Es curioso lo que me ocurre con las típicas series americanas de instituto. A pesar de que los guionistas se esfuerzan en crear todo tipo de personajes principales, distintos entre sí para que la mayor parte de los teleespectadores puedan sentirse identificados con alguno (chicos pijos, rebeldes macarrillas, nerds, hispanos, «buenos chicos», etc…) mi favorito siempre es el personaje que todo el mundo detesta. Ese que suelen quitar de en medio por incómodo o absurdo.

Se ve que me identifico con ellos. Con los que no eran el chico más fuerte o más popular. Eran secundarios. Pero el caso es que son este tipo de personajes los que le dan vidilla a una serie. Los productores no se atreven a otorgarles un papel protagonista, sería un suicidio comercial, pero en general no pueden prescindir de ellos, porque tenerlos les permite incluir sagas o situaciones políticamente incorrectas con las que justificar el supuesto realismo de la serie. O simplemente para introducir algún conflicto que no comprometa de manera directa a alguno de los personajes principales.

Todo esto me viene a la cabeza después de comprobar cómo putean al personaje de Luke Ward en The O.C.,  algo que en España también se ha hecho (recordad el personaje de Irene, la novia de Alberto en Médico de familia: anoréxica, violada, etc…). Pero si hay un personaje en el que los guionistas de una serie se han cebado especialmente, ese no es otro que nuestro admirado y siempre recordado, Scott Scanlon, de Sensación de vivir.

¿Quién es Scott? os preguntaréis algunos, «no me suena», dirán otros. ¿Se lió con Kelly, tal vez? ¿Fue amigo de Brandon? ¿Tuvo una pelea con Steve Sanders? ¿Le tiró los tejos a Donna? ¿Trabajaba quizás en el Peach Pit? La respuesta a todas estas preguntas es rotundamente NO. No hizo nada de eso. No era ni siquiera un personaje secundario. De hecho, en la tercera temporada ya no aparecía. Porque Scott tuvo una de las muertes más míticas y estúpidas de la historia de la televisión reciente.

Scott, totalmente enganchado a nuestra web. Sólo aquí podíamos acordarnos de él. «Gracias Adso», le dijo en un mail.

La sombra de David Silver

Pero vayamos al principio. Por si no lo recuerdas, Scott Scanlon (Douglas Emerson) era aquel chico rubio y bastante infantil que tenía en David Silver su mejor amigo, su alma gemela. Desde el principio, se vió claro que a Scott no le interesaban para nada las cosas con las que los demás chicos del instituto disfrutaban: no era aficionado a los deportes, ni estaba preocupado por la ropa, ni siquiera mostró verdadero interés por las chicas. A él lo que realmente le molaba era tirar huevos a los coches escondido entre los arbustos junto a su colega David en Halloween, escuchar música country, e ir grabando con la videocámara por los pasillos del instituto (algo que copiaron los de «Alsa» con el personaje de Sócrates).

Con el tiempo, y cómo es lógico, las cosas empezarían a cambiar. Para David, claro, porque Scott no cambió un ápice su forma de ser, lo que demuestra una coherencia inquebrantable. A medida que David se acerque a la pandilla de Brandon, Dylan, Donna, etc. Scott se sentirá lógicamente desplazado, y comenzará el distanciamiento entre ambos. Hay que tener en cuenta que David vió en Brandon un modelo a seguir (algo lógico, ya que Walsh rozaba la treintena y seguía en el instituto, nadie podía mejorar eso), por lo que todas las cosas que hacía antes (con Scott) le parecían de críos. Pero es que eran unos críos. De los de antes, quiero decir, que ahora con 15 años los chavales han vivido más intensamente que Rimbaud y Jen Lidley juntos.

Es decir, que de repente, tirar huevos, disfrazarse o leer cómics ya no es divertido. A David lo que le interesa ahora es ser cantante de R/B, ligar con Donna, ponerse pendiente y parecerse a George Michael (aunque tal vez se parecía más a Fernandisco). En una palabra: quiere ser popular, y eso es muy difícil con su amigo «loser». Uno de los momentos clave de este distanciamiento se producirá cuando Scott vaya a la emisora del instituto (David es el disc-jockey oficial) y le pida que emita su música favorita, el country, que es como si aquí pides que pinchen a José Luis Perales. Por pura amistad, Luis Enrique (es decir, David) accederá, no sin sentirse avergonzado. Y es que para lo que Scott es todo un orgullo (ese sombrero gris de cowboy que solía llevar le delataba) para un tipo que aspira a ser «guay» es lo más grave que le podía ocurrir. Es algo así como si Seth de The O.C. llevara camisetas de Stryper o Journey, cuando lo que mola es que lleve, no sé, de Strokes, Vines o algún grupo de esos (como aquella banda horrible que ven en un concierto en un capítulo, con el «superguerrero» Oliver).

El problema de David es que a pesar de todo, sigue apreciando a Scott. A pesar de que ya no están en la misma onda, a pesar de que es el típico amigo que dice la frase inapropiada en el momento más inoportuno o suelta el chiste que nadie coge (¿no hemos conocido todos a alguien así?), sigue siendo su amigo. Sabe que tarde o temprano sus caminos se separarán (no sabía que tan temprano, pero bueno) pero no tiene ni idea de cómo decirle que ya no quiere que les vean juntos en público, o que ya no le interesa jugar a los videojuegos. Por otra parte, Scott es consciente de este rechazo, pero teniendo en cuenta que no tiene más amigos (y de que admira a David por encima de todo) se resiste a aceptar este hecho. Además, su madre Pam ve en David el mejor ejemplo a seguir para su hijo. Y es que David se hace querer.

