«No, si yo ya no veo la tele» – cualquier friki-snob de internet

La frase se repite más que un chiste malo en Twitter. La evolución lógica tras los abominables “El anime japo es la mejor animación del mundo” o “yo sólo consumo en versión original, que es como se disfruta al máximo”. Hasta el webcomic más patético se refiere a la televisión como quien habla del brasero de picón o de la peseta. ¡Con lo que tele nos ha aportado! Ha invertido mucho en nuestra educación, más que nuestros padres o que la E.S.O (eso seguro). En España, la ironía abofetea con más fuerza, pues los enteraos que esputan la frasecita seguro que solían decir hace unos años: “La tele era mejor con dos canales”. Les llega la TDT con decenas de canales, y lo desprecian, los muy ingratos.

Artículo dedicado in memoriam a la Hora de Ving Rhames y a Victor Olid y Paul Michael Cope. Adios amigos, siempre tendremos claro quiénes sois.

La culpa, claro, es del boom de las Putas Series. No todos nos hemos convertido en seriéfilos loHBOtomizados. Como si fuera lo único que ofrece la TV. El acto de  espanzurrarnos en el sofá y zapear hasta dejarnos las huellas dactilares en el mando a distancia es el mismo aunque estés viendo el programa más ponzoñoso. La ficción de calidad no es el único medio para evadirse de nuestro estilo de vida insustancial. También es sano disfrutar de un poco de «realidad» (entre comillas, que no deja de ser tv), porque hay programas cojonudos. Y qué mejor que la variada selección de realities que la televisión digital nos ofrece.

Brazos cruzados = Serious Businness

Cazasubastas

Empiezo con uno de mis favoritos. Allen Haff y Ton Jones son dos individuos que, al igual que ocurre con los expertos en cultura pop, no tienen un oficio claramente definido, pero cuentan con montón de conocimientos de muchos campos, especialmente el de los cacharros inútiles coleccionismo. Se dedican a la compra venta de todo tipo de objetos (pero sin la maldad especulativa que impera en eBay). Lo dejo en que son “viajantes” modernos.  Y vaya si viajan. Recorren USA en busca de subastas en las que agenciarse material y luego venderlo en tiendas especializadas. Hasta aquí, la premisa no es nada del otro mundo. Lo que hace interesante a la mecánica del programa es el lugar donde se realizan las subastas: El submundo de los guardamuebles de alquiler.

Pinchad sin miedo en este enlace, que no es la aburrida wikipedia, sino imágenes con las que se reconoce la típica arquitectura usada en este servicio de almacenamiento, un negocio desconocido en la mayoría de los países de habla no inglesa. Desconocido al menos a nivel doméstico, pues es de suponer que los polígonos industriales haya algo parecido. En USA han pasado demasiado tiempo siendo capitalistas, acumulando tantas cosas inútiles que llega el momento en el que la falta de espacio supone un asfixiante problema. Ahí entran en juego el alquiler de trasteros. A cambio de una cuota mensual, te dan la llave de estos mini-garajes para guardar tus muñecos de manganime precintados y que se pudran durante los años venideros. ¿Y qué pasa si te arruinas, te mueres, te secuestran los vascos o te vuelves comunista de verdad y no de boquilla? ¿Y si nadie reclama? ¿A dónde van a parar tus posesiones? Ahí entran en acción las pujas, y por supuesto, los Cazasubastas.

Su anterior dueño se lo compró a un moro en ferias. Nunca la utilizó

El proceso de subasta es de lo más campechano, diametralmente distinto a las clichosas subastas aristócratas con estirado diciendo “el lote número 21; ¿alguien da más?; a la de una, a la de dos…” y la alta sociedad levantando esos paipáis con números. De hecho ni los lotes van igual. En vez de subastar objetos de lujo uno por uno, el trastero se vende de golpe y porrazo, tal y como lo dejó el (ex)dueño, es decir, todo apilado en plan peloto del Katamary Damacy. ¿Cómo se las apañan los compradores para elegir bien? Pues mediante la ancestral técnica del Ojo de Buen Cubero (habilidad incluida en el próximo DLC de Skyrim). El encargado les permite unos instantes de “se mira pero no se toca” para que vean por encima qué ofrece el amasijo de muebles y cajas de cartón enmohecidas.

