Son muchos los ritos de transición en el paso de la niñez a la adolescencia. La primera vez que besas a una chica, aunque sea jugando. La primera paja. El primer cigarro o cerveza (nunca / a los 30 años en mi caso)… Pero, antes que todo esto, siempre llega el primer disco de mayores. De música no-infantil. Aunque tampoco adulta. Pero, en todo caso, que sea algo que escuchen los mayores.  

Ya soñaba con conocer a Bruno y María.

Imagino que hoy en día es un paso mucho más difuso: al fin y al cabo ya no se compran discos, por lo que el paso a la música “adulta” carecerá de momento tan claro y marcado. Pero todos los de más de 25 años (por poner un número) recordamos ese rito de iniciación. En mi caso,  un servidor pasó de escuchar Parchís a comprarse un casete… de acid house.

Su coño es tu droga

Con 9 o 10 años, las canciones de las series de dibujos se me antojaban ya infantiles, pero aún no me había puesto a investigar que había por ahí. No sabía que me gustaba. Pero algo me tenía que gustar, como a todo el mundo, y el Acid estaba de moda. De la historia de la música House se ha escrito mucho. De la Acid, algo menos, pero podéis mirar la Wikipedia. En todo caso, yo n
o sabía nada de música, de baile o no baile. Solo sabía que sus símbolos eran unas caritas muy sonrientes y simpáticas, cada una con su rasgo distintivo. Las drogas psicodélicas me quedaban tan lejos como… hoy día, supongo.

La vida de una Kardashian

Efectivamente: en mi mente, el Acid House era más bien el siguiente paso tras ser fan de Los Pitufos o los Astrosniks, con cada personaje definido con una característica. Los muñequitos del Acid House estaban en todas partes. Incluso en un juego: el famoso Toy Acid Game, para Spectrum y Amstrad, que unía dos de las mayores modas de la época. Los Toy me molaban bastante, así que lo lógico era que los caretos del Acid también lo hicieran. Ocupaban un lugar parecido en el imaginario de un pre-púber de los 80.

Esta la tuve yo. 10 pavos en Wallapop. ¿Me arriesgo?

Yo, to flipao, hasta me había comprado unas chapitas con los smileys estos que se ponían, atentos, en las rodillas. Un día me preguntaron si era “pijo” y, bueno, ni sabía que era ser pijo. Pero por lo visto, solían llevar las chapas en las rodillas. También tenía una camiseta repleta de caretos de esos.

O sea, que me encantaba todo lo del Acid House… sin saber nada de la música.

Esa situación iba a cambiar gracias a mi padre y la gente del bar de debajo de mi casa. El Bar Gerar, donde iba mi padre a tomar unas cañas y yo a jugar al Toki después del colegio. El Gerar disponía del típico expositor de casetes con cintas de Obús, Accept, Chiquetete, Enrique y Ana, José Luis Perales… y varias cintas de acid house, claro.

Aconsejado por la camarera, escogí una que se llamaba Super Acid, editada en 1989 por KOKA MUSIC (genial). Puestos a meterse en el tema, mejor lanzarse de cabeza. ¿Quién quiere acid normal pudiendo tener SUPER ACID? Además, en su portada salían un montón de smiley. Y las sonrisas, amigos, es algo que no sobra en este mundo moderno. Tenía que molarme por cojones.

Shiny Happy People Acid

Pues no.

Efectivamente, mi romance con el acid house se truncó en el momento de comprarme el casete aquel.. Porque aquello era… no sé. Raro. Canciones muy largas, en inglés, que no me sonaban de nada y con ritmos raros. No sabía que música me gustaba, pero no era esa, a pesar de que a mí (y a mi prima) se nos pegara el arreglillo aquel de “a-a-aciiiid”.

El primer tema era un larguísimo mix con todos las canciones. Esto ya a mí me dejaba un poco catacrocker, ya que desconocía el concepto de mix. Por lo visto, se trataba del Acid Mix de los famosísimos Toni Peret & José Mª Castells. Contenía todos los tópicos del subgénero: los “UH-YEAH” esos, el sample de «This is a new style of music», y la cantinela esa de “A-Aciiiid” que me hacía gracia. Ahora creo que es un mix bastante apañado, pero en su momento no entendía nada de esta música pensada para la pista de baile, cuando a mí de la radio me gustaba Rick Astley o Dinamita pa’ los pollos.

Por la cara B, el famoso tema ‘Work it to the bone’ de L.N.R. Bueno, «famoso» sería entre los negros de Chicago, porque lo que es en Alcalá de Henares… Por lo visto era un auténtico temazo rompepistas, un clásico que recibe infinidad de elogios en el Tube y en Discogs, a cargo de la seminal House Jam Records. 

Se incluía también un tema con “letra” en alemán. Digo letra porque, como como sucedía con el tema anterior, se trataba de una canción destinada a discotecas, de ritmo machacón y poca melodía. Hoy día, la verdad, me hace mucha gracia, pero de chaval ni me acordaba.

Una tal Ceejay cantaba mi tema favorito, una muestra de High-Energy italo-cutrona llamada ‘He’s so Divine‘, con una melodía y arreglos muy típicos de la época en un estilo Madonna / Whitney Houston cuando hacía canciones bailables. Y aun así, claro está, duraba 6 minutazos. Lo mismo se podía decir del ‘Reaching’ de los Phase II. ¡Nada que ver con Kira Sensei! Estos eran otros italianos cantando en un inglés regulero, haciéndose pasar por negros y, por cierto, desafinando bastante.

Lo mejor se quedaba para el final. Porque esta última sí que me hacía gracia y se acercaba más a mi idea de lo que tenía que ser una música representada por las caras estas: una versión “moderna” de ‘Palomitas de maíz’.  Nunca había visto el estupendo vídeo que se realizó para promocionar esta versionzaca. La M&H Band era, en realidad, un técnico llamado Marc Haley, que grabó alguna que otra cancioncita en el espacio que le dejaba su labor en un estudio de grabación.

 

Mi romance con el Acid terminó por aquí, puesto que me gustaba todo menos lo que había generado la moda de marras: la propia música. El disco que lo petó aquel verano de 1989 era uno llamado simplemente “Acid House”, que además incluía un póster. Pero honestamente, creo que a mí me hubiera dado bastante igual y no me hubiera gustado, con póster o sin póster.

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He tardado casi 30 años en encontrar, por fin, la caratulita y poder escuchar de nuevo la casete. Claro, ahora me hace mucha gracia, aprecio sus virtudes y sus defectos, y me la he escuchado un par de veces muy a gusto. Curiosamente, aunque la música electrónica de la época desde el italo al bakalao, ha tenido su reivindicación, el Acid se ha quedado aparcadita y libre de la nostalgiaXploitation. Con lo cual nos libramos de escuchar cosas como “el acid sí que molaba, no como esa mierda del reggeaton”. ¿Y yo? Pues me tocó una cinta de Un Pingüino en mi ascensor y, ahí sí, me hice fans. Y luego, del Madrid Hip Hop y el reggae.

Eso lo cuento otro día. Seguía buscando una música con la que identificarme. Seguía buscándome a mí mismo. Me dan mucha envidia esos comentarios que afirman que su primer disco les satisfacció y encaminó en la vida. La gente que se compró un disco de Iron Maiden con 10 años y se quedaron felices oyendo heavy toda la vida. Yo, como iréis viendo, he ido dando palos de ciego, probando y abandonando cosas. Buscando sabe qué me gusta de verdad. Y por qué. Intentando entenderme a mi mismo. 

Todavía sigo en ello. 

Ahora, el Acid, descartao.