Ser un flipao es lo mejor que hay en la vida, algo que la vida nos quita a base de palos y decepciones para cambiarlo por una capa de cinismo que nos hace impermeable a todo. Hoy en día todos nos reímos de cualquier chaval que graba un youtube alucinando con lo último del WoW o una película de Marvel creyendo que todo es la puta hostia. Pero en el fondo envidiamos esa inocencia y esa capacidad de disfrutar cualquier chorrada. Envidiamos su juventud, porque juventud es fliparse. Con lo que sea: con el porno, el rol, la discoteca o las drogas.

Toda una industria aporta contenidos a los chavales. Ahí tienen a un Rob Liefeld, el dibujante flipao por excelencia, las pelis de Zack Snyder o la discografía completa de Dragonforce. O juegos como el que hoy nos ocupa.

Tremendísimo dibujo flipao de Barsen

Y antes de seguir, confieso: yo, como cualquier persona, fui un flipao. Y entre muchas cosas, lo fui de Altered Beast.

No se puede decir que el objeto de mi devoción fuera algo original: Altered Beast era una máquina hecha por y para flipaos. Con unos muñecajos enormes, escenas cinemáticas infernales, gore a puntapala… Todo lo que molaba.

Cuando un joven Viruete de 10 años (7 según la delegación del gobierno) veía como se transformaba nuestro protagonista en hombre lobo en esa pequeña cut-scene, sentía que se le aceleraba el pulso casi tanto como cuando veía a Madeleine Pryor medio en bolas en «Inferno». Que el juego no fuera todo lo bueno que debiera, en estos casos, siempre es lo de menos.

 

 

Uno de los atractivos extra que tenía era comprobar la (de nuevo) flipadísima visión de los japoneses de la mitología griega. En Caballeros del Zodíaco teníamos armaduras vivas basadas en las constelaciones que configuraron los antiguos griegos, que otorgaban poderes rarísimos a los japoneses que las llevaban. Y aquí, pues otro caso parecido: partiendo de una base mitológica acaba desbarrando e inventándose todo. A lo James Wallenstein.

Como nos explicaba el principio del juego, Zeus nos resucitaba para salvar a su hija. El Dios nos exigía volver a la vida con voz similar al rey Juan Carlos y un imponente“Rise from your grave”. Claro que eso lo sabemos ahora, que nosotros entendíamos “xcxcxcascascxcz zcxzc ccxzcxzczxc”, gracias a los deficientes altavoces de las máquinas genéricas que tenían en los bares y el ruido propio de estos sitios. Aún así, contribuía al propósito de epatar al jugador. Nuestra misión, rescatar a Atenea de las garras de un tal Neff, señor del inframundo y videobloguero. Zeus se ve que pasaba de ir él, porque era sábado y no podía ir porque había quedado para llevar a Hera al Ikea y esta vez no se podía escaquear o le cortaban los güitos.

A partir de aquí, llegaba ya la bizarradas a los que los nipones nos tenían acostumbrados. Nuestro héroe resucitado transitaba por una necrópolis helénica, matando a otros zombis malvados. Zombies vs Zombies suena a película de Asylum, pero es lo que sucedía. Desde luego, su aspecto era bastante bueno para haber estado muerto. Y es que el que quiere encontrar tiempo para cuidarse un poco e ir al gimnasio un par de veces por semana, puede. Lo demás son excusas.

El siguiente paso evolutivo de la humanidad: un oso con el culo en pompa

En principio, la cosa no parecía más que un Kung Fu Master actualizado y con malos más feos: había también por ahí otros demonios, una suerte de arpías, un pollo con una polea de goma y bichos semejantes. Los más recordados (ya que salían en todas las fases del juego) eran los saltarines cancerberos,  en sus dos modalidades: marrón y blanquito. Estos no protagonizaban adorables imágenes con pies de foto graciosos, sin que nos atacaban y, en el caso de los blancos, soltaban unas bolas anabolizantes que harían las delicias en la NBA: con cada una nos poníamos cada vez más cachas… hasta llegar el momento de la transformación.