Allen es el que se parece al neurótico de las pelis de Resacón. Ton Jones es el gordo. El gordo calvo (no os vayáis a confundir). Se toman su trabajo muy en serio y una de las gracias del programa es verlos en acción, explicando las reglas no escritas del negocio, creyéndoselo a tope, gritando “¡BUM!” y “¡Yuju!” con entusiasmo desmedido cuando confirman que lo que han encontrado no es basura. Como he dicho, de tan abarrotados que están los almacenes, apenas se ve qué diablos hay ahí metido, así que siempre es emocionante descubrir qué tesoros aguardan. Máquinas de Coca Cola, ballestas, motos, guitarras, cromos… todo muy vintage (of empires). Allen es el más entendido de esta ¿homosexual? pareja. Ton es el flipao de las armas de fuego. Para mí esto último es la pega: conceden demasiado protagonismo a las armas antiguas. Raro es el episodio en el que no encuentran alguna. Quizás las colocan ellos antes de grabar, imitando a la policía americana cuando investigan la casa de un negro. Aun así es medianamente variado, lo que lo convierte en un vicio de programa.

Si el roce hace el cariño, este empujón equivale a tres polvos mínimo

Por cierto, si tenéis un par de horas, aquí tenéis un docu-reality casero con Mark Bellomo, coleccionista de juguetes, y suS guardamuebleS a punto de explotar. El fenómeno de los trasteros en toda su gloria diogenesiana.

Los Hermanos del Pantano

Robbie Keszey regenta un refugio para reptiles en Florida. Allí realiza labores ya vistas en cientos de documentales de animales, de los que echan en el canal Discovery original (el serio, el aburrido, no el de coña que tenemos en abierto). Robbie tiene un hermano pequeño, Stephen, cuya proyección laboral se aleja del entorno pantanoso, aunque fijo que ha conocido mucha lagarta y cocodrilo de Lacoste: es camarero en la gran ciudad. El bajón de la crisis se ha cebado con el sector hostelero (por eso ya nadie da el coñazo con Tokyo Hotel) y Stephen se ha visto obligado a apalancarse en el negocio de bichos de su hermano, como si de un ni-ni cualquiera se tratase. De tocar culos con disimulo durante las noches de fiesta, ha pasado a acariciar las partes privadas de cocodrilos para clasificar su sexo. 

“¡No es lo que parece! ¡Por el número de dientes parecía mayor de edad!”

 El toque reality del programa pretende retratar la siempre convulsa relación hermano mayor/hermano pequeño. Comprobadlo en el final de la promo que he puesto, con ese gesto tan capullo que le hace Robbie a Stephen al final del vídeo. Pero hay un pequeño problema: los dos hermanos son en apariencia igual de marchitos en edad. Así que para que quede claro que Stephen es “el pequeño”, se tiene que poner una gorra. Hacia atrás, obviamente. Para parecer más chaval. Y no funciona (no como a Diddy Kong, que le queda genial). El programa no está mal, para verlo por dos o tres episodios, pero en general es aburridete. Tanto que ni los entusiastas de los reptiles (esa gente que es demasiado guays para tener un gato y adoptan aburridos camaleones) se tragarían temporadas enteras. De hecho, sólo han grabado una temporada y no tiene pinta de que haya alguna futura. Les pasa por siesos.

