La piscina pública: Fury Road

Algo extraño ha sucedido en mi vida. He vuelto a ir a la piscina pública tras… ¿10? ¿15 años sin pasarme por una? La culpa, mis amigos de Pelulazas y su podcast piscinero. Y el calor, claro. El maldito calor. Tantos siglos adorando ídolos paganos, como Luke Skywalker, Katniss o Jorge Javier Vázquez, tenían que pasar factura, y los Dioses nos han castigado con las llamas del averno. Contra su terrible voluntad, el hombre desafiante erige formas para refrescarse, que convierten al  infierno en la tierra… en un purgatorio. Sí: hoy hablaremos de las piscinas públicas..

Acudir a una de ellas es algo similar a matar en defensa propia. Pero en ocasiones, o lo haces o mueres. Las del chalet son otra cosa:  verás poca gente con barba de moderno en una pública. Y la playa siempre es más auténtica, y más decadente. Pero la piscina pública… Es el último recurso. El del pobre. De hecho, hay quien prefiere no ir a que le pillen en una, por el “que dirán”.

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George’s A. Romero Day of the Dead

Así, cuando las temperaturas de “the sunny spain” llegan a esas 50 graditos que son la envidia de Europa, los que no tenemos ni un duro tenemos dos opciones. Morir calcinados o coger la espada, la armadura y la toalla, convocar a una tropa de aventureros y, resignados pero decididos, dirigirnos a la piscina de la condenación. Y de esa guisa me planté en una de ellas, sorprendido por los avances de la técnica (ninguno), haciendo un montón de preguntas y mirándolo todo con los ojos de un niño que descubre el mundo. Así soy yo: un ser inocente hecho de candor.

Hasta para las piscinas hay clases claro. Y como dice el niño del vídeo, una cosa es tener que tirar de instalaciones públicas y otra muy diferente, tener que compartirlas con gitanos y sudamericanos. De ahí que tantos y tantas ciudades dispongan de dos “la cara” y “la cutre”. El precio de la primer actúa de barrera y contribuye a crear odio y separación entre las clases más bajas: el desempleado de 37 años blanco y español se sentirá más tranquilo teniendo al niño alejado de encuentros aleatorios con gitanos serbios de nivel 15. Luego se quejará de lo caro que es el cine, aunque con el aire y la duración de las películas de hoy te sale por lo mismo y te refrescas igual.

Que aquel que entre abandone toda esperanza
Que aquel que entre abandone toda esperanza

Al llegar a la taquilla nos encontramos con el primer enigma: está siempre regentada por un par de tipos con polo, de cháchara, a los que vas a molestar por interrumpir su conversación, como si fuéramos a hacer una gestión al ayuntamiento: nada nuevo aquí. Pero con un poco de suerte, podremos cruzar la puerta y afrontar dos opciones: irnos directamente a la zona de bañistas (si hemos tenido la precaución de venir cambiados de casa) o pasar a los vestuarios (si somos gilipollas). Estos últimos despiden siempre un fortísimo olor a orina y son frecuentados por gente haciendo cruising, kobolds y cubos gelatinosos.

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Tras un rato vagando por este laberinto mortal, llegaremos a lo que es la piscina propiamente dicha. El shock suele ser fuerte: el reflejo del sol, el ruido, la gente… Lo primero es procurar que el pícaro, o tu primo, de una pasada de reconocimiento para buscar un buen sitio donde ponerse. La mecánica aquí es muy similar a la de “la playita”, con la ventaja de que hay árboles bajo cuya sombra cobijarse, aunque no importa a qué hora del día llegues: siempre estarán cogidos todos los sitios y te tocará tostarte al sol hasta que sufras una insolación, con la consiguiente pérdida de puntos de CON.

Avispas
En bañador y listos para el chapuzón

Una vez instalado el campamento, tenemos que instaurar una serie de guardias para poder protegernos de las amenazas. Los monstruos más habituales son las avispas. Hay avispas por todos lados: por algún motivo, estos insectos frecuentan las piscinas y raro es el que en alguna ocasión no ha sido atacado por una. En algunos casos, incluso tienen el nido en algún árbol o muro cercano, convirtiendo la experiencia en una luchas por la supervivencia. Mejor alejarse, ya que combatirlas puede ser peor: vienen más y el susto te dura toda la tarde. Y el panorama de sufrir picotazos mientras por el hilo musical suena lo último de Melendi es bastante terrorífico. Truco: un “protección contra el mal” nos salvará de los “éxitos de los 80 y 90” de Europa FM.

