Los 70 fueron una década convulsa en el mundo del poprock. Los maravillosos sesenta estaban dando paso a una generación que ya no creía en slogans sobre el amor y que iban dando tumbos camino del nihilismo punk; por otro lado, los horteras de bolera se enfundaban sus pantalones de campana y se ponían finos a echarse bailes con la música disco, y el pop más intelectual empezaba a confundir el pop con suites operísticas.Para variar, en España todos estos movimientos (y los que no hemos nombrado) pasaban totalmente desapercibidos, y seguíamos con la matraca de las canciones del verano, las coplas modernizadas y los grupos de cachondeo. Y por encima de todos ellos, con una superioridad abrumadora en cuanto a número de seguidores….LOS CANTANTES.

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La figura de El Cantante en los 70 españoles tiene poco que ver con aquella a la que cantara el plasta de Calamaro; está más vinculada a nuestros hermanos sudamericanos y su querencia por conquistar a las hembras a través de un buen chorro de voz. El caso es que en los 70 las listas españolas estaban dominadas casi sin excepción por cantantes melódicos, hombretones de pelo en pecho que pasaban de los 30, con un mullet que rozaba lo grotesco, y que se desgañitaban cantando historias sobre amor, sexo e infidelidad. Más allá del poderoso tridente formado por Julio Iglesias-Camilo Sesto-Raphael, hubo un montón de segundas figuras que también gozaron de su momento de gloria al calor de unos focos.

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Como el pelotón de cantantes melódicos estaba tan sumamente poblado, cada uno de los galanes tenía que buscar (y potenciar) alguno de sus rasgos para diferenciarse del resto. Para este repaso hemos hecho una división en tres partes. Por un lado, los galanes que basaban su atractivo en su masculina entrepierna. Por otro, los que no marcaban paquete pero tenían buen corazón. Y para finalizar, los despistados que probaron suerte pero no daban el perfil:
LOS VIRILES: como es lógico, forman el grupo más numeroso; el atractivo de éstos como hombres no podía ponerse en duda. Destaca que su interpretación del concepto de masculinidad tiene ciertos rasgos de agresividad que hoy día estarían muy mal vistos. Como rasgos principales, podemos citar cierta querencia a enseñar el pelo del pecho, estética general anclada en la década (trajes con solapa ancha, pelo en abundancia), y canciones en las que tras una historia de amor se escondía realmente un kiki sudado en un motel. Su personaje tan definido les impidió adaptarse a los nuevos tiempos, por lo que muchos de ellos continuaron su carrera en sudamérica, donde las dos décadas de diferencia en lo estético les permitieron seguir estando de moda hasta los 90.
Manolo Otero

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Mojabragas de raza, su voz provoca todavía instantáneos aumentos de humedad ambiental. Sus canciones consistían básicamente en una base musical parecida al Jetaime Ma Non plú, que quedaba cubierta –en todos los sentidos- por el citado machorro, que improvisaba unos ripios de lo más calentorro, incluyendo algún que otro gemido. El carácter aparentemente improvisado de sus canciones no impedía que las mujeres de faja y laca disfrutasen de Manolo Otero en su intimidad personal. Degusten “Todo el tiempo del mundo”, y luego nos dicen en los comments. Que no haya niños cerca, ojo.

Manolo Otero también tuvo sus momentillos de gloria a través del mundillo rosa, ya que estuvo casado con María José Cantudo, en los años en los que ésta enseñaba el potorrín en las películas de la transición (ya saben, «el felpudo de la cantudo»). Como casi todos los galanes, siguen manteniendo fans, que se organizan a través de webs de diseño peculiar, con el fondo rosa y con la Comic Sans en azul tamaño 24.
Miguel Gallardo
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Su voz era francamente muy justita, si bien sus canciones tenían una producción hija de su tiempo, repleta de coros femeninos, arreglos orquestales y hasta una mandolina que, en su conjunto, delataban el origen isleño del galán (al igual que pasaba con el 80% de la discografía del gran pepe gáfez del que hablaremos más adelante). En este caso sus feromonas salvaban las carencias vocales: su hombría era tal que poner uno de sus discos garantizaba a los jóvenes de la época un buen rato en la parte trasera de un coche, en la medida en que las mozas tenían que agarrarse a lo primero que cogieran, tal era su excitación. Citamos como ejemplo “Gorrión”, una canción que incluye algunas de las metáforas más sucias que el mainstream hispano ha dado, “por qué te comes el amor que hay en mis manos y echas a volar”.