Plano secuencia dirigido por Alfonso Cuarón

Unidos por los Coches

Los protagonistas son estas tres moles. El único con trasfondo interesante es el de la derecha, Mike Deluccio. Los otros dos son colegas suyos, sin más. En cambio Mike, en sus años mozos, fue una especie de mafiosillo noventero pasado de época, y acabó en la cárcel, una moderna que en vez de gimnasio tenía Mcdonalds. Allí tuvo tiempo para arrepentirse y engordar muchos kilos (en cierto sentido, salió ganando). Vio la luz: Mejor dejar los delitos a los que tengan amigos políticos y perseguir su sueño: Abrir un concesionario de coches. O un taller mecánico. No lo tengo claro. ¡No es culpa mía!

La razón de que el programa no deje claro qué tipo de contenido temático toca, (aunque supuestamente vaya de coches) es que todo se ve ensombrecido por el extraño carisma del trío culograsas. Se pasan la mitad del tiempo gritándose entre ellos, perpetuando el estereotipo del italo-americano cateto. Y mola mogollón. La otra mitad la dedican a hacer recados cada uno por su lado, pero como son unos caricatos, apenas avanzan en su inexistente oficio. Lo poco que dedican al mundo del automovilismo también se ve afectado por sus delirantes maneras de ser. ¡Qué daría yo para que el GTAV lo protagonizasen estos chalados en lugar del trío cliché que han anunciado! El programa debería llamarse “Tres gordacos dando vueltas y perdiendo el tiempo”. Vamos, lo que es un Grand Theft Auto.

La versión del futuro de Vin Diesel de haber protagonizado Looper

El Rey de las Tartas

Este va sobre Buddy Valastro. Es un chef. Qué fascinante ¿verdad? Está visto que para tener tu propio reality lo único que basta es tener un trabajo. ¿Chorrada? Teniendo en cuenta cómo está la economía tener curro es un requisito del que no puede presumir cualquiera. En fin…

The cake is a BIG lie

El chef Valastro tiene su propio programa de cocina, como el senil demente entrañable Arguiñano . Pero al igual que los podcasteros que salen en tres o cuatro programas distintos, su ego no tiene suficiente. Seguro que su nombre en facebook es “El Chef Buddy” y no su nombre real. Necesita que la cámara cubra más parte de su vida. El Rey de las Tartas es el ojo del gran hermano en dirección a su negocio familiar, la pastelería Carlo’s (supongo que “Valastro’s” sonaba más a nombre de ferretería).

En este establecimiento, Buddy recibe encargos de tartas especiales. Y con especial, quiero decir gigantes. A la tienda llega un famoso que, por ejemplo, se dedica al fútbol americano. En un alarde de inspiración propia de un guionista(?) de Asylum, Buddy prepara una tarta con forma de campo de fútbol gigante, y sobre ella un balón gigante. Si el encargo viene de parte de un locutor de radio famoso, Buddy prepara una tarta con forma de micrófono gigante. Si les llama Fernando Alonso, Buddy prepara una réplica exacta de su cabeza. ¿Está claro el patrón? Vale que a veces hacen excepciones y sacan tartas de forma tradicional, de esas con muchos pisos… pero cada uno de ellos, gigante, con adornos comestibles gigantes.

“Buddy, digo yo que no te rompiste la cabeza para este. ¿Qué te apuestas, eh, eh, lo pillas? Apostar ¿Ves la relación? Seguro que sí”

Pero no todo son tartas hechas por el Chef Obvious. El programa también nos muestra de forma cercana la vida familiar de los Valastro. Somos testigos de todos sus acontecimientos importantes, y vemos como Buddy decide celebrar cada uno de ellos preparando… tarta gigante. Y todas a base de bizcocho, en medio y fondant de colores para hacer la decoración. ¡Mierda puta! ¡Todo el día igual!

La obsesión con las tartas de este hombre no es normal. Cuando se enteran del embarazo, preparan tarta. Cuando su mujer va a hacerse su primera ecografía, preparan tarta. Cuando nace el niño en la sala de partos, en vez de una palmadita en el culo, recibe un tartazo. Lo peor es que la familia Valastro es medio mormona y en cada temporada tienen dos o tres hijos nuevos con lo que las oportunidades para preparar tartas temáticas no tienen fin.

Ya no estoy GORDO

Protagonizado por adolescentes deprimentes y grasientos matándose a correr para perder peso. Uno de tantos programas de la MTV, encaminados a instaurar en el planeta una utopía pop, en la que la sobrevalorada belleza interior y la personalidad quedarán aplastadas por los valores que todos sabemo que son los que cuentan, como ir a la moda, la delgadez, el rollito cool y las coreografías de Justin Beaver. Tienen todo nuestro apoyo.

Queridos Gabe Newell, GRR Martin y Val Kilmer. Os paso el número de casting de este programa que os puede interesar…

Pero la gracia de este programa no es ver a bolas de sebo dando saltitos y sudando a chorretones. El verdadero problema de complejos y traumas de imagen personal viene representado de forma no intencionada por parte de los entrenadores personales (en idioma modernito “coachs”) que endilgan a los chavales. No hay más que analizar sus pintas, individuos ciclados más allá de lo aceptable o lo sexy, con un vestuario que corresponde, mínimo, a veinte años menos de los que inevitablemente tienen. No digo que su labor no sea encomiable, pues sus objetivos no son que los críos aspiren a la anorexia de portadas, pero ellos a la vez que actúan como medida “por defecto”, son un ejemplo de imagen personal “por exceso”. A los adolescentes les dicen “¡Corred!”, cuando ellos necesitan alguien que les diga “¡Parad! Un poco, majos, un poquito”.

Toda la producción reality con adolescentes hostiables de la MTV es recomendable. Fuera máscaras, nos encanta odiarles. Coger asco a nuestros (no tan) semejantes es un entretenimiento tan inherente al ser humano que por eso ha triunfado esta máquina de criticar llamada Internet. Casi todos los realities que funcionan bien crean escuela. Yo espero con avidez a Ya no soy hipster o Ya no uso twitter. ¡Hay mucha sociedad que sanear!

Top Shot

Más de uno, mientras estaba enganchado a Gran Hermano, llegó a comentar en algún momento mientras veía las galas, en tono bobalicón: “Molaría que les dieran armas y que se matasen entre ellos de una vez, jojojojojojo”. El primero en pensar algo así fue el chino que escribió Battle Royale. El segundo fue el copión de Los Juegos del Hambre, el Battle Royale de marca blanca. Y luego llegaron los creadores de Top Shot. Organizaron castings en busca de fanáticos de las armas, cazadores, exmarines, deportistas de tiro al blanco, etc,  montaron una casa en el campo… y les dieron armas de fuego.

Call of Duty: Dork Ops

Pero no te alarmes (o no te excites demasiado con la idea, so enfermo), que la meta del programa no es que los participantes se líen a tiros. Este reality es mitad concurso, al igual que Gran Hermano, solo que en vez de hacer pruebas en plan pasarse un mes sin compresas de repuesto, hacen un Grand Prix de tiro al blanco. Por cierto, otro programa que mejoraría bastante con pistolas, el Grand Prix. Pero para que disparasen los del público. Respecto a lo demás, pues casi como Gran Hermano: Confesionario para poner a caer de un burro al resto, pactos entre los más ratas para poner en desventaja a otro, eliminaciones (por puntos)… El programa es entretenido, pero tiene una gran pega. Como dicen los entendidillos, sus “valores de producción” son MUY pobres. Con decir que los puestos para pegar tiros constan de cuatro tablas de madera mal pegadas en medio del campo desértico, os lo cuento todo. Hasta la sosa maquinaria de Wipe Out tienen más curro que las tristes barracas de Top Shot. Mirad:

Estás nominado, hijo de perra! ¡PUM PUM PUM…

En el parque al que yo iba de pequeño había unos columpios muy parecidos. Menudo susto si me llego a encontrar con alguno de esos inestables fans de las armas. Por suerte por desgracia les quitan las armas cuando están de descanso “en la casa”. A lo único a lo que se dedican cuando no entrenan es a ningunearse entre ellos. Toda esa tensión acumulada sublima en una bella metáfora balística cuando tienen que elegir a los nominados a base de pegar tiros a dianas con sus nombres. Tremendo.

