Hay tres formas básicas de desacreditarse en una conversación. La primera es añadir un “pero…” a la frase “yo no soy racista”. La segunda es ir de fan de La Guerra de las Galaxias y llamar “Chiguaca” a Chewbacca. La tercera es hablar de lo traumática y dolorosa que fue y es la muerte de la madre de Bambi. La cruda realidad, cariños míos, es que la población que se acoge a tan traumático recuerdo se divide entre quienes no han visto Bambi, quienes eran tan pequeños que ni se acuerdan y un pequeño sector de la población a quien en realidad se la sudó todo, porque lo divertido era ver a Bambi escurrirse en el hielo.

¡Yo morí feliz! ¡Dejad de llorarme de una vez en vuestros absurdos foros!

 

Pero como el temita de la tolerancia es más propio de twitter y La Guerra de las Galaxias está más quemada que hacer bromas con Falete, para el presente recital nos decantaremos por las muertes traumáticas, haciendo llegar a sus hogares diez muertes, diez, que me calaron mucho más hondo que la socorrida mamá ciervo. A mí, que me echaron de los Hombres Grises por desalmado. Y si en el fondo de sus pechos henchidos de ego y falsa nostalgia late un corazón, de buen seguro habrán de inclinar la cabeza con respeto y dedicar unos minutos de silencio por estas diez almas torturadas por meros fines dramáticos. Así que nada de Spotify mientras dure la lectura.

Ártax (La Historia Interminable)

La mayoría de críticas y sinsabores suscitados por esta adaptación se apoyan en que, al igual que la supuesta autobiografía de Krusty, está llena de flagrantes omisiones. La mitad del libro, sin ir más lejos. Pero gracias a eso usaron el resto del libro para rodar una segunda parte, que molaba mucho más, tuvo videojuego, el prota era Johnatan Brandis y la tenía grabada en la misma cinta que Justicia Rubia 2. ¡Hurra! En defensa de la siempre apaleada primera peli, aparte de la estupenda banda sonora, tengo que decir que gracias a ella conocí el libro y me animé a leerlo, impulsado también por el hecho de que estuviera escrito en rojo y verde (¡¡colores de boli reservados exclusivamente a la profesora!! ¡¡Anarquía en las aulas!!). Al final lo dejé y me lo terminé leyendo con veintitantos años, pero eso es otra historia y merece ser contada cuando Conan se haga rey.

Como te pille Seprona, te cruje

 

Manda cojones que entre tanto recorte a la novela no se les ocurriese eliminar esta escena, un mal trago como hay pocos.  Ártax, fiel compañero del cazador Atreyu, queda atrapado en el Pantano de la Tristeza y se hunde inevitablemente, acelerándose el proceso debido a la pena que le da ver que su amo se va a quedar solo en su importante búsqueda. O eso se supone, porque a mí la escena se me hizo más larga y dolorosa que una endodoncia, por mucho que luego venga Fujur a molar más que nadie y a convertirse en el supercolega de Atreyu. Claro que sí, al lado de un dragón que habla y vuela un simple caballo es una mierda frita, pero tampoco se justifica una muerte tan cruel en una peli para niños, ¿no? Es que los alemanes son la leche, hacen cosas como esta y Nekromantik y luego te censuran la escena de Tango y Cash en que los electrocutan en la cárcel. Gracias a Dios que en la peli Ártax no habla, pidiendo a su dueño que le deje morir, como sí pasa en la novela. Si yo veo eso de pequeño, tiro la cinta por el balcón sin sacarla del vídeo.

Hooch (Socios y Sabuesos)

 

Quitando al perro, sirve como cartel para cualquier otra peli de Tom Hanks.