El bueno de Miguel falleció hace unos años, dejando viuda a la actriz Pilar Velázquez (una de las primeras malas oficiales en ALSA, insultando todo el rato a la pobre Jasmina), no sin antes recibir un premio de la SGAE por haber vendido más de 10 millones de discos con sus gritos y susurros, la gran parte de ellos en el continente hermano. La historia ha sido poco justa con él, probablemente debido a que su hit más claro, «Hoy tengo ganas de tí», se ha hecho más popular a través de versiones de otros artistas con mucha más marcha (como Azúcar Moreno, por ejemplo).
Lorenzo Santamaría

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Aquí tenemos uno de esos extraños casos en los que alguien sin ningún talento aparente logra alcanzar los oropeles de la fama. Lorenzo no tenía una gran voz, ni un gran físico, y carecía de grandes temas. No obstante, el patito feo adelantó a muchos compañeros de generación llegando por momentos a rivalizar con Camilo, el rey de la época.
Su aspecto entre rudo y tierno ofrecía a las mujeres de la época un ideal de hombre que sigue todavía vigente a través de otros galanes de hoy como Chayanne. Su principal hit fue “Para que no me olvides”, canción que no dudo en retomar cuando junto a otros figurines de la época montó “Mágicos 60”, una especie de Década Prodigiosa del Imserso, y se hartó de hacer platós en programas de Consuelo Berlanga.

Pablo Abraira:
Popularmente conocido como El Bigotes, Pablo ejercía como Tom Selleck español en una época en la que los bigotes estaban bien vistos. Y él es la mejor demostración de ello:

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Su repertorio anda cortito de éxitos de primera línea, aunque tiene la que sin duda es la mejor canción de todas las que figuran en este artículo. «Gavilán o Paloma» resume las principales virtudes del género a través de una historia de encuentros casuales y polvetes volcánicos, que transcurre a través de un fondo musical plagado de orquestaciones y en en el que unos ligeros toques de sintetizador aportan un sugerente ambiente en el que se huele el sexo. La masculina y poderosa voz de Abraira estalla en los estribillos como lo hace el hombre al alcanzar el clímax, y tiene un efecto arrebatador en el género femenino. Un hit definitivo para una época en la que todavía se bailaba agarrao.

Aunque era una versión, a Pablo Abraira la canción le sentaba como un guante. Después de esto (y de su segundo hit, «O tú o nada», de similares características), Pablo intentó mantenerse en la onda a través del musical Jesucristo Superstar, en un montaje realizado en 1984, posterior al mítico que hiciera Camilo, y en el que contó como partenaire con Estíbaliz (la de Sergio, la de Cantinero de Cuba). Dicha versión del musical no fue tan histórica como la del 75 y hoy día tiene una producción absolutamente atada a las producciones de entonces. No obstante, el encargado de dicha tarea fue nuestro querido Teddy Bautista, fruto de lo cuál les recomiendo que busquen en la red y prueben a comparar.
A día de hoy Pablo Abraira sigue estando bastante puesto al día. El hombre ha podido recomponer su perfil y, si bien nunca volverá a disfrutar del éxito masivo, sigue teniendo una legión de fieles que siguen su carrera. De hecho, es prácticamente el único que tiene una web oficial más o menos actualizada, con fotografías, links, y sección de descargas. Lo único es que ya de bigote y melena queda bastante poco.
LOS SENSIBLES. Dícese de todos los galanazos que no tenían un físico como para ir presumiendo, por lo que tenían que optar por una estrategia cariñosa, como de mejor amigo; sus canciones no hablan tanto de sexo sino de sentimientos. Vamos, lo que viene siendo el pagafantismo desde que se inventó. En todo caso, sus canciones de amor iban directas al corazón y consiguieron llegar al público con dispares resultados.
Juan Bau
Si hoy día recordamos a este hombre no es por sus canciones ni por su talento. Miren su look.