A la parrilla sabe mejor

Y aquí estaba la chicha del juego, el momento que daba el nombre a la máquina, que la distinguía del resto, y el motivo porque elegíamos jugar a ésta y no al Super Wonder Boy. La transformación licantrópica del infierno, de donde veníamos y a donde volvíamos a despertar nuestra bestia interna. En un mar de llamaradas abisales, nuestro personaje sufría un dolorosa transformación en hombre lobo.

Si existen cacas con carita feliz, tienen que existir cacas enfadadas

Aquí es cuando comprobábamos que Altered Beast se regía por la llamada «Escuela Teen Wolf de pensamiento», que defiende los postulados de que ser licántropa mola mogollón. Una vez transformados, podíamos arrasar a los enemigos que antes nos tenían en jaque, utilizando una bola de fuego (que ahora todos dirían que es Kame Hame para hacer la gracia) y «la flecha», una especie de patada voladora que proyectaba un cono ígneo que se lo llevaba todo por delante cual rodillo del PP. Ya podían gritar los otros resucitados lo de «que soy compañero», que cobraban igual.

Tengo ese primer nivel grabado a sangre en el cerebro, de tanto que lo jugué y lo vi jugar. ¡Ay, si hubiera puesto tanto interés en los estudios…. hoy sería un parado más! Tras abusar un rato de nuestro nuevo poder, llegaba el momento de enfrentarse a nuestro enemigo, un calvo con túnica que se transformaba en una enorme montaña de mierda, un «monstruño» que nos arrojaba cabezas tras cabeza a base de rascarse la barbilla en plan perrete. Y ojo, que encima eran cabezas DE MIERDA.

Pero claro, el título del juego no habla concretamente de «hombres lobo», sino de bestias. ¡Bestias! ¡BESTIAAAAAAS!  O sea, que había más. De hecho, cada  una de las 5 fases presentaba una transformación distinta, en realidad, el principal atractivo del juego. Por supuesto, al terminar el nivel, comenzaban los recortes y nos arrebataban los power-ups y volviendo a nuestro aspecto original. Habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades.

 La problemática de los deshaucios

2ª fase: Hombre Dragón

La más satisfactoria de jugar, puesto que te permitía volar por toda la pantalla, transformando el juego en una especie de matamarcianos tosco en el que arrasabas con todo. Con un botón, activa una barrera eléctrica que se cargaba todo lo que tocaba. Y como ya sabemos todos desde la época del Phoenix, usar una barrera de energía de modo ofensivo mola muchísimo, por que no está pensada originalmente para eso. El equivalente gamer al sexo anal.

Como todos esperábamos, el Pedobear acabó en el infierno

3ª fase: Hombre Oso.

La más floja de todas. Ya el nombre suena a cachondeo y a mariconeo, y lo que es peor,  sus poderes dejaban bastante que desear. El ataque más curioso es una especie de «globos de chicle petrificadores». ¿Nunca habéis oído hablar de los osos petrificantes? Yo tampoco, y os aseguro que he mirado en Youtube y todo.

 

4ª fase: Hombre Tigre

Evidenciando la condición de otakus de los diseñadores, nos encontramos con un diseño familiar. Fusilaron, u homenajearon, el diseño de ‘Tiger Mask‘, ‘El hombre tigre’, un manga y anime bastante popular en el que un señor con una careta de tigre EXACTAMENTE IGUAL hacía lucha libre por ahí. Pues eso, que nos hacíamos tigre, que era como una versión cutrona del lobo, con los mismos poderes, pero en peor: la bola de fuego aquí iba en plan borracha, y «la flecha» se hacía de arriba a abajo».

5ª fase: Hombre lobo de oro

¡La conspiración descubierta! Por eso vemos tantas tiendas de «compro oro». Son todo tapaderas de una sociedad secreta de hombres lobo, que funden nuestras joyas para echarse el oro por encima para Halloween. Luego subirán las fotos al facebook y etiquetarán a todo el mundo para asegurarse de que la veas: «el  Teseo y yo, de juerga XD».