 

Al principio Dios creó el Cielo, la Tierra y a Tom Hanks. Y Dios dijo “haga este señor comedia”. Pero Hanks, quien durante el rodaje de Monstruos y Laberintos había tenido ocasión de echar un vistazo a la lista de conjuros de Drama, vio que era esta mucho más poderosa que la que Dios le otorgaba y se prometió que cuando acumulase los suficientes Puntos de Experiencia se desviaría de los designios divinos. Parte de su progresiva conversión la sufrí la única vez que vi Socios y Sabuesos, la simpática historia de Turner, un detective al que como dice mi madre “le caga el palomo” cuando le toca cargar con el único testigo del asesinato de un basurero: el perro Hooch. Concebida como una peli de colegas en plan Arma Letal (o más exactamente como su exploitation Mi Odiado Amigo, véase más adelante), la peli nos muestra cientos y miles de hilarantes situaciones en las que el perro la lía: destrozando la casa, comiéndose la tapicería del coche, llenándolo todo de babas, escondiendo a Nicky los papeles de la paella…

La próxima vez que necesites un abogado marica para hacer de niñera, llamadme

 

 

Todo es una risa hasta que el atolondrado pero fiel Hooch MUERE DE UN DISPARO que iba dirigido a Turner. ¿A qué hijo de puta se le ocurre terminar así una comedia? ¡Que eso lo van a ver niños, cabrón! ¿Se imaginan que al final de Loca Academia de Policía II le vuelan la cabeza a Tuckleberry? STOP muertes de perros en el cine, sobre todo si son a traición y/o innecesarias para la trama. Que alguien abra un grupo en facebook YA.  La muerte de Hooch se intenta compensar en un epílogo con el hijito cachorro de este, que promete más horas de tronchante desesperación para el abnegado Turner. Oh sí, qué inmenso alivio para un niño con los ojos vueltos del revés de tanto llorar, otro perro para que Tom Hanks lo use de escudo.

El Zapatito (¿Quién Engañó a Roger Rabbit?)

En principio concebida como uno más de los guiños al cine negro que presenta esta peli, mi favorita de todos los tiempos después de Los Palomos, nos damos de morros contra la famosa escena en que el cabronías del Juez Doom ejecuta al tierno zapatito con el único objetivo de demostrar la efectividad del Baño. Este superdisolvente, que mezcla delicias culinarias como benceno, turpentina y acetona (De profesión, sin empleo), es el único modo de matar a los insidiosos dibus, cuyo mayor problema si les cae una nevera en la cabeza es ver pajaritos en vez de estrellas.

Ahora sabemos lo que pretendía esta elementa

La mente humana es un misterio. Podemos ver gente sufriendo y muriendo en Saw sin inmutarnos ni sentir ninguna pena. Podemos ver sus seis secuelas sin que nadie nos obligue, incluso pagar por ello. Podemos ver Funny Games y su remake aunque ambos son un cholopo hendío en un palo, pero luego aparece Christopher Lloyd sumergiendo un zapato rojo de dibujos animados en ácido y comienza la angustia. Porque si a usted no le afectó tan cruda ejecución, es hora de ir a que el Doctor Moureau le dé cuerda al corazón. O bien lo toma como un ajuste de cuentas porque su padre fue al Un, Dos, Tres y le salió La Botilde. El otro zapato rojo, claro, estaba en el pie del cabrón de Tom Hanks. Seguro que dejó que lo mataran a tiros también.

Menuda sopa se hacía con eso en la posguerra

 

Hormi (Cariño, he encogido a los niños)

Cualquiera puede hacer una peli. Muchos pueden hacerla buena. Algunos pueden convertirla en taquillazo. Unos pocos, elevarla a mito. Pero sólo quien consiga encogerme el alma con la muerte de un insecto se casará con la princesa Jasmine. El carisma de la hormiga Hormi no reside, evidentemente, en su nombre. Pero como se lo pone un niño con gorra, tampoco nos vamos a escandalizar. La enjundia está en que come y duerme con los niños como una enorme mascota, hace simpáticos grititos como el gafotas de Parker Lewis y que encima muere a lo Hooch: sacrificándose por defender de un escorpión a los cuatro desgraciaos que la han separado de su colonia a la fuerza. El síndrome de Estocolmo llevado hasta casi sus últimas consecuencias. La Estanquera de Vallecas, una mierda al lado de esta.

Mira que no te meto porque me sujeta aquí un colega, que si no...

 

Mi recuerdo de ver esta peli en el cine es doblemente doloroso. Mi abuela había hecho una pizza con anchoas para comer y se me quedó una raspa enganchada a la garganta toda la tarde. Me dolía al tragar y nadie me creía. Y encima se muere Hormi. Desde entonces, cuando alguien decía “¡¡Una hormiga roja!! ¡Mátala, que es de las que pican!” yo lloraba por este mundo lleno de odio preventivo.