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No, no es Judd Nelson con peluca. Es Juan Bau. Valenciano de origen, lo que le supuso verse definido por la prensa como el enésimo sucesor de Nino Bravo, tenía un buen vozarrón. No obstante, imaginamos que sufrió el síndrome de Sansón, y el día que le cortaron la melena no volvió a ser el mismo.
Coincide con el resto de galanes de segunda en su vocación one-hit-wonder (tema ya tratado en la virucom), ya que su única canción recordada por los que vivieron esta época es “La Estrella de David” (un tema que al que escribe estas líneas siempre le hizo mucha ilusión ya que hay pocas canciones que incluyan el nombre de uno…), balada de altos vuelos que cuenta una historia triste sobre una mujer judía y enamorada, que se despide de su amor mientras éste emprende un viaje a la tierra prometida. Aquí pueden catar el tema, aunque el directo deja al descubierto las carencias de Juan.

Es difícil que semejante apología de la fundación del estado israelí generara simpatía en la actual juventud española, tan solidaria con la causa palestina y siempre dispuesta a arrojar piedras a la embajada israelí. Pero en 1973 todavía teníamos cuentas pendientes con el mundo árabe (en lucha por los terrenos subsaharianos) y las parejas apoyaron esta balada, que se convirtió en uno de los principales éxitos de ese año.
Micky
Personaje mediocre hasta la extenuación -aunque siempre cumplidor-, se hizo famoso en los albores del poprock local, siendo el líder y cantante del grupo fundador del rock tuno, Micky y los Tonys. Dicho grupo se caracterizaba porque “eran unos cachondos” y hacían canciones como la terrible “No sé nadar”. Creemos que la mala consideración que tenía el rock entre los jerarcas del Movimiento se debía fundamentalmente a los bailes de Micky, que se suponía encarnaba el espíritu de los jóvenes yeyés y claro, a ver qué persona de bien no considera un fantoche a alguien como esto:

En cuanto comenzaron a aparecer grupos que dejaban claro que lo de Micky y los Tonys tenía más que ver con Los 4 de la Torre que con el pop, Micky se lanzó a por la carrera en solitario, como lo intentaron casi todos los frontman de la época. Contrariamente a lo que uno podía esperar, obtuvo una repercusión aún mayor que en su época de saltimbanqui. Su hit «El niño de la armónica» fue traducido a cuatro idiomas y llegó a ser número uno en varios países de centroeuropa, como pasaría años después con otros saltimbanquis maños.

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Micky tuvo una carrera bastante exitosa, representando a España en Eurovisión con «Enséñame a cantar» y haciendo un papel digno. No obstante, para Micky fue difícil hacerse un hueco entre tanto hombretón de pelo en pecho, y quitando un par de canciones con cierta repercusión enseguida tuvo que retirarse del panorama. No obstante, a mediados de los 90 volvió a salir a menudo en televisión, gracias al elevado número de concursos que requerían a famosos para participar. Y estuvo también en ese experimento llamado Mágicos 60 con el que viejas glorias de los 70 intentaron pagar sus facturas. Su perfil de graciosito que conquistaba a las chicas gracias a su frescura tuvo utilidad a largo plazo y aún hoy día hay madres que dicen «Qué majo era Micky».

Mochi
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O Juan Erasmo Mochi, siendo más exactos. Este muchachote, nacido en Ibiza, fue uno de los cantantes más atractivos que dió la década de los 70. Comenzando su carrera como presentador del famoso programa «Escala en hi-fi», en el que una serie de actores interpretaban playbacks de canciones populares, Mochi empezó a labrarse las simpatías de la audiencia, con su aspecto de chaval guapete recién llegado del pueblo.