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Pero tampoco podemos destacar la presencia de “bandas juveniles que aterrorizan al los vecinos” o “miembros de etnias minoritarias e injustamente marginadas” que pondrán sobre aviso a toda la concurrencia y que convertirán la experiencia en un continuo vigilar qué pasa con la ropa y el móvil (dejadlo en casa, leche) y una pelea por mantenerse alejados de ellos tanto en el agua como en el césped. Sí: hay salvavidas, pero están a lo suyo: a vigilar el agua y a ver si ligan. En algunos casos, las instalaciones cuentan con un “mediador gitano” para facilitar la mediación con el siempre creativo y artístico pueblo caló. El consejo de nuestros mayores sigue aún vigente: “tú no te metas y reza a Mitra”.

Vigilando la piscinita
Vigilando la piscinita

Por supuesto, no faltarán voluntarios que insistan en lavar, duchar y dar buenos fregados a los niños, de manera desinteresada y muy concienzudamente. Padres, podéis dejar a vuestros hijos con ellos sin ningún tipo de problema. Pertenecen a una simpática orden de monjes-guerreros que solo quieren nuestro bien.

Un gif que hace soñar
Un gif que hace soñar

Comer en la piscina

El buen aventurero piscinero no puede olvidar la provisiones en su expedición a lo desconocido. El menú piscinero no difiere mucho de lo que se comerá en un bar o en casa de tu puta madre durante todo el año: tortilla de patata, sándwiches variados, la típica ensalada de lechuga y tomate avinagradísima y yogures de fresa para el postre todo portado en una gigantesca y aparatosa nevera de colores fosforitos. El banquete será regado por cerveza de lata del Día en abundancia, o con Coca Cola Zero, la favorita de los españoles.

Alianza de civilizaciones
Alianza de civilizaciones

En muchas ocasiones, existe dentro del recinto un restaurante al que acudir a comer el menú del día, que invariablemente cuenta con la paella entre sus opciones. Comentaríamos algo sobre estos lugares, y alguna vez nosotros mismos, o los familiares, hemos jugueteado con la idea de comer en uno de ellos, pero no conocemos a nadie que se haya atrevido a entrar haya vuelto para contarlo. Grandes tesoros esperan al que tenga tanto valor.

Congas en la pisci: ¿por qué no?
Congas en la pisci: ¿por qué no?

Juegos Piscineros

Un adulto no va a la piscina pública a divertirse, eso ya lo hemos dicho, pero hay que insistir: uno acude por no morir de calor y punto. Así que normalmente, lo normal es pasar de traerse pelotitas, ping pong y demás gilipolleces con las que atormenta al resto de humanos en la playa. Aquí no ha sitio, ni olas, así que al final hay que recurrir al más viejo, y divertido, de todos: darse de hostias. Hostias submarinas, eso sí, que hacen menos daño a tu primo, aunque al final acaben la hostia. El socorrido “waterpolo” con reglas inventadas es el rey si te bañas a las cuatro de la tarde, así como jugar a la piragua o al “tiburón”, que es un “corre que te pillo” acuático y haciendo la aleta con las manos.

Bomb
Ay, que me empujaaan

Con todo, el juego más popular es el QTT: el ‘Que Te Tiro’. Ya sabes “Ay, que te tiro… que nooooo”. Se han descubierto grafittis rupestres de esos que indican que ya se jugaba a esto en los ríos donde se instalaban los cazadores / recolectores del mesolítico. Hoy día, hay quien afirma que refuerza los papeles del heteropatriarcado, y denuncian esa idea, tan establecida, de que el culpable suele ser la víctima, dando ideas con ése “nononono, no me tires, porfa, jajaja”, mientras se sonríe picaruelamete. Si es que van provocando: un ataque por supresa con un +1 será suficiente para que tu sobrina o novia acabe de golpe en el agua de una maldita vez.

El resto del tiempo libre o después de las dos horas de digestión, pues como en la playa: jugando a las siete y media, ojeando el diario As o sesteando hasta provocarse un cáncer de piel. No: el libro que te has traído ni lo vas a mirar. Alguna vez recuerdo a haber jugado a La llamada de Cthulhu en la pisci. ¿Columpios? Si ya: tras varias horas al sol, el hierro del asiento y las cadenas adquieren temperaturas semejantes a Mercurio en verano.

 

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Quedada de solteros y solteras exigentes

Follar en la piscina pública

Follar en la piscina es ligeramente más difícil que en la playa, Principalmente, porque está hasta arriba de gente y van a ver fácilmente lo que hacen. Y encima la cierran, con lo cual se niega a los amantes las horas sin luz y con mayor intimidad. Aunque claro: el que folla en la piscina o la playa es porque quiere que le pillen. Así que una vez más, esto se queda para los poseedores de chalets, en los cuales aprovecho para cagarme un rato porque yo soy pobre y vosotros ricos.