Will (Pesadilla en Elm Street 3)

De pequeño yo siempre iba con el personaje que tuviera gafas (luego me las pusieron a mí y me dejó de molar). Además, el poder de Will era el que más podía molar a un niño, porque ya me dirán qué ilusión me podía hacer doblar las patas a una silla o ser una punk con navajas. En sueños, no sólo podía prescindir de su odiada silla de ruedas, también completaba sus fantasías roleras siendo un poderoso mago y además estaba rodeado de tías que le hacían caso. Y yo, en mi santa inocencia, creía que ni Fred Krueger podría contra un mago. Uno de verdad, no el típico plasta en plan Tamariz.

3D4 + Constitución dan muy poco de sí

 

Pero el pobre Will fracasó y entonces yo me planteé “Si Freddy viene a por mí en sueños, ¿de qué cojones vale llamar a mi padre? ¡¡Si ni un mago puede con él!!”. Y así fue como empecé a dormir con una cápsula de cianuro debajo de la lengua para, llegado el caso, evitar una muerte horrible a manos del sádico de Springwood. Y en consecuencia mi madre prohibió a mi prima Merce traer más películas de miedo a casa.  Hoy día, cuando tengo pesadillas me abrazo a mi novia. Tampoco es que me pueda defender mejor que un poderoso mago, pero al menos toco teta, que eso siempre consuela.

Ruby (V)

El único personaje de V que me mola y muere es esta anciana, a quien todos deberíamos envidiar por ser amiga nada más y nada menos que del Ogro Alemán de Una Pandilla Alucinante. Su labor en la Resistencia consiste en disfrazarse de chacha un poco mongui, en plan Lina Morgan, y usar sus dotes de actriz para infiltrarse entre los Visitantes como espía. Lina Morgan era al contrario, usaba sus dotes de espía para hacerse pasar por actriz (mi madre, esto ha sido de tarjeta amarilla). Ruby resulta un personaje crucial. Aunque es una ancianita comprensiva siempre dispuesta a escuchar y consolar incluso al macarra de Tyler, no es la típica abuela blandengue en plan Tía May o la abuela de Adrián en Nada es para Siempre. Aunque tiene sangre en las venas, tampoco es la infecta yaya marchosa tipo Mamá Winslow o la borracha de Aquí no hay quien viva. Una auténtica luchadora, no le tiembla el pulso a la hora de arrear una bomba a los lagartos y gracias a ella consiguen sacar a Julie de la cámara de torturas de Diana justo a tiempo de salvarla de  ir a la playa con la madre de Palomita.

En Alemania nos prohiben nombrar a Hitler, así que los debates por internet duran años.

 

Pero Ruby comete un fallo en su papel de chacha, y es que olvida romper algún adorno mientras limpia. Es descubierta y delatada por su vecino de toda la vida, a quien ella hizo de canguro muchas veces, y que ahora ejerce de trepa en el bando de los malos y que como no podía ser de otra forma, se llama Daniel. Porque hasta en las crisis interestelares, siempre hay un Puto Dani. Tras la implacable ejecución de la valiente Ruby, asistimos a una pantalla de recuento de sus logros y el consiguiente desbloqueo de trajes, músicas, bocetos de diseño y un nivel oculto en el que puedes jugar con Tofu si no has usado ningún botiquín.

Randy (Scream 2)

Jamie Kennedy muere en la película incorrecta. Si hubiera sido en La Máscara 2 o en Mejor Imposible, en la que infla a hostias al pobre Greg Kinnear, incluso se lo habría merecido. Pero lo que Craven y Williamson querían lograr con la muerte de Randy era lo mismo que los ingleses censurando Las Tortugas Ninja: que los tontos que ven mucha tele no se metan en problemas. Imaginen a Randy como el típico listo que se mete en los foros de cine, se pone de avatar a Robert Mitchum en La Noche del Cazador y está deseando que alguien cometa un error para corregirle y lucir su net-plumaje ante la tía que le mola (la del avatar de Chihiro). O ante cualquier otra, tampoco está para elegir. Y ahora imaginen que sobrevive a una matanza y se cree indestructible, y de pronto todos los que retwittean a Álex de la Iglesia y Simon Pegg toman ejemplo y se lanzan a las calles a enfrentarse con asesinos… Había que matarle para que los frikis aprendieran la lección.