Fruto del éxito del programa, que según la wikipedia fue el show musical de más éxito en la historia de España, el mundo del cine «se interesa por Él» (la mayúscula también es de la wiki). Protagonizó varias películas siendo la más popular «Megatón Yé-Yé», una película aburrídisima que narra las desventuras de unos jóvenes chavales intentando alcanzar la gloria (entre los cuales también se encontraba Micky, por cierto). Durante la década de los 70 protagonizará bastantes éxitos en diversos festivales, ganando incluso el Festival de Benidorm, en la época en la que ganar esto era como hoy día quedar segundo en OT.
A nivel popular Mochi conseguirá muchos éxitos, tanto como compositor (escribiendo para gente como Nino Bravo o Julio Iglesias) e interpretando hits veraniegos como Mami Panchita o El Lagartija. No obstante su mejor canción es «Un camino hacia el amor», de la que no hemos podido encontrar interpretación en directo. Pero les dejo con «¿Qué hay en tu mirada?», otra de esas canciones lentas que podría interpretar Bertín Osborne y que, para no variar, tienen coros femeninos por doquier.

Leer la biografía de Erasmo por la red no tiene desperdicio, ya que, como tantas estrellas de la época, describen sus trabajos actuales como si fuera un material auténticamente esperado por el gran público, tal y como puede que ocurriera algún día. Otro rasgo importante es que muchos de ellos acaban editando discos para la SGAE, en el marco de la Fundación Autor, imaginamos que como muestra de agradecimiento por todos los servicios prestados a la hora de llevar divisas a la organización vía derechos de autor.
José Vélez:
Qué decirles de José Vélez. Tal vez una de las figuras más peculiares del mundo de la canción cantada en castellano. Muchos de los lectores a lo mejor no le conocen, pero sí conocen a su alter ego creado por Arús…Pepe Gáfez. Aunque cabe reseñar que dicha imitación no hacía más que inspirarse lejanamente en el bardo para crear el personaje canario, dentudo y gafe. El mal fario de José viene de la época de Eurovisión, ya que en su actuación hubo un pequeño percance con las luces (saltaron los plomos) y con la música (con fallo técnico por medio).

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El caso es que el carisma de José Vélez era difícil de encontrar desde una perspectiva no postmoderna. Si bien es cierto que es el cantante melódico con un mayor número de hits indiscutibles, físicamente era extraño, extrañísimo. Un Freddie Mercury canarión, o un Horacio Pinchadiscos humano, que interpretaba canciones con un gran sentido de la épica. La mayor parte de sus canciones evocaban cierto escape de la vida rutinaria, amores internacionales mediante. Mi preferida en este sentido es «Vino Griego»:

Si les ha llamado la atención, no se pierdan el vídeo de «Bailemos un vals», que también tiene tela. En fin, la carrera de José Vélez, para variar, declinó con la llegada de los 80; por lo tanto, emprendió el camino habitual de todo galán melódico: Sudamérica. Allí siguió editanto discos hasta que el pobre tuvo un pequeño infarto que le hizo estar unos años fuera de la circulación. No obstante, hace bien poco, en el año 2005 celebró sus 30 años en la profesión, 19 discos de platino y 32 de oro delante. Pero aún así, la memoria popular lo recordará siempre como un bicho raro, un nombre al que citar de broma o de imitar diciendo «qué mala suerte, chato».
LOS INTRUSOS: como decíamos al principio, el predominio de los cantantes en las listas hizo arrimarse a este campo a muchas figuras procedentes de otros terrenos que también querían su ración de éxito ante la audiencia femenina. Vamos, lo que intentó Jesulín veinte años después con los resultados conocidos por todos.
Pepe Domingo Castaño
Uno de los principales culpables de que hoy día el periodismo deportivo parezca un trabajo realizado por universitarios bebiendo cerveza en el bar de ICADE, y que desarrolló una carrera exitosa como periodista a la vez que quiso labrarse un futuro como cantante melódico. Son numerosas las canciones que se pueden encontrar por la red de Pepe, aunque mi preferida es «Neniña», y que llegó a ser número en el top 40 nacional.

Hay que reconocer que, aún figurando en nuestro listado como intruso, la carrera como cantante de Pepe Domingo no fue algo puntual para aprovechar el tirón mediático. Puede