ni original. La hartura de atenúa ante el hecho consumado de que tu cuñado nunca imita a Los Cabezotas. Como mucho al conde Draco y su novia. Pero no a Don Música, mi muñeco favorito. Ni al Profesor Lumbreras, ni al Capitán Desayuno. Y mira que llevamos años de Internet, y de metedura de pata de quefuede o la Wikipedia… y nada.

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Precisamente era uno de sus mayores atractivos, el constante flujo no sólo de personajes, sino de situaciones. Mientras que en “el mundo real” Julián, Matilde y Chema tenían trabajos y los niños tenían que ir al cole y hacer pis, en el de los muñecos, Coco un día era camarero y otro vendedor a domicilio o cartero y además, superhéroe. Los personajes a veces protagonizaban sketchs y otros hablaban directamente con el espectador y formaban parte de recreaciones de cuentos. Y había decenas de habitantes, monstruos por todos lados, animales que hablaban y letras con ojos y boca. Mientras que en el programa original teleñecos y humanos interactuaban entre si, en el español, fruto del doblaje de los episodios y la falta de acceso a los guiñoles originales creaba una dualidad 100% autóctona entre un mundo más cercano a la realidad, en el que el espectador se veía proyectado, y el mundo de la imaginación, el de los muñecos, al cual no podía acceder y que parecía, donde iba a parar, mil veces más divertido que el de Espinete y compañía.

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Que movida, esto lo cuento en el blog

El riquísimo universo de los muppets de Jim Henson, poblado por decenas de fascinantes y divertidas criaturas, reducido en la memoria a los 4 que eran más fáciles de imitar, cuando uno de sus mayores atractivos precisamente la variedad de personajes que pululaban las calles de goma espuma del barrio. Como, por ejemplo, estos:

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Don Música

Una especie de Phil Spector en teleñeco. Don Música era un genial compositor y productor que había acumulado cantidad de éxitos a lo largo de los años. Sin embargo, la falta de inspiración, ese mal que, tarde o temprano, aqueja a cualquier artista que se precie, se interponía entre él y sus creaciones con pasmosa facilidad. Veréis, él creaba bellísimas melodías pero, al igual que el personaje de Hugh Grant Tú la letra y yo la música (el cual está inspirado claramente en Don Musica), tenía problemas para completar los textos de sus temas. La desesperación llevaba al genial artista a estampar su cabeza contra su piano, castigándose por su falta de creatividad.

Menos mal que Gustavo el reportero se encontraba por ahí cubriendo sus sesiones de grabación y le echaba una mano con las rimas, resultando de la colaboración geniales versiones de Rema con tu barca o Yankee Doodle, que quedaba algo así como: “Ronnie fue a la ciudad, montado en un pony / y llevaba un espaguetti en el gorro y lo llamaba macarróni”. Ejem, alguna traducción les tenía que salir mal, por pura estadística..
Una vez terminada la canción, aparecía de la nada trío vocal que interpretaba la canción. La pregunta es ¿cobró el batracio derechos de autor por sus letras? ¿Para qué tenemos SGAE entonces?.

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Arístides


Arístides era un mago despistado que hacía la puñeta a Coco o Gustavo, a los cuales escogía de «voluntarios» para sus diferentes trucos y números. Entre ellos estaba el suspender a Coco de una plataforma y luego retirarla, pegándose Coco el consiguiente cacharrazo: en otra ocasión convirtió al pobre azulín en un conejete. Sus palabras mágicas se las debemos al ingenio de los traductores y son más recordadas que el propio personaje: “al rico helado de piña para el niño y la niña” (jamás he probado dicho helado). Obviamente, sus trucos acababan siempre en desastre, como las entrevistas de El hormiguero. Al menos no hacía monólogos, como muchos de los magos de hoy en día, que nos aburren con sus reflexiones sobre lo divino y humano mientras hacen el truco del cochecito de toda la vida.

