Ay, que nos cierran Series.Ly. Y Series Pepito. Que no pasa nada, que nos buscaremos la vida, pero jo que perezón. Y la revista Dibus. Ay. Google News también, pero como no soy «emprendedor» ya me da más igual. El caso es que llevamos unas semanitas que no ganamos para disgustos, pero tranquilos, que con un par de voces en facebook protestando y unos tráilers de secuelas para críticar, se pasa. Vivir, amigos, es acostumbrarse a la pérdida. Pasar el duelo, aceptar el vacío y, con el tiempo, llenarlo con algo. Nunca olvidaremos el Megaupload, pero quizá podemos volver a enamorarnos.

supernuevo

Cuando leía la vale con mi bocadillo de nocilla…

Lo dramático es cuando un cierre es súbito. Que no puedas preparar tus mecanismos mentales para la despedida No hay aviso. Simplemente sucede y te las tienes que apañar. A veces, una serie, o un tebeo, llega a un fin medianamente satisfactorio: son muchos años acompañándote y se puede preparar la despedida. Da pena que termine Bakuman, pero lo ves venir y lo aceptas. Otro caso en el que no te echas a llorar es cuando hace tiempo que te la suda, como cuando cerró Dinamic, o cuando lo haga Private. Nadie usaba el Messenger cuando cerró. Nadie lo lloró.

Pero cuando estás ahí a tope con aquello que te mola… jode. Un día vas a comer a tu restaurante favorito y te lo encuentras cerrado, de golpe y porrazo. ¡Podrían avisar, malditos desconsiderados! ¿Y ahora qué hago, yo que me había hecho a la idea? ¿Y dónde está el camello de la esquina, ése que tiene un cristal tan bueno? ¡Un timo, UN TIMO! Pues así con todo. Yo he pasado por eso… con casos como estos, tan mongotrágicos como los vuestros.

El Un, dos, tres

Como le molaba a Chicho quedarse con la peña. Y si era a través de metalenguaje, mejor. El Un,dos,tres era, como decían en Muertos de risa, el mejor programa de televisión del mundo, como lo es hoy Mujeres y Hombres. Y como tal, cuando acababa, era un auténtico drama. En aquel momento, la audiencia no manejaba el concepto de «temporada»: los programas iban y venían de la parrilla sin mayor explicación. Aquí, su director gustaba de dedicar unos minutos a decir «sayonara» de la forma más dramática posible. Para ejemplo, el del video: un Chicho gimoteando un «hasta siempre, viejo amigo» ante una caja… un ataúd… enterrando fetiches y despidiéndose de su hijo predilecto.

Glups.

¿A que parece un adiós definitivo? Pues el cabrón SIEMPRE VOLVÍA. ¿Os cansan comebacks de Kiss? Chicho lo hacía cada dos años. Y nos lo seguíamos creyendo. Y hasta lloré. Pero claro: yo lloro no ya viendo, sino hablando de El vuelo de los dragones. Ninguna cancelación de programa me aceptó tanto.

Otro cierre traumático de serie: Búscate la vida. Un día lo estás viendo tan tranquilo y te topas de frente con un último y traumático episodio de despedida, con clips de la serie. He quemado los capítulos de tanto verlos. «La han quitao», como se decía en su momento cuando veías que no daban más capítulos de El halcon callejero. No quiero ni imaginar los fans de algo que acaba en cliffhanger.

Tformers

Los cómics de Transformers

Al igual que con las series, rara vez te enterabas de cuando cerraba una colección de cómics. O una editorial. En este caso, Cómics Forum avisó de que la colección se cerraba, pero que estudiaban alternativas, como reediciones de material o los tebeos ingleses de Transformers. ¿Cómo era posible que cerrara mi colección favorita? Sobre todo con la estupenda etapa que Simon Furman y Geoff Senior nos habían regalado.

Pues sí, Los transformers se acabaron de golpe y porrazo, comprimiendo la resolución del conflicto entre robots en pocas páginas. Y tardaron muchos, muchos, muchos años en volver a aparecer en formato cómic, que siempre ha sido el mejor para las historias de estos robots. Ahí me quedé pensando… «y ahora qué»…

Otros cierres de cómics traumáticos: No volví a sentirme tan mal hasta que no cerraron todo el Ultraverso de golpe y porrazo. Con lo que molaba. Bueno, en realidad no me acuerdo de casi nada de lo que iba, salvo que me gustaba mucho y dibujaba muchos Primes en la carpeta. Personaje que, por cierto, NUNCA EDITARON aquí.

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Nostalgia de los negros de los 80

 

El videoclub Gigante

Gigante de nombre y gigante en tamaño. El videoclub Gigante estaba en un enorme local en Alcalá de Henares, y seguía una curiosa filosofía: no ofrecía estrenos, pero tenía un enorme catálogo al mísero precio de 100 pesetas por alquiler. Creo que lo más moderno que tenían era Robocop, y yo lo descubrí en 1989, con lo cual llevaban ya tiempo sin novedades. Ahí nos hinchamos a alquilar cosas raras que no tenían en el videoclub «guay» del barroi:  Contaminación Alien Invade la tierra, Los zombis paletos, Goldface, animes-caspa como Alas Doradas… Total, eran sólo 100 pesetas.