Vikingos y culés…

… la misma mierda es

Queda preguntarse en qué leyendas griegas aparecen tales seres. El hombre lobo vale, estaba Licaón, pero el resto… Y sin embargo, los griegos tampoco pusieron el grito en el cielo ni nada, no como los redactores de La Sexta Noticias, que cada vez que pueden sacan a relucir la España de Misión Imposible II. Y todavía aún se ríen.

Tras repasar las transformaciones, pretendía hacer un repaso fase por fase de los enemigos y las peculiaridades de estas. Pero tras rejugarlo, comprobé que no tiene mucho sentido. De hecho, eso es uno de los puntos flojos de Altered Beast: se reusan muchísimo los bichos ya mostrados, así como los desarrollos de los niveles, ya vistos en los niveles anteriores que parecen gritar: «a ver si  acabas ya», cual vulgar prostituta aburrida (según nos cuenta nuestro amigo Torbe, que nosotros somos gente decente).

 

Por destacar a alguno, recordemos a esos sapos sin patas que trataban de engancharse en la cabeza y chuparte la vida. O las hormigas gigantes, o avispas gigantes, o lo que sea que fueran los insectos esos del tercer nivel. En el último nivel tenemos cabras que van por ahí saltando y un unicornio que, en lugar de darnos con el cuerno, nos da patadas. Los de Sega se pueden poner las gafa de pasta y presumir de que ya metían unicornios en los juegos antes de que se pusieran de moda.

Y en cuanto al malo malísimo, el M. Bison, el Voldemort, el Mou del juego, pues el ya mencionado Neff. En principio, un tipo parecido al Sr. Burns, o a un Omar Galanti con túnica. Al igual que Mortadelo, Clodoveo, o nuestro propio protagonista, cambiaba su aspecto una vez por nivel para seguir dando por culo: la montaña de caca era sólo cosa de la primera fase.

En el segundo nivel, nuestro amiguete se transformaba aquí en una especie de coliflor gigante, solo que en lugar de brotes, tiene ojos, como las del Día. En el tercero, en un dragón gordo y feo que ni Daenarys adoptaría jamás. En el cuarto, pues una serpiente tramposa que no quitará vidas porque sí, para que sigamos picando y echando moneditas.

Para el enfrentamiento final, Ness se guardaba la forma más poderosa y espectacular: un rinoceronte con armadura, un Rocksteady que denota que en Sega se ponían capítulos de Las Tortugas Ninja para distraerse a la hora del bocata. Y al final le dieron el juego a Konami, después del peloteo. Que rabia les daría

En realidad, revisitándolo y comprobando las razones de su éxito, veo que la cosa no ha cambiado tanto: la técnica sigue vendiendo juegos. Nuestro protagonista se manejaba de manera torpe y la dificultad, algo injusta con el jugador, buscaba que echáramos más monedas aunque fuera a base de frustrarnos. Pero «La bestia alterada” (como decía nuestro amigo Alvaro GNR) tenía otros atractivos. Principalmente, fliparse. Con las voces, las transformaciones y que  «tiene unos graficazos«… frase que ya se usaba para justificar casi cualquier cosa. Desde subir el IVA a pedir la independencia: «desde Madrid quieren impedir que tengamos mejores gráficos», hemos llegado a oír. Y la gente, aplaudiendo.

Ahora trabaja en la Puerta del Sol, dentro de un traje de Bob Esponja

 Pero además de esto, hay otro motivo para que el juego haya trascendido: era el cartucho que te regalaban cuando comprabas la MegaDrive. Sega consideró que el título era lo bastante popular como para ayudarle a vender la máquina, y al menos en Europa, creo que su estrategia funcionó bastante bien. Para mí fue una auténtica pasada poder tenerlo y, esta vez sí, acabármelo de una puñetera vez. ¡Ah! Del final del juego solo decir que estaba a la altura de La invasión de los zombies atómicos, Los Serrano o Taxi Driver aunque con un leve giro: era todo una película y los actores brindaban por el éxito de la misma.