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Los Nabuconodosorcitos


Una especie de pulgones mutantes que vivían en la jardinera de la ventana de Epi. Como el mismo explicaba con sus susurrines, su casa era un cartón de leche, y la chimenea, una pajita, y habían hecho un columpio con clips. Y nosotros pasándolo mal para montar un puto sofá. Extraños representantes de los insectos en esta peculiar cosmología, en realidad se trataba una muy familia tradicional de padre, madre y dos hermanas. Las pequeñas eran bastante más espabiladas que sus progenitores. En una recordada ocasión, y ante la incesante lluvia, los mayores probaron a salir de casa saltando o nadando, para comprobar con estupor que a pesar de sus brincos y brazadas, seguían mojándose. Solo a las pequeñas, educadas en la sapiencia de la escuela nabuconodosora, se les ocurrió utilizar un extraño artefacto para evitar calarse hasta los huesos: un paraguas. Recordad chicos, siempre paraguas, nunca capucha. ¿Su origen? Ni idea, pero se especula con que podrían ser descendientes de los Mi-Go, los hongos de Yuggoth.

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Los Cabezotas


Ni los de La parada de los monstruos ni pollas en vinagre. Ellos eran la inspiración de películas como Donde te escondes hermano o Pegado a ti. Los Cabezotas no sólo eran peludos y con cuernos, encima eran siameses. Eran remonstruos, unidos por el torso y con un solo brazo para cada individuo. Porque sí, eran individuos, unidos por el cuerpo, pero de diferente identidad. Por ejemplo, mientras que uno llevaba los cuernos para arriba y una especie de barba alocada, el otro tenía sus cuernos hacia abajo y lucía una atractiva y gruesa uniceja. Estos seres eran, como su nombre español indica, obstinados y cabezones, y se empeñaban en imponer su opinión el uno al otro en asuntos tan importantes como tocar el piano. ¿Con un dedo o con una mano? ¡Difícil cuestión! Pero al final se ponían siempre de acuerdo y conseguían, trabajando en equipo, solventar sus limitaciones. ¿Es que no podemos llevarnos todos bien, como ellos?

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Traque

El monstruo marginado por excelencia. Coco era simpático, Triki alocado y glotón, Oscar gruñón y Elmo más baboso que Luis Miguel… Pero, ¿y Traque? ¿Cuál era su personalidad? ¿Cuáles eran sus sueños, sus ilusiones sus metas? ¿Le gustaba Heinz o Hellsmans? ¿O quizá Ligeresa? Nunca lo supimos. De hecho su mismo nombre ya nos indicaba su condición de secundario total, un mero derivado de Triki. Que sí, que era por hacer la gracia de “el triki trake”, o «tiqui taca» pero el pobre Herry Monster se merecía un poquito más de respeto. Con lo simpático que parecía: grandote, algo brutote, con narizota y ojazos de eterno sorprendido.

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Su momento de mayor gloria, además de la canción Suave y Azul (¡y naranja!), fue protagonizar el remake sesamero de Carros de fuego, en dura competición con Coco y con la música de Vangelis impulsando un climax a cámara lentav. Como veis, era un secundario de lujo, apareciendo también en la sensacional obra de teatro que montaba Prairie Dawn, la niñita tocahuevos que nadie sabía como se llamaba (luego le pusieron Aurora) y que salía de vez en cuando. El momento cumbre de dicha obra era cuando Blas salía haciendo de flor. Otro de sus apariciones destacadas llegó junto a aquel pajarito que invitaba a imaginar, y al que esperaba nuestro amigo, dispuesto a darle un señor susto, como si fuera Jason el de Viernes 13.
No, nunca recibió ningún premio a su dura labor de apoyo. No, la vida no fue justa con Traque, pero tampoco lo fue con Sócrates de Al salir de clase y no nos quejamos. Bueno él sí.