Y un día fuimos y había cerrado. Así, sin previo aviso, nos habíamos quedado sin uno de nuestros sitios predilectos. Nos dejaban solos y desamparados, a merced de los elementos. Asomándonos al abismo, a un abismo sin películas marcianas de ninjas. Yo no quiero vivir en un mundo así, y tuve que hacerlo durante algunos años.

Otros cierres traumáticos de locales: la Librería sexológica de Madrid. Estupenda selección de fanzines de cine raro y VHS y DVDs de importación con cine gore y marciano en una época en la que era MUY DIFÍCIL de conseguir. Y además, gran surtido de revistas porno. Hasta el dependiente era majo: me grabó Miedo en la ciudad de los muertos vivientes y Santo vs Las Lobas en una cinta que aún conservo.

El cierre de Napster

Allá por el 98, en los canales de IRC de música empezó a leerse una coletilla: «me lo voy a bajar del Napster». En aquel momento no me interesó: pensaba que era algo como las «news», de donde muchos se bajaban discos y que yo era incapaz de hacer funcionar.

No era el caso. Napster era mucho, mucho más sencillo de utilzar y cambió el paradigma socio-cultural para siempre. Claro, hoy día la calidad de las canciones resulta ínfima (todo a 128 ks como mucho), pero en su día se me abrió el cielo. Principalmente, atención, porque podía escuchar algún tema antes de comprarme los discos! Me fiaba mucho de las reseñas de las revistas que leía (la Kerrang y el Popular 1, principalmente) o de libros que leía por ahí. El concepto de «comprar a ciegas» estaba a la orden del día. NOT ANYMORE. Gasté más en discos que en toda mi vida: la baja calidad hacía que si te molaba no mereciese la pena descargar todo el disco. Algunos de mis grupos favoritos los descubrí ahí, como a Dschinghis Khan o los geniales Rubinoos.

No podía durar. Metallica y otros famosos se pusieron tontitos (con cierta razón), la industria presionó a las autoridades y al final tuvieron que cerrar el servicio. Nos quedamos todos a cuadros.Ahí sí que hubo hasta suicidios de algún fan de Rush feliz por poder descargar tantísimas rarezas. ¿Y ahora qué? Pues ahora, como antes, pensábamos. Y ojo, que a mí me parecía normal y que aquello había sido una feliz anécdota. Claro, luego vino el Audiogalaxy, que molaba aún más y ahí la gente ya perdió toda la vergüenza. A acumular, que luego lo quitan. A follar, que somos jóvenes. A vivir, que son dos días.

Otros cierres traumáticos de internet: el foro de Virucom y darme cuenta de que no valgo para esas cosas. Desde entonces, ni foro, ni grupo de facebook… si hasta la página de fans me la hizo un colega. Para muchos, el de Megaupload también fue minino, pero para entonces ya sabíamos que algo nuevo vendría. «Abre puertas, busca una salida, que otros curarán tu herida», que cantaba la genial poeta gaditana.

Canal Alucine

VHS o Beta. Amiga o Atari ST. Canal Satélite o Vía Digital. ¿Adivináis cuál fue el sistema que entró en mi casa? Efectivamente. Y bien que me lo pensé. Vía Digital tenía el canal Nostalgia, con emisiones de archivo de RTVE (¿dónde estabais los que flipáis con Cachitos de cromo?) y hasta tres canales acojonantes de cine de culto: Showtime Xtreme, Canal 18 y el Canal Alucine, los tres mosqueteros del espacio.

El último era el más veterano, y se dedicaba a poner series y películas raras a troche y moche, con magazine incluido. Coño: ahí repusieron Doctor Who de Tom Baker cuando ni se concebía un remake moderno con un mojabragas para nerdas. Y terror, ciencia ficción y cine fantástica a troche y moche. Calle 13 tenía el marketing para parecer molón, pero si mirabas las programaciones, sabías que lo bueno estaba en otro lado. Igualito que los libros de twitteros.

Pero un día, simplemente, se acabó. TVE cerraba el canal sin decir ni pío, del cual aún tengo cintas enteras con películas grabadas, algunas de las cuales no están en el emule ni en ningún lado. Ningún tipo de despedida. Unas cortinillas y adiós. Creo que nunca he disfrutado tanto de la televisión como de aquel par de años con Vía Digital.

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Otros cierres traumáticos de medios: cuando me quitaron el canal musical VIVA. Era absolutamente ADICTO a sus emisiones. Horas y horas de techno-chicle alemán y boybands en vena durante un par de años. Un día, Telealcalá dejó de difundir la señal y Sqeezer, DJ Bobo y Worlds Apart dejaron de entrar en mi casa. No aprendí ni una palabra de alemán, a no ser que contemos «HYPA HYPA» como una. Que no lo es.

Y revistas. Muchas revistas. La Psychotronic Magazine. Mi querida Todo Pantallas, a la que tantas cartas escribí. Mundo Canalla, la Yo-Yo… Todas dolieron, pero aquí estoy de nuevo como un trueno en la noche. Algún día, Virucom también cerrará, y no creo que nadie me dedique tanto lloro. Yo por si acaso voy acumulando Lorazepam y Esctilopram, que me van a hacer falta. Más que ahora, si cabe.