Vestirse como Ace Ventura basta para que te den un papel que rechaza Jim Carrey

 

Randy, que en esta segunda parte pasa de pringao imán de collejas a ir del rollo molón con grelos, es el mejor personaje de Scream porque refuerza el tono paródico de la saga y porque es fruto de una época en la que, sin internet tan a mano, la figura del “friki” no estaba tan requemada. Su muerte me dio muchísima pena porque me identificaba con él, pero también porque nos dejaba solos con el horrible trío protagonista: Sidney tiene su aquel, pero esos ojillos como de pasarse el día cortando cebollas me resultan cargantes. Gale sólo sirve para reflejar la conversión de Courteney Cox en un esqueleto de Harryhausen. Y Dewey tiene cara de dispensador de caramelos PEZ sabor resaca. Craven y Williamson se debieron de dar cuenta de este vacío, ya que intentaron llenarlo en Scream 3 con el forzadísimo vídeo póstumo de esas supuestas súper-reglas de las trilogías que parecen los consejos de mierda que te dan en los tiempos de carga de los juegos de tiros (reserva munición, vigila tu barra de energía, si ves que te duelen los ojos deja de jugar un rato so tonto, etc.) , y con esa pareja de gilipollas soflamantes de Scream 4, los típicos personajes que el profesor del curso de guionista te debería quitar de la cabeza en el primer trimestre.

Ah no, eso no vale. Si lo has matado, lo has matado.

 

Mitzo (Starchaser)

Esta muerte me afectó sobre todo porque el pobre Mitzo es un mandao, el escolta robot de una princesa que pasa de jovenzuela consentida a rebelde contra el gobierno de forma tan inexplicable para el robot como lógica para nosotros, avispados espectadores. Pero es porque nosotros jugamos con ventaja y hemos visto lo que hace el malo cuando está solo. Mitzo, un tanto estiradillo, a menudo intenta discrepar con la mayor educación residente en sus clústers, apelando al sentido común (más bien al conformismo) de su dueña y señora. Pero ella, erre que erre con su rebelión hasta que al final se cargan al pobre robot.

He was there to sell make up but the king saw more. He had style, he had flair, he shot bolts, that’s how he became The Nanny…

 

Los tres puntos fundamentales que diferencian a Mitzo de mi por aquel entonces odiadísimo C-3PO revelan que los responsables de Starchaser tenían más idea de robots molones que el mamblas de George Lucas. Aunque teniendo en cuenta que el protagonista de Starchaser se llama Orin, vamos a dejarlo en un honroso empate. Mitzo, a pesar de ser un poco mazacote y tener forma de secador de pelo, tenía unos movimientos fluidos y bien articulados, como de muñeco de acción que te molaría tener, además de una voz grave que infundía respeto y la capacidad de disparar por el puntito que flota en la pantalla de su cabeza. Por contra, 3PO habla y se mueve como Paco Clavel buscando un retrete con urgencia y, como no dispara, a ojos de un niño (que no suelen reírse con frases como “No me llames filósofo absurdo”) sólo es un patoso que se queja de todo. ¿Qué mierda de robot es ese que no tiene una mísera arma? Seguro que George Lucas es de los que te regalan ropa por tu cumpleaños.

El Gato de Avalon (Mi Odiado Amigo)

Aunque suene a librito afable de Barco de Vapor, lo del gato de Avalon se trata de una de las experiencias cinematográficas más duras de mi infancia. En Mi Odiado Amigo asistíamos a la infalible fórmula de dos tíos que se odian y, obligados a colaborar, terminan siendo colegas de la vega, igual que Calabacín y Juan Ramón. Si ahora mismo les están desfilando tópicos por la cabeza, les aseguro que se quedarán cortos, baste decir que los protagonistas son Ben Avalon (el enorme Bubba Smith, Hightower en Loca Academia de Policía) y Joe Jennings (una especie de leprechaun llamada Beau Bridges, el otro hijo de Lloyd Bridges), agentes de policía y FBI respectivamente. Juntos se enfrentarán a la típica movida de drogas que desemboca en uno de esos potajes de tiros y violencia a mansalva que a los dependientes de videoclub les ponía los ojos golositos.