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Pepe Sonrisas

Pepe Sonrisas era el eterno presentador de cualquier programa de TV. El tío era el equivalente ochentero a Jesús Vázquez: valía para presentar cualquier cosa. Lo mismo presentaba un concurso que dirigía un talk show, o daba paso a alguno de los reporteros más prestigiosos de Muñecolandia, como el mismísimo Gustavo, en el germen de lo que después sería España Directo. El tío se atrevía con todo y siempre nos recibía con gran alegría, a veces incluso excesiva, rozando el histerismo, y, ante todo, con una cordial sonrisa.
Eso sí, tenía una marcada rivalidad con la otra presentadora de cosas en Barrio Sésamo, Linda Mirada, especializada en programas de corte más personal en la que realizaba extensas entrevistas a celebridades del momento, como Coco, Triki o Barrionuevo.

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Marcianos

Los marcianos llegaron ya, y llegaron bailando ricachá. En realidad no venían de Marte, y tampoco bailaban, pero me acabo de acordar de esta gran canción que cantaban en “Croniquitas”. Al lío: ignoramos su procedencia, pero es evidente que procedían de una civilización superior. Para empezar, dominaban el teletransporte(y el bonotransporte), personándose sigilosamente en los hogares terráqueos. Y además, y a diferencia de los seres humanos, leían libros.

Cuando estos alienígenas, que sospechamos atendían por Xonxo y Xonxa, desconocían la utilidad de un objeto, acudían a un libro que llevaban siempre encima y que lo explicaba todo, todito, todo. Ellos, al igual que un servidor, siguen viendo el encanto a manosear papeles (como dice César Martín del Popular 1) en lugar de buscarlo en internet. Porque imaginaos el pedazo de Google que deberían tener los invasores estos y ellos ahí, con el libro. Son unos románticos, como nosotros, y por ello les saludamos. Y por lo visto en el video, les gustaban Kraftwerk

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«¿Me ha gustado el libro o no? ¡Mierda, vuelta a empezar!
Juan Olvido

Todos recordamos el lejano oeste, por las aventuras de Trinidad, Lucky Lucke, Billy el Niño o Fernando Esteso. Pero hay otro personaje a la altura de semejantes leyendas. Juan Olvido. Un despistado vaquero que vivía en paz con su amiga, como se dice ahora, Clementina. Juan Olvido tenía bien merecido su apodo (porque era un apodo, ¿no?) Ignoramos si la causa de su despiste era la edad, el alzheimer, un golpe en la cabeza, o el implante de recuerdos falsos en su cortex, pero Olvido (Gara) tendía a perder conocimientos de lo más básico. Como por ejemplo, el sentido común de ponerse el abrigo cuando nieva, o el de no leer La Razón. Me recuerda bastante a mí y mis despistes. Por eso le llamaban Juan Olvido, memoria de grillo, como bien le recordaba Clementina, que siempre estaba allí para corregir sus despistes, demostrando una vez más que detrás de cada hombre hay una mujer son sobrero tejano. Dios te bendiga, Clementina.

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El profesor Lumbrera

Una pena que los dobladores no quisieran conservar el nombre original del personaje: Novel Erice, aunque su nombre castellano me gusta bastante, para que lo vamos a negar. Un auténtico portento de la ciencia, era capaz de pasarse meses enteros trabajando en sus geniales inventos, que cambiarían el curso de la ciencia y el destino de la humanidad: Los calientapiés, la mesa chimpún…. ¡Hasta descubrió una rara especie animal, los cuchis cuchis!

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Que pena que luego viniera Gustavo, ese reportero mentonmentodo y le arruinara su momento de gloria, indicándole que Los calientapiés ya estaban inventados y se llamaban calcetines la mesa chimpún se conocía en occidente comopiano o que los cuchis cuchis fueron descubiertos hace mucho y bautizados con el nombre de… conejos. ¿En qué sociedad vivimos que preferimos llamar a algo «conejo» en lugar de «cuchi cuchis»? Toda una vida de trabajo y dedicación echada por tierra, y lo más alucinante, EN RIGUROSO DIRECTO para millones de espectadores. Luego decían del Tomate… Seguramente jamás superara el trauma y se metería a científico loco con ansias de destruir el mundo… ¡Y acabar con esa rana entrometida!

