El pasado sábado tuvo lugar una nueva edición de Retromadrid, la feria de retro informática y videojuegos de la capital que, por fin, se mudaba a un espacio más grande. Y es que era algo necesario. La edición de 2009 fue más agobiante que nunca, pues el centro cultural en el que se celebraba no estaba pensado para semejantes aglomeraciones. Afortunadamente, este año se pudo mudar la feria a la facultad de informática y el resultado ha sido excepcional. Un lugar amplio, con los puestos bien distribuidos, salas enormes para hacer las charla y actividades paralelas y un tercer piso dedicado por completo a las exposiciones de cacharrerío variado.

Ignorante de la sustancial mejora, apenas me pasé un par de horas, de lo que me arrepiento. La base del evento es la de siempre, aumentando el número y mejorando las condiciones. Gente vendiendo nuevos juegos para Spectrum, Amstrad, stands con merchandising paleogamer y «frki», otros exhibiendo máquinas antigua, interesantísimas charlas, y las mencionadas exposiciones. Mi amigo Leo les cuenta con mucho más detalle lo que allí se podía ver y hacer.

Después de ver la impresionante colección de cacharros antiguos que Javi Albizu se sacó de la manga (o de su casa) en la exposicion retro de la NavalParty, a la que fui a dar una charla el pasado año, no creí que me fuera a sorprender mucho los cachrarros allí expuestos. Y al final, fue ahí donde encontré lo que más me llamó la atención. En una de las vitrinas había expuesto una copia completa de Quest for the Rings. Un juego que, sí, se puede encontrar en ebay, pero a unos precios bastante prohibitibos. Se trata de un juego para consola Videopac de Phillips. La más ansiada por mí cuando era crío y era anunciada en los tebeos de Mortadelo. Realmente apenas estaba algo más avanzada que una Atari 2600, y todos los juegos fueron programados por la propia Phillips pero aquellos anuncios con esos dibujos eran superiores a mis fuerzas. Huelga decir que si está tan mitificada por mí es porque jamás me la regalaron.

Quest of the Rings fue un raro experimento para unir el juego de tablero de fantasía con el videojuego. La enorme y preciosa caja incluía un tablero y una serie de fichas que debíamos mover y situar en el propio tablero según fuéramos nosotros, o nuestro rival, el ganador del enfrentamiento en la mazmorra. Vamos: un Ameritrash como la copa de un pino.

Como no lo he podido jugar, ni seguramente podré, no sé si será un invento maravilloso o una gilipollez de un piano. Pero el recuerdo de mi mandíbula colgante y las nerviosas explicaciones a Montse, Leo, su chica, mi hermano, Javi Cósmico & Cia creo que nos hará reir durante algún tiempo.

El segundo gran momento, fue poner nombre por fin a una «maquinita» que tenían mis primos de pequeños y que yo ansiaba tener con toda mi alma y que, una vez más, jamás me regalaron. Envidia sana, de esa que dicen. Es decir: no llegué a pegarles una pedrada en la cabeza para quedarme con ella. No había vuelto a ver una semejante desde hace…¿20 años? De hecho creo que ni me acordaba de ella desde hace mucho. Y ahí la tienen: Amidar Gakken, una versión del Amidar en plan mini-arcade para la mesa del comedor. El mero hecho de usar un pequeño joystiq y tener colores la hacían superior a cualquier LCD de bolsillo de los de 1000 pesetas, que eran los que más abundaban.

 

El tercer fetiche fue poder ver este increíble clon español del Phoenix, Ave Fénix con un dibujo a lo Luis Royo de barrio que apestaba a Barón Rojo, porros y gitanos de los recreativos del barrio. Que maravilla. Que historias podría contar si hablara.

Poco más puedo comentar yo, que apenas estuve un par de horas y no pude acudir a ninguna de las charlas ni eventos especiales. Lo que sí puedo afirmar es que el local está mil veces mejor preparado, el número de stands y cosas de hacer, más algo que nunca… y la asistencia se ha disparado hasta unas dos mil personas. No quiero ni imaginarme lo que hubiera sido dos mil personas en el antiguo recinto. Felicidades a toda la gente de la organización por semejante salto cuántico.