Pero si las ganas de copular fresquitos son muchas, siempre hay maneras para evitar la vigilancia y colarse en las piscina. Nuestro amigo César cuenta en ese mismo podcast su experiencia con el tema. Normalmente, el polvo acaba con cuellos doloridos e irritaciones vaginal ante tanto cloro. No sabemos si el esperma o el flujo también teñirá de azul las aguas en las que se sumerge a pareja, como sí sucede con la orina. Hay algún desgraciado que insiste en que eso es mentira y sólo una leyenda urbana, como la existencia del Tarrasque. A eso digo MENTIRA: en la peli cococrash de Adam Sandler Niños Grandes vemos como eso si que pasa. Y Adam Sandler NUNCA os mentiría.

 

Accidentes en la piscina

Es muy importante tener un buen repertorio de pócimas curativas y “curar heridas”ligeras y graves a la hora de afrontar un día en la piscina. Al margen de las ya mencionadas criaturas avísales, las piscina media tiene más trampas que un laboratorio de Umbrella. Todos los años, los telediarios rellenan minutos nos informan de tragedias en las bombas de agua (no metáis la polla), gente que se queda paralítica por tirarse de cabeza o peña que se parte la crisma en los bordillos. Y raro es que no pase más veces, añadimos.

Con todo, el principal riesgo es agarrarse una conjuntivitis de órdago. El dichoso cloro, una vez más: se supone que está para desinfectar, pero no nos da más que desgracias. Los grandes beneficiados, la industria farmacéutica, que se forra a vender gotas y hasta puede contratar a supestrellas de la tele como Son Goku y sus amigos para anunciarlos.

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PODRÍA PASAR

Cuando comienza a caer la tarde, que es cuando mejor se está, terminará nuestra jornada. Volvemos a casa quemados, con dolores en todo el cuerpo, moratones, ojos rojos y mocos. Y además, inquietos tras ver a pedófilos meter manos a niño, atemorizados ante grupos de jóvenes que nos dan miedo por ser jóvenes, avergonzados por el aspecto de nuestro cuerpo y el de nuestros vecinos.

Que fresquitooo
Que fresquitooo

Nadie dijo que fuera fácil. Pero hemos conseguido sobrevivir un día más. Y así, podremos continuar librando la eterna lucha entre caos y orden: quizá esa misma noche en la barra del bar, podamos contar lo que ha sucedido, y honrar la memoria de nuestros caídos, aquellos más desafortunados que desaparecieron de calor o traspasados al Oporto. Dentro de otros 15 años vuelvo y os cuento final. De momento… C’est fini la piscini.

18 thoughts on “La piscina pública: Fury Road

  • ¿Pero no nos ha enseñado nada James Wallenstein? La bañera de casa, una pistola y un cocktail de gambas, y que se quite la piscina pública, la playa y la puta que los parió.

  • Una de las experiencias más surrealistas de mi vida ocurrió en una piscina municipal. En ella, además del bar cutre que te vende albóndigas de lata como si fuera caviar de beluga y bebidas carbonatadas al precio de oro líquido había una zona habilitada para comer que se asemajaba al Campamento Krusty de destartalado. Pero allí mirabas para un lado y te veías a la gente con sus cervezacas, patatas, snacks, galletas,,,

    Así que saqué mi bocadillo de pan convertido en chicle por el calor y la lata de casa ya calentona y al tercer bocado o así se me acercó una sargento de hierro de los territorios del cloro que me recriminó el proceso de ingesta aduciendo que en el cesped no se podía almorzar, que para eso había una zona habilitada.

    Señalé a mi alrededor, argumentado que todo el mundo a mi alrededor estaba comiendo ( llegué a ver incluso a una familia guardar una fiambrera con filetes empanados y cubiertos de plástico naranja y marrones de esos que vienen en una fiambrera pack redonda en los que se incrustan a lo Transformer ) a lo cual la Pool Master me dijo : “No, pero es que eso son snacks. Eso sí se permite. Patatas sí, bocadillos no”; slogan que ha pasado a formar parte de mi léxico habitual al referirme a situaciones ilógicas y sin sentido.

  • Déjeme decirle que me gusta estar en piscinas viejas, sucias, y con mucha gente. Me encanta la arquitectura de hace cuarenta años: Ese plástico amarillento, esos cristales gordos y opacos, las rejas de acero forjado, esos carteles de plástico…

    Y la mejor piscina que he visto, aparte del Aquasierra (por cierto, de pequeño insistía que era mejor que el Aquapark, al que nunca fui. Algo me decía que era mejor, y losigo pensando) es el Fontanal, ¡con dos máquinas!