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El presentador de los cuentos japoneses

Ya se venía intuyendo por aquella época que lo japo iba a molar, de ahí que los responsables del Barrio Sésamo hispano apostaran por incluir estas narraciones orientales en nuestro programa. El pobre narrador nos daba la bienvenida y presentaba el cuento que iba a ser representado, y a continuación, recibía un “gongazo” en pleno oído, que le causaría no pocas visitas al otorrino. Vivir con Bisbal debe ser algo así, cuando el tío vaya cantando por los pasillos. Hey, si yo voy cantando por los pasillos será que no es tan raro. ¿No?
¿No?

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El Señor Sonidos

Original personaje, de cabeza azul y frondoso bigote. Seguramente fue futbolista en su juventud, de ahí su dificultad para expresarse con palabras, ante lo cual optaba por imitar el sonido del sustantivo al que deseaba referirse. Michael Winslow, el “negro de los ruidos” de Loca Academia de Policia, lo tenía como referente vital. Y yo, que iba a todas partes con el llaverito aquel de los soniquetes. En la mayor parte de las ocasiones, al pobre Señor Sonidos le tocaba sufrir las incompetencias de Coco, bien en un restaurante, bien como vendedor a domicilio. En descargo del pobre y simpático monstruo azul, habría que decirle al Señor sonidos que el tampoco le facilitaba las cosas. El gordito azulón no tendría precio como educador o psicólogo, debido a su facilidad para comunicarse con nuestra juventud, tan dada a hablar cada vez menos con palabras inteligibles para oídos humanos.

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Los Bocinillas

Extraños seres de origen desconocido y pelaje de brillantes colores, son incapaces de articular palabra alguna. No obstante, utilizan sus narices, que son capaces de emitir sonidos al apretarse, para comunicarse entre ellos y con los humanos. Imaginamos que por el sonido saldrá por esos cuernos / orejas / trompetillas / cuchi cuchis que tienen sobre la cabeza.
Epi los llamaba así, “Los bocinillas”, y hemos de darle gracias, pues también los podía haber llamado, no sé, Trompetillos, Chilindrones o Mistetas y nos resulta sumamente extraño que ninguna peña de las ferias de tu pueblo se haya apropiado del nombre. O que al narizota de tu clase no se lo llamasen.

Uno de los momentos de mayor gloria de estos bichos fue cuando cantaban Ahora vamos con el reloj, tema rocanrolero al cual contribuían haciendo arreglos de trompeta. Cabe destacar que, al igual que los humanos, los bocinillas adultos tienen la voz más grabe que los niños, lo cual causaba cierta disonancia cuando grandes y pequeños trataban de hacer una canción. Entre los forofos más ultras de cualquier equipo, capturar un bocinilla vivo con el cual armar jaleo en el estadio es símbolo de status y entrega a los colores. Por ello son protegidos por la WWF (la de Adena) y la WWE (la de los cachas). Y sí: de pequeño me moría por tener uno.

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La esclavitud de la imagen

Y lo que nos queda: más monstruos, más niños, el Sherlock Holmes ese…. la edición española cogió los mejores sketchs (o los que parecían mejores) de unos diez años de programa, lo cual unido a las tres veces que se repitió la serie, hace que cosas como la acalorada discusión entre Tío Pepe y Tía Pepa por ver como se arreglaba un cubo, o El teléfono rock, apenas tuvieran moderada repercusión fuera y aquí sean casi mitos. Ay, el teléfono rock, y las canciones. Que pedazo de canciones que tenían. Cualquier día les hago otro de ellas: Me pondría a planificar, Chiquitita, Triki Disco, Que quieres ser
Aquí tienen, señores monologuistas. Material para todo el año, eh de guays. Q enrrollao el viru XDDDDDDDDDDDD

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El juego ese de la wii de bucear