Sí, estamos en navidades, pero cualquier momento del año es bueno para disfrutar de un buen tebeo de monstruos. Y por suerte, en los últimos meses se han publicado algunos muy recomendables. Los habituales saben que no suelo reseñar muchos tebeos, pero esto dos me han gustado muchísimo y quería compartir mi entusiasmo con mis queridos lectores, además de solucionarle los reyes a algún despistado.

 

2010 ha sido para mí el año de Mizuki. Quiero decir el año en el que un servidor, y el resto de los lectores españoles, pudieron descubrir a Shigeru Mizuki gracias a la arriesgada labor de Astiberri. Operación Muerte me encantó, Nononba (que debería haber reseñado) me pareció lo mejor que he leído este año, así que esperaba con muchísimas ganas GeGeGe no Kitato, aquí Kitaro a secas, su obra más famosa y uno de esos clásicos del manga que nadie compra en los salones del ídem (ni ese ni ningún tebeo, en general). Y casi me caigo de culo de la impresión.

En esta edición se opta por contar el origen de Kitaro en primer lugar, y esto desconcierta un poco. Si bien tiene sentido dentro de la estructura de la obra, en realidad el capítulo fue publicado mucho después, y Mizuki optó por utilizar un estilo mucho más detallado y grotesco y unas composiciones más dramáticas, que puede recordar al de algunos cómics de la EC y que me dejó confundido: ¿este es el mismo Mizuki que Operación Muerte? Finalmente resulta que fue solo un experimento del autor para ese origen. A saber por qué: el resto del tebeo usa el trazo suelto y etéreo del autor, ideal para ilustrar los relatos de espíritus y monstruos que ya sonarán a los lectores de Nononba. Kitaro, el niño hijo de dos monstruos con extraños poderes viaja por Japón poniendo a raya a los fantasmas con pocos escrúpulos.  Y a partir de ahí, la gloria bendita.

El tomo va de menos a más, mejorando a medida que Mizuki encuentra el tono apropiado para la obra. Como momento estelar, destacamos el par de capítulos en los que los monstruos japoneses tienen que enfrentarse a los monstruos occidentales, que invaden el territorio nipón y pretenden acabar con sus colegas nativos. TE CAGAS. Una aventura a la que es fácil extraer una lectura socio-política pero que, sobre todo, se disfruta como si fuera un niño. Y es que había momentos en los que sonreía de pura felicidad. Hacía tiempo que un tebeo no me hacía hacía recordar lo que es el puro gozo de leer un buen tebeo, de alucinar pensando «no me puedo creer lo que estoy leyendo«, y de disfrutar al comprobar como un cómic ideado como mero entretenimiento logra trascender esta condición para convertirse en una obra de referencia y en un clásico del medio. Así como suena. Una gozada. Eso sí: huyan de sus adaptaciones a imagen real, al menos hasta estar bien versados en la materia. Ahórrense esa mala impresión.

Con Zombillenium reconozco que tenía menos expectativas. Ya saben la hartura que tengo con los zombies. Sin embargo, aquí los protagonistas no son las habituales hordas de muertos vivientes. Esta vez son Drácula, Frankenstein, la Momia y el resto de monstruos de la Universal los protagonistas, junto a una joven de bruja con la que trabajan en un parque temático dedicado a la cosa esa del susto y el cangüelo, que decía Bart Simpson. Un nuevo trabajador del parque se encargará de trastocar su plácida vida, que transcurría sin salir del parque durante toda la eternidad. Planazo.

Un tebeo que me he resistido a leer y que ha supuesto una muy agradable sorpresa. Para empezar, da gusto verlo, gracias a un dibujo estilo cartoon que se aleja de esas ilustraciones petrificadas, que parecen estáticos cels de animación, en la que en muchas ocasiones se convierten las viñetas de los practicantes de este estilo. De Pins, al que no tenía el gusto de haber leído, es capaz de darle vida a esos dibujos, y de sorprendernos en más de una ocasión con giros de argumento, situaciones muy divertidas y un toque postmoderno nada cínico. Una gran sorpresa que consiguió que me riera en voz alta y que no me extraña que esté funcionando tan bien como lo está haciendo: es fresquito, bonito y divertido. Gran manera de terminar el año, o de empezarlo.  Hala: ¡a comprar, a comprar!