En youtube hay bastante colgado. Además, también hay bastantes episodios subidos. Eso sí, en inglés. En español es privilegio de los abonados al satélite. Al menos no se me podrán quejar los pesaos de la V.O., que ahí lo tienen para verlo sin subtítulos y demostrar que lo suyo no es pura pose.

Tu estilo a juicio

“Hoy en Tu Estilo a Juicio, nos ocuparemos de (insertar ama de casa, de tipo basura blanca preferentemente). Ella cree que ha venido a hacer un casting, pero lo cierto es que su proceso de cambio ya ha empezado […] desde que empecé a tener hijos, me he ido descuidando […] me divorcié […] tuve un accidente […] soy una lesbiana camionera y no lo asimilo[…] el jurado ya a ha empezado a juzgarte, veamos que opinan de tu imagen […] entre ellos, hay una estilista, un peluquero, un parado, y unos que limpian el plató cada día […] no parece muy lista […] ¿cuántos años tiene, 60? […] su ropa está pasada de moda […] le cuesta sonreír […] seguro que es una feminazi de Twitter […] bien, comencemos tu proceso de cambio […] este peluquero te arregla el pelo […] estos dentistas que parecen muñecos de cera te alicatan el hocico con x canillas […] este psicólogo te dinamita la autoestima y luego te la reconstruye, quedando como Dios […] ahora te juzgará un nuevo jurado […] ¡Oh, qué guapa! […] Seguro que es el centro de atención en las fiestas […] Trabaja de cara al público […] te aviso que entre el jurado estaba El Jurado Secreto, que es un familiar tuyo que no tenía nada mejor que hacer […] hola, soy tu hermano ¿te acuerdas de mí? Hemos venido en el mismo coche. Menudo cambio, estoy muy orgulloso, te veo mejor […] Hasta el próximo programa”.

La sonrisa más falsa jamás gesticulada

Ese parrafaco es un episodio, no, espera, es TODOS los episodios de Tu Estilo a Juicio. No exagero, cada puto episodio de ese reality es un clon del anterior (y del posterior). La misma estructura, los mismos cambios, los mismos traumas, ¡las mismas putas frases en el guión! ¡Es el Phineas y Ferb de los realities! Una puta mierda. Ojalá un licker atravesase el cristal mágico tras el que se esconde el jurado y les arrancase la cabeza al presentador y a la acomplejada de turno. Acabaría con su sufrimiento y con el del espectador. De este no pongo link a youtube. No se lo merece, y a estas alturas del artículo la mayoría de vosotros pasa de pinchar en los vídeos, que os conozco, vagazos.

¡Bienvenidos a Lazytown!

Cuerpos Embarazosos

Qué pena me dan los directores gore, como Tom Six. El pobre intentando por todos los medios epatar a la audiencia con sus aburridísimas películas aumentando el número de humanos centrípetos hasta el absurdo, y llegan estos medicuchos escudados tras el lema “no es magia, es ciencia” a quitarle hierro a todo el asunto del ano, las tripas, la sangre y el pus. ¡Y a estos no les prohíben la entrada en ningún festival de cine!

Mi cara mientras veo Cuerpos Embarazosos.

Unos enfermizos doctores se han propuesto deconstruir el mito de la belleza interior, o algo así, yéndose de gira por toda Inglaterra, proclamando que no hay que avergonzarse de nuestros repugnantes cuerpos, que todos somos iguales, no importa lo apestoso que sea ese bulto que tienes escondido en el sobaco. Aparcan su autobús-clínica en la plaza mayor y se acercan para preguntarte sobre tus partes. Y aquí nosotros, que quejándonos de los pesados de la Cruz Roja. ¿Y qué es lo que encuentran? El horror… el horror… Hasta el cámara del programa está cagao de miedo. Fijaos como se pone a grabar escondido tras objetos durante el programa, lejos de los pacientes monstruosos que acuden a la consulta enseñar las vergüenzas que les crecen encima de las vergüenzas normales.