  • Joder, que bueno. Uno de esos artículos que van a quedar como clásicos de la web. Como anécdota recordar un trol que quería ligar conmigo en la piscina de un camping y, como el espacio para huir era limitado, intentaba esconderme debajo del agua. Así de tontico era con 13 años.

  • A la piscina de mi pueblo no se puede ir desde hace mucho tiempo por culpa de los gitanos rumanos que lo han convertido en su territorio. El ayuntamiento se caga encima sólo de pensar en que alguien se queje y proteste, por aquello de salir en las noticias de tele5 y que te llamen racista.

  • Soy de mar, de playa. Cuando era adolescente me daba mucha rábia oír flamenco en loro gigante,ahora electrolatino/reggaeton…

    En Barcelona,hay 2 tipos de fauna que molestan y mucho: medusas y GUIRIS.

    Para huir de ellos, voy a Gavà o Castefa, pueblos cercanos metropolitanos, entonces estås como en la calle con gentes de colores y edades y compleciones varias,minorías étnicas que de minorías tienen poco,con sus top manta( sin discos,pero con pareo ,trenzas ,accesorios…)

    Después de montar el chiringuito y sacarte la ropa te das cuenta que te has depilado mal… Y cuando te metes en el agua,lo haces como una maruja,y cuando crees que estás atemperada viene tu amiga y empieza con las aguadillas. O si el mar está muy calmado,te estiras en plan cadáver, y viene sigilosa,te tira agua en la cara.

    Lo ideal es ir acompañada con Min 2 personas…una lagarta,si que sólo tome el sol ( o tu madre que no se acerca al agua porque lee) así tienes las posesiones y víveres controlados , y una amiga que su que te toque las narices,te ayuda a ponerte cremita, y jugar al parchis o ping pong playero…

    Cuando se comienza a vaciar son las 7 de la tarde, el sol cs bajando, notas que no te chocas tanto con gente, el agua comienza a enfriarse pero te Calientas pensando que en el tren cercanías / bus no vas a tener sitio y efectivamente no lo hay…como sardinas ,oliendo el sobaco del pavo de al lado ,que ves rojo con restos de arena,lo cual deduces que no se bañó en el mar ni en la ducha pública( olvidate de la intimidad,te miraran si pueden verte el potorro en un descuido con la toalla …las tetas ya no son novedad)

    Vuelves rojo,cansado…te duchas en casa otra vez ( porque en la playa no puedes usar jabón ,y te quitas algo de arena)y descubres que aún tienes arena en el cuerpo y pelo…y en el pasillo, donde has dejado los tratos…

  • Los que vamos a piscinas de pueblo jugamos en otra liga, a veces aparece algún crío agitanado (¿rumano?) o negrito, pero no son peligrosos. Es más, se portan mejor que los escasos chavales autóctonos que son unos cabroncetes de cuidado haciendo aguadillas y bromas pesadas.
    Suele haber poca gente incluso los fines de semana, porque los ultraviejunos no se ponen ya en bañador.
    La mayoría de la fauna, eso sí, de 60 para arriba. Da algo de yuyu ver a los viejunos y sobre todo a las viejitas en traje de baño, salvo que seas gerontófilo que no es mi caso…
    Gente joven pues chavalotes hormonales y pocas, pocas chavalas en edad fértil. Las pocas visibles pues mejor no mirarlas mucho rato que con la celulitis y los tatuajes cutres pueden provocar impotencia permanente.
    Pocos niños con mamás, lo cual es un alivio o una pena, según se vea desde la perspectiva del bañista masculino levemente misántropo o del triste panorama de la natalidad rural.
    Lo único que me alegra la vista es la taquillera extranjera (ucraniana, rusa o polaca, no le he preguntado nacionalidad), que está buenísima. Lo que ocurre es que va de paisano siempre en la taquilla, qué pena con lo bien que debe de estar en bikini.
    Algunos días hay un “latino” sustituyéndola, y la verdad, salvo que me vuelva gay (con mal gusto) no me van los calvitos morenitos tipo Sucre (Prison Break). Vuelve, rubia del este, te amo…
    Las instalaciones son nuevas pero cutres cutres. No hay taquillas y para cambiarte tienes que entrar al WC o a la ducha con cortinilla plasticosa, fiándote de que el tío Paco atice con el bastón a los maleantes de fuera que vengan a merodear (verídico: al lado de la puerta se sientan los abuelos no bañistas, supongo que para hacer comentarios “lujuriosos” de las “jóvenes” de 50 y 60 tacos que todavía enseñan sus carnes celulíticas).
    Las sombras son escasas y siempre las copa la aristocracia local, o sea los del pueblo de varias generaciones.

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