«Está es muy buena, de mucha acción»

 

En un momento de la película, cuando se requiere el giro dramático, el malo considera que Avalon ha metido las narices más allá de donde debe y manda que le den un tirón de orejas. Cuando el valiente poli vuelve a casa se encuentra con la puerta forzada, su chica y una amiga con pinta de señora que juega al tute muertas y su tierno y mimoso gatito clavado a la puerta de la cocina con un cuchillo. Me llevé tal berrinche que empecé a insultar a mis hermanos por haber puesto esa película con tal frenesí que parecía que Tarantino me había escrito los diálogos y casi termino vomitando la merienda. Recuerdo que cuando Avalon inicia su venganza, hace notar al malo que no le perdona que «mandaran matar a su gato» (por lo que se ve, lo demás se la trae lozana, igual que a mí como espectador). Y es que lo del gato no debía dejar indiferente a nadie, pues el día que emitieron la peli en Antena 3 cortaron esa escena. Luego eso sí, El Gran Juego de la Oca lo ponían enterito. A estos, como a los alemanes, no hay quien los entienda.

El Ewok (El Retorno del Jedi)

Y pasándome por la quilla lo dicho sobre La Guerra de las Galaxias al principio del presente recital (ya lo he hecho antes cuando he hablado de C-3PO), no puedo sino terminar con este clásico que, sin embargo, me pasó inadvertido hasta la tercera vez que vi la película. Creo que en casa me distraían para que no lo viese, conscientes de mi historial de traumas cinematográficos y a sabiendas de que yo era de los que en lugar de amontonar los peluches, los colocaba en fila “para que estuvieran cómodos y pudieran respirar”.  Esta técnica del despiste la utilizaba mi hermana con sus hijas cuando les ponía El Rey León, detalle que olvidó comentarme un día que me las dejó en casa y yo, pura inocencia, no pasé la parte en que se muere Mufasa. Las niñas casi me matan al grito de «¡¡En mi casa no se muereeeeeee!!» Vamos, que poco más y me llevan a juicio como cómplice de Scar. Otro día les puse Los 4 Fantásticos en el ordenador de su padre y resultó ser una peli porno en la que salía Torbe. Pero de eso ya hablaremos cuando se levante el secreto de sumario.

¡Rápido, levanta! ¡O te cambiarán por Hayden Christiensen!

 

Bien, tras este anecdotario paralelo vamos al ewok en cuestión. Por supuesto que la muerte de este héroe de la rebelión me dio y me sigue dando mucha pena, joder, ¿y a quién no? ¡Es un osito de peluche enorme! Un osito de peluche con un enano dentro, ambas cosas entrañables como bien sabe el Lintenna del Dúo Sacapuntas, y a la vez perfectas como monstruo en Silent Hill. Y para más regodeo nos enseñan cómo el pobrecito iluso de su compañero tira de él como diciéndole “¡Vamos, corre que nos pillan!”. Si aún así esta breve escena no les llega al alma, prueben a cambiarlo por dos hermanitos judíos en las calles de la Varsovia de 1939. Y ahora qué, ¿eh? ¡No tendrán cojones de admitir su indiferencia en público! Lo que me extraña es que en las nuevas versiones a Lucas no se le haya ocurrido retocar esta escena, sacar al ewok muerto y hacer que el otro esté, no sé, recogiendo setas.

Diez eran, diez, las muertes de Wally. Por el camino quedaron Murphy en Robocop y la horrenda paliza que Número 5 se lleva en Cortocircuito 2, así como el robotillo de Los 3 Mosqueteros del Espacio y el fan de Tío Mickey en Rock & Rule. Pero ahora han de decirme, por 1,68€, muertes en pantalla que les diesen tan fuerte como para reventar la piñata de sus emociones. Porque hoy más que nunca, todos somos Ártax. Y créanme que es la mejor opción de esa lista, porque al final de la peli resucita.