“¡Argh! ¡Pero qué asco! ¡Que le prendan fuego, que le quiten esa cosa a machetazos!” Dicho y hecho. El Dr. Metrosexual y sus esbirras no se limitan a sacar en televisión especímenes de infrahumanos para que nos deleitemos con sus horribles aspectos como hacían en el Diario de Patricia. También ofrecen ayuda especializada y lo sacan todo por cámara, sin trampa ni cartón (algunas pieles están peor que el cartón). Xplora, el canal de la gente curiosa morbosa, nos ofrece un suculento festín a la hora de la cena: Quistes, granos, infecciones, tetas sin pezones (¡como en Evangelion!), micro-penes internos, fístulas, (co)chochos mutantes, tripas cauterizadas, encías taladradas, uñas verdes… Hay que ver lo que llegan a sacar por la tele, esto en mis tiempos no era así. ¿Os he contado que sólo teníamos dos canales?

 Mucho cuidado con este programa. Goatse, y demás páginas de guarreridas se han quedado obsoletas a su lado.

Vestuario cedido por los que visten a los elfos de El Hobbit

Pesadilla en la Cocina con Chicutre

Los realities son lo que son. Pensar que no tienen preparación y montaje, es como creerse que la lucha libre y Modern Family son de verdad. Más aún, sería como creer que Sofía Vergara está así de buena gracias a las ensaladas y no a la cirugía estética nivel cyberpunk. Exigir realismo es ilegítimo. En cambio, el espectáculo es un derecho constitucional. La Sexta no ha estado fina programando su clónica versión de Pesadilla en la Cocina inmediatamente antes de la de Ramsey. Dicen que las comparaciones son odiosas, pero la verdad es que lo son para el que sale perdiendo y en este caso la versión española pierde en gritos, entretenimiento, en todo.

Chicote representa la perfecta imagen del empresario provinciano, obeso, deslenguado y más basto que una tortilla de huevo de avestruz. Una pena que no pase de eso. Ingenio escaso, demasiada palabrota. Parece uno de esos que analizan juegos malos en youtube. Sólo sabe presionar cual típico jefe cabrón. A la hora de motivar, o ni lo hace o se queda parado sin saber qué decir. Sus ínfulas de Ferrán Adrián tampoco ayudan. Repele ver como intenta convertir cada local “casero” en un comedero altoburgués, y sus platos con porciones de un tamaño minúsculo que hasta un niño biafreño rechazaría.

Ven aquí, Hediondo, que me tienes que hacer unos recados»

En el episodio de Vallecas la tomó con el buen rollo de la plantilla y los miembros de mayor inquietante simpatía. ¿Acaso no sabe, él o los guionistas que lo montan todo, en qué país estamos? Está bien tener a camareros robóticos que curren años y años a tope hasta morir de tumor cerebral antes de cobrar la jubilación (caso real). Esos para que atiendan a los clientes casuales. Aunque den mucho asco, los camareros inútiles pero carismáticos son los que atraen a los clientes habituales, a los grotescos psoepperos acompañados de sus mujeres e hijos, que tras cenar se apalancan en la barra y retrasan la hora de cierre a base de copa tras copa, y más tarde se van de chanza a compartir coca y putas con el camarero guay mientras las mujeres vuelven con los niños adormilados al hogar (casos reales, de nuevo). La hostelería española es eso y no el enfoque equivocadísimo de plagiar hasta el último segundo del americano y forzar las polémicas el doble. Será cosa de Pilar Miró y la sombra de su maldita ley, que no deja recrear la verdadera España. No es de extrañar que en 4 episodios hayan cerrado 2 restaurantes.


Dinero Fácil

El reality de las prostitutas. Es broma (pero si queréis pasta fácil os recomendamos el oficio encarecidamente), en realidad este también va de regateos subasteros, pero los objetos que se venden están hechos de basura neoyorquina reciclada. Consumibles para el gafapasta verde. Pero una vez más, el contenido principal importa poco. Los que destacan son los protas, los DiResta, dos hermanos y el hijo de uno de ellos. John, el comprador; Jimmy, el artista y el hijo de aquel, Mathew, ayudante y mascota no oficial del programa.

Una vez que John cumple con la lista de la compra tras pasarse por desguaces, vertederos o directamente de contenedores de basura, Jimmy comienza el proceso creativo de reconvertir toda esa mierda en arte post-moderno… de mierda. El problema es que John también quiere participar en esa fase del proceso. Sus tormentas de ideas no tienen sentido, son incoherentes y su nula capacidad para expresar sus pensamientos (si es que los tiene) tampoco ayuda. En resumen, no tiene ni puta idea, pero él no se puede quedar calladito. A lo mejor se siente obligado a rellenar el hueco del guión de Mathew, que por alguna razón, no habla. El show de John no acaba ahí. No contento con picarse sin parar con su hermano, una de sus aficiones es maltratar psicológicamente a su propio hijo Mathew, al que llama sin parar “Chico Rata”. Menudo gilipollas. Si al menos tuviera pinta de nerd, pues el mote le pegaría, pero tiene  más pinta de skater. Con un padre así, su mudez ya no parece tan misteriosa.

Crónicas Carnívoras

Los americanos lo han conseguido: Comida tan apetitosa a la vista al nivel de los dibujos animados.

Por último, pero no por ello sino porque me da a mí la gana, el mejor de todos. En tu colección de imágenes curiosas bajadas de internet deberías tener una carpeta de experimentos culinarios peregrinos. En todo blog de miscelánea nunca falta el top ten de restaurantes con las hamburguesas más grandes del mundo. Crónicas carnívoras tiene eso y mucho más: Sándwiches rellenos con más de siete ingredientes colocados a puñados, bocatas a rebosar de carne jugosa refritos en salsas secretas, banquetes azucarados en el desayuno, decenas de variedades de picantes, donuts, pizzas, patatas fritas enterradas en caliente queso fundido, carne de pollo más blanca que las plumas de cuando vivía y empanado en una capa dorada de lo más crujiente, perritos calientes tan grandes que los puedes acunar en tu regazo, tacos, bocatas marineros… ¡Chicote, atiende! Esto es lo que quiere el pueblo, que el borde del plato desaparezca bajo las inmensas cantidades de comida que Adam Richman, el presentador más simpático que puedes encontrar, devora en cada episodio de Crónicas Carnívoras.

El programa se divide en tres bloques, siendo los dos primeros muy parecidos: Adam realiza un par de visitas, a dos restaurantes de la ciudad que toque y nos presenta sus menús, sus historias, las cocinas y dedica un momento a degustar el plato más famoso y/o exagerado que tengan en la carta. Pero sin locuras gastronómicas. Esas las deja para el reto final de cada programa. Olvidaos del top ten. A lo largo de todo el territorio americano hay cientos de restaurantes con cartas fuera de lo convencional. Y aquí nosotros, muriéndonos de asco, envidia y hambre, conformándonos con los clónicos restaurante Casa Paco que hay esparcidos por la península, donde no ponen más que bravas y alioli, y la rancia dieta mediterránea.

A mitad de programa llega la hora de enfrentarse al Final Boss Food de turno: Recetas infrahumanas que no bajan de los tres kilos de plato principal, sin contar las guarniciones. Adam comienza a tragar con buen ritmo, ignorando los complementos y centrándose en el grueso del plato. En cada programa la introducción ya nos deja claro que Adam no es un competidor proh como esos zumbados que no disfrutan nada de la comida. Él prefiere saborear tranquilamente la comida, y si el reto final no exige enfrentarse al cronómetro, él se lo toma con calma. Pero una vez sobrepasados los límites lógicos de la ingesta humana, alrededor de los dos kilos de alimento, el anticlímax se ve reflejado en el aspecto de Adam: Sus manos y su hocico empapuzados de migajas; ojos hinchados con la mirada perdida en un limbo de repletez estomacal; aspavientos con olor a comida en descomposición; hombros caídos; cabeza gacha que reluce debido a los chorretones de salsa, sudor, babas y lágrimas… gane o pierda, tras todas y cada una de las locuras gastronómicas siempre acaba con una pinta lamentable.

 

GASTRALITY

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Hasta aquí simplemente, mi selección personal. El formato reality ha crecido imparable, mutando en tal cantidad de subgéneros que me es imposible abarcar en su totalidad, y menos sin cobrar un duro. Aunque os hago un repaso rápido: Concursos de chefs cuyos principales ingredientes son la inquina, la competencia, el rencor… Los picnics teatrales de Bear Grylls y la prosodia negrata de Xzibit ya terminaron sus ciclos de vida como memes de internet que ya nadie recuerda. Por lo tanto, prefiero pasar por alto sus respectivos clones de supervivencia (sobre todo Dúo de Supervivientes con el odioso perroflauta definitivo y sus mugrientos pies descalzos) o restauración de vehículos. American Chopper no hay quien se lo vea si lo echan con esas lamentables secuencias de Loquillo que han calzado, en detrimento del programa. Es como meterme a mí en Viruete.com. ¿A quién se le ocurre?

Luego están los docu-realities, con proporción variable. Los que son más docu los he ignorado ya que como cualquier estudiante de ciencias sabe, el rigor es anodino. Tomad por ejemplo a Un Parásito Dentro de Mí (spin off de Embarazada a los 16), que se toma demasiado en serio a sí mismo, cuando debería tener un corte como el de 1000 Maneras de morir (¡recomendadísimo a los fans de Destino Final!) y mostrar actuaciones delirantes mezcladas con fluidos explícitos más cgi de bacterías con colmillos masticando nuestras entrañas. Miami Ink, L.A. Ink, Villarriba Ink , Villabajo Ink… Opino lo mismo que Viru en lo referente a tatuajes: Lo puto peor. Twitter ya ha dado buena cuenta de la lacra social en los Shores de la MTV, Granjero busca esposa y ¿Quién quiere casarse con mi hijo?  (¡qué rápido se ha quemado lo de ‘tróspido’!) También hay realities centrados en funcionarios, como el de las Cárceles y el de las Aduanas. Pero, bah, todo lo que tenga relación con la Administración Púbica es un coñazo. Y esperad que no saquen alguno de Community Managers, que entonces sí que será lo puto peor.

Comedor de chope sobre una chopper

Os animo a catar cualquiera de estos realities. Mi criterio no tiene por qué valer de mucho, pero estoy seguro de que ofrezco más garantías que el tristísimo argumento seriéfilo “Es que tienes que esperar a que remonte en la tercera temporada, ya verás cómo las 20 horas de indiferencia hasta ese momento luego no pesan tanto”. Ya, seguro. La ventaja del reality: Te deja bien claro si merece la pena en poco más de media hora. No te obliga a que desperdicies tu valioso tiempo en esas primeras oportunidades que te pueden costar tardes enteras, y muchos lloriqueos a final de serie (ejemplo: Perdidos y La Asociación de Víctimas de Damon Lindelof).

“¡¡¡La realidad me sulibeyaaaaaa!!!”

Si queréis ver alguno de los mencionados, buscaos la vida. En GI Joe decían “Saber es la mitad de la batalla” y yo ya he cumplido informando con los títulos. Ahora os toca a vosotros dejar de mirar embobados el dibujito de google que les haya dado por poner y buscar los canales y horarios. Ah, y no os perdáis la inminente segunda parte del presente artículo, para la cual me he reservado, no EL reality, sino EL episodio. Tras leer ese artículo, si un transexual fetichista del cuero os ofrece enseñaros lo que es real, echaréis a correr antes de que saque la pastilla roja. Bueno, y sin leer el artículo también deberíais huir.