El cumpleaos de Scott

El momento fatídico del personaje se produjo en el capítulo decimocuarto de la segunda temporada, llamado «Los próximos cincuenta años», en el que los estudiantes del Bevely Oeste encuentran una cápsula del tiempo de 1941. Scott va a cumplir dieciséis años y su madre prepara una fiesta sorpresa a la que invita a David y toda la pandilla. A regañadientes, Brandon, Kelly, Steve, Emily y Donna (la única encantada de acompañar a David) acuden a la fiesta, pero se niegan a participar en las actividades preparadas por la señora Scanlon. Sólo David tratará de animar el cotarro mediante un baile, pero sus compañeros no están por la labor. De hecho, la madre de Scott pillará a Brandon y Emily liándose en la habitación del hermano pequeño de Scanlon, por lo que echará a toda la pandilla, salvo a David, de la casa. Por su parte, a pesar de que ya tiene edad para conducir, el joven Scott sigue siendo como antes, y desde un viaje reciente a Oklahoma sentía una extraña predilección por las armas. Por eso, no sorprende que se cuele con David (buscando velas para su tarta de cumpleaños) en el despacho de su padre y coja su revólver, escondido en un cajón. Si imaginamos lo que Scott hace con el arma (darle vueltas como si fuera Lucky Luke), y a eso le sumamos la mala uva de los guionistas, tendremos el resultado: el desgraciado Scanlon se pega un tiro en el estómago ante los atónitos ojos de David que no cree lo que está viendo, y que definitivamente ha dado el paso a la madurez.

La genial interpretación de Brian Austin Green ante la muerte de su amigo: «¡Ahivá, los donuts!»

Es más, incluso crece un año de golpe, como se comprobará más tarde. Al inicio de la temporada se dirá que David y Scott tienen dos años menos que la pandilla de Walsh y compañía. Sin embargo, cuando se marchen todos a la universidad, á él sólo le quedará un año para graduarse.

Ni que decir tiene que la muerte de Scott alimentó el lado morboso, no sólo de los compañeros del instituto, sino incluso de los propios amigos de Silver. Así, por primera vez en toda la serie, Brandon, Kelly, etc. se interesan por el fallecido, algo que David les recriminará de manera efusiva desde el micrófono de la radio del instituto. Y es que uno tiene que pegarse un tiro para que le hagan caso. Al final, deciden dedicar la cápsula del tiempo a Scott y al volver a enterrarla, incluyen el ya mítico sombrero de cowboy del chico rubio.

Por su parte, la familia de Scott no superará la pérdida. La madre de Scott no cesará de invitar a David a su casa, tratando de que su hijo fallecido se reencarne en el joven DJ. Toda esta situación sacará de quicio a Silver, al que tambien incordian los profesores con todo tipo de preguntas. Por otro lado, Sue, la hermana de Scott, empezará a presentar síntomas de desequilibrios mentales, mostrándose desinhibida y provocativa, tratando de perder la infancia que se ha ido con la marcha de su hermano. Hasta llegó a acusar a un profesor (Gil Meyers) de acoso sexual, tan de moda hoy en día, aunque al final se descubrió que el acosador no era el profe, sino su tío Henry (¿realmente estos datos interesan a alguien?). Si es que siempre queda todo en familia.

Las menciones a Scott en la serie a partir de entonces, como es lógico irán menguando con el paso de los capítulos, y David sólo lo recordará el día de su graduación, en un momento muy emotivo.

La razón por la que Scott Scanlon duró tan poco en la serie no está muy clara. En mi opinión, la propia evolución de David Silver, que fue acaparando mayor protagonismo con el paso de los capítulos, puso en una tesitura al personaje de Scott, que ya no pintaba nada en un grupo de treintañeros, o incluso caía mal a los seguidores de Sensación de vivir. Sin embargo, según la madre del actor que hizo de Scott, Diane Emerson, a Scott ¡lo echaron de la serie por sus múltiples equivocaciones en los rodajes!

Douglas Emerson, héroe de guerra

Tal vez fue ese el motivo por el que Douglas Emerson dejó la interpretación (antes de «Beverly Hills 90210» había aparecido en multitud de series, desde «Blossom» hasta Aquellos maravillosos años o The Twilight Zone) y dio un giro de 180º a su vida, pues en 1996 ¡se alistó en las fuerzas aéreas! Por lo visto siguió la tradición familiar, pues su padre también fue militar, en las fuerzas aéreas británicas. Cuesta creer que el joven Scott acabara siendo un héroe de guerra en Europa y Oriente Medio, pero lo cierto es que su atracción por las armas fue algo que ya mostró su personaje de ficción. Doug (como lo llaman sus colegas) dejó las fuerzas aéreas en el 2003, por lo que no participó en la guerra de Irak. En la actualidad está casado y tiene dos hijos.

Único plano de la serie donde Scott aparece con Kelly. Atención al friki de detás, ¿Screech Powers?

Es una injusticia que al final de la serie David no recordara a su amigo de la infancia, con el que compartió tantos momentos, o que no tuviera mayor relevancia en los pocos capítulos en los que intervino. De hecho, he visitado grupos de noticias de Sensación de Vivir en internet, y es uno de los cinco personajes más odiados por los fans, lo cual es inexplicable para mí. Además, entre las razones por las que algunos creen que decayó el éxito de la serie, ¡se encuentra la muerte accidental de Scott! Algo absurdo, teniendo en cuenta que se produjo en la segunda temporada, y el éxito de la misma se prolongó varios años.

No importa que los fans le olviden. No importa que ni siquiera David tenga un bonito recuerdo de él. En Viruete.com solemos mencionarlo a menudo en los artículos. Le tenemos muy presente. A él y a su mítica fiesta de cumpleaños mortal.