¡Enhorabuena, tienes dos dioptrías más!

Así, pudimos jugar en casa hasta hartarnos. Hartura que, una vez elimina la adrenalina de jugar en público, no tardaba demasiado en llegar. En la tranquilidad del hogar y tras repetidas partidas, al juego se le veían las costuras: siendo justos, tampoco era este su destino original. El Sonic quedaba muy lejos. Peor lo tuvieron los que optaran por las versiones en Master System, NES o Spectrum / Amstrad, verdadera pesadillas cromáticas que no defienden ni los de El mundo del Spectrum.

A pesar del exitazo que fue, no se animaron a hacer una secuela. Eran otros tiempos en los que una empresa no se jugaba el trabajo de cuatro años y millones de euros en desarrollar una «IP» nueva, que le dicen. Así que la verdadera secuela del Altered no apareció hasta Altered Beast: Guardian of the Realm, en pleno 2002, para Game Boy Advance.

Altered Pokémon

A decir verdad, Guardian of the Realm era  más bien una pseudosecuela: el mismo juego pero con niveles nuevos. Y, como es natural, nuevas criaturas en las que convertirse: hombre serpiente, hombre águila, hombre escorpión (¡Blackout!), hombre  tiburón y Hombre Tortuga. Y de haber hecho una tercera parte, pues se habrían convertido en ornitorrinco, chocobo y perrillo de la praderas.

 Un intento de revival más ambicioso llegó en 2005, cuando Sega, ya convertida únicamente en desarrolladora, decidió aprovechar que «Altered Beast» era una marca reconocible y que generaría interés y resucitó a los «Were-loquesea» en Project: Altered Beast. Aunque ya no eran ni griegos, ni había mitología, ni na de na.

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Aquel fallido lanzamiento para PS2 no era sino uno de tantos juegos de hostias 3D a lo Dinasty Warriors. El origen de la bestia no tiene nada que ver en el poder de Zeus, sino con unas mutaciones genéticas y todo ese rollo de corporaciones malas que se lleva tanto desde el Resident Evil. Y el hombre lobo, para chanar, llevaba una melena a lo Superguerrero 3ª transformación. Todo muy flipao, así que en realidad, mantenía la esencia del original.

El juego no lo llegue a jugar, y no quiero fiarme de la mierda esa de MetaCritic para enjuiciarlo. De hecho por los vídeos hasta diría que mola. Si algún lector nos ofrece una opinión de primera mano, es bienvenida. En todo caso, parece que fracasó en su intento con conectar con los flipaos del nuevo milenio, ocupados ya en jugar en decir que Arkham Asylum es el mejor juego de la historia y sandeces similares. Quizá, como dicen ahora, «no le favoreció los medios de distribución convencionales»

 

Con el fracaso de esta puesta al día, este amago de serie queda anclada a su glorioso pasado, aunque nunca descartéis que, ante la sequía de ideas, en unos años vuelvan a sacarse de la mano un remake, actualización. Sí, quizá para cuando hagan la película de Akira, esa que iba a hacer DiCaprio, luego Zac Efron y ahora me imagino que Justin Bieber. De momento y si buscan en la red, podrán encontrar todo tipo de ilustraciones basadas en la obra y mash-ups varios. Tampoco es que tenga mucho mérito, que ya sabéis que en DevianArt hacen homenajes a cualquier cosa.

El original, queda como lo que era. Como dicen tanto por ahí «no es el Padrino, pero cumple su función de entretener«. Y así era: para un rato en los salones recreativo de tu pueblo daba el pego. Y para fliparse, también. Ahí, en la última página de mi cuaderno de matemáticas de 7º de EGB, habrá algún dibujo del Hombre Lobo este rodeado de las llamas. Dibujado al estilo Liefeld, por supuesto, ahí to flipao.