Madres Forzosas: ¿dónde nos habíamos quedado?

Ni en un millón de años habría venir esto de las ‘Madres Forzosas’. Los que leéis la web desde hace tiempo sabéis que adoraba Padres Forzosos. He visto la serie completa tres veces (la última a principios de la década), y dediqué sendos artículos al tío Joey y a la biografía que publicó Jodie Sweetin, donde, al margen de sus problemas con las drogas, confirmaba que todo el mundo en la serie se llevaba muy requetebien.

Y aún así, con todo lo fan que fui, no ansiaba, y mucho menos anticipaba, ningún tipo de reunión o de regreso. La serie no tenía más culto que el meramente nostálgico. Nadie la tomaba como referente, no hay convenciones, ni memes. No había “marcado la infancia” de nadie. Al menos no hasta ahora.

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Pero ya sabéis como funcionan las cosas, y si puedes poner un nombre conocido a tu proyecto, hay más posibilidades de que salga adelante. Un personaje de cómic, un famoso, un spin-off, un remake. Una secuela. Así que, sin comerlo ni beberlo, y sin que nadie lo pidiera, volvemos a tener al pesao de Danny Tanner en la tele. O mejor dicho a sus hijas, ya que son Stephanie y DJ, más la amiga Kimmy Gibler, las protagonistas absolutas de la serie, esas madres del título en español. Que continúa bien la tradición, pero que no tiene ni tenía ningún sentida: ni Danny ni DJ Turnet estaban forzados a nada. ¡Son “Padres Voluntarios”!

En el mal llamado “piloto” nos ponen al día: ¿qué ha pasado con la familia Tanner? Pues resulta que DJ se casó, tuvo tres críos… y enviudó. Como su padre: los Tanner son gafes de verdad. Su hermana Stephanie ‘Que Grozero’ no ha sentado la cabeza: anda soltera y encima se dedica a pinchar (música) por clubs de todo el mundo. Del Señor Oso no hay rastro, ni tampoco de la pequeña Michelle, a quién se dedica el chiste más memorable del primer episodio. Las Olsen ya están a otras cosas.

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DJ la protagonista absoluta de la serie, teniendo que criar a Jackson (preadolescente típico), Max (niño listillo) y el bebito adorable de turno. Para ello contará con la ayuda de su vieja amiga Kimmy Gibler, a la cual el tiempo no ha hecho menos rarilla. Ella también es madre, en vías de divorcio con un marido argentino, y su hija Ramona es la última habitante de esta, de nuevo, casa repletísima. Ah, y “emprendedora”, que tiene una empresa de organización de eventos.

En este debut también vemos a los viejos protagonistas: los míticos Danny Tanner, Tío Jessie (y su mujer Becky) y el brasas de Joey andan por ahí de reunión familiar. Ellos siguen más o menos igual que cuando les dejamos hace 20 años: uno en la tele, otro dando la brasa con la guitarrista y otro de caricato en Las Vegas, imitando a Popeye y demás bobadas. Mención aparte para el tío Jessi, que se conserva fenomenal, pero que sigue siendo un brasas con Elvis, cosa que aquí parece raro raro raro, antiguo y desfasadísimo.

Durante este primer capítulo, además de ponernos al día, soltar todas las coletillas una tras otra y aguantar innumerables aplausos y “uuuuhs”, vivimos un momento especialmente vergonzante al ver como, recrean algunos momentos de los episodios clásicos al dedillo con la pantalla partida y mostrándote como lo hicieron la primera vez. WTF???  ¿cuál es la finalidad de esto? En Argo se sacaban la chorra para resaltar lo fiel que habían recreado la historia real, pero… ¿aquí? Pes creo yo que se buscaba aplacar las iras mitoplastas recalcando que “eh, que lo hemos hecho igual”. Vale. ¿Y QUÉ?

En fin, por suerte esto no volverá a parecer en episodios posteriores, aunque los abuelos de la familia sí que tendrán más cameos, para complacer a los fans más veteranos. Pero la serie es de los jóvenes, que se han repartido exactamente los mismos papeles que en la original. Las tres mamás replican la dinámica de los “forzosos” originales, con la responsable, la fiestera y la bufona complementándose entre ellas. ¿Los hijos? Lo mismo: uno algo mayor para poner tramas de “mi niño se hace mayor”, el mediano (absolutamente histriónico e irritante) y sus ocurrencias y latigillos y el bebé para ser adorable, que la gente diga “oooogh”.

Esto, en realidad, lo podemos aplicar a prácticamente TODO. Porque Jeff Franklin, el creador de la serie, no ha hecho el menor esfuerzo por modernizar la serie, lo que nos ha pillado a muchos por sorpresa. Nosotros hemos crecido, el medio televisivo ha evolucionado, pero la familia Tanner (ahora Tanner-Fuller) se sigue riendo de exactamente LAS MISMAS COSAS. Las tramas, con mucho peso para los chavales están salidas directamente de la primera temporada en 1987. Y los chistes, casi casi también: hay alguna concesión a los dobles sentidos (a nivel Apartamento para 3, no os creáis) y algo de humor metareferencia (porque Franklin no es gilipollas) pero eso es todo.

Buena parte de sus espectadores en España, jóvenes modernos que clamaban porque llegara NetFlix y que repiten lo de “la edad de oro de las series” como loritos, se han sentido molestos. Este no es el ‘Madres Forzosas’ que esperaban, con tramas y un humor más sofisticado. La serie no ha crecido con nosotros. O quizá sí. NetFlix en EEUU es ahora mismo el referente en cuanto VOD. Y aquí, claro, nos quedamos con los Narcos y los Jessica Jones porque Netflix aún es para flipaos. Pero allí no es lo mismo. Su rango de clientes es mucho más amplio, y Madres Forzosas es la apuesta del canal por un contenido familiar. Sí, con algún chiste sobre “desatascar cañerías”, pero con los niños como eje protagonista de todos. Algo que ver con tus hijos, a los mismos que has obligado a ver Los Goonies y el Episodio VII para ver como la tradición continúa.

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Así que no: en Madres Forzosas no veremos a Jodie Sweetin hacer chistes sobre consumir cristal, ni a Candance Cameron bromeando sobre ser de una familia evangélica. Si tendréis líos en la función del cole, perritos, confusiones, a Kimmy Gibler poniendo caras y abrazos, muchos abrazos. Ah, y argumentos repetidos de series como Primos Lejanos o Cosas de Casa.

¿Y sabéis qué? Que está bien así. Una vez superado el embarazoso piloto, con más de 14 personajes repitiendo coletillas y escenas de hace 30 sin parar, la cosa mejora mucho, y se convierte en la comedia “tan blanca que mola” que siempre fue. Y se deja ver con el mismo agrado que se veía antes, si os gustaba… o con la misma cara de aburrimiento, si os lo parecía. La presencia de todas las tramas adultas le da un poquito de interés para diferenciarla de, pongamos, las tropecientas series similares que dan en el Canal Disney. ¿Os gusta ver esas series? Si es así, os hará gracia pasar media hora con los Tanner. Si siempre pasáis de ellas al hacer zapping, pues podéis hacer lo mismo con esto.

Ah, y sigue siendo un fabuloso detector de cosas quemadas. Si antes Danny Turner se ponía a hacer chistes de Freddy Krueger cuando la saga de ‘Pesadilla…’ entraba en decadencia, ahora los hacen con… Sharknado, igualmente quemado a estas alturas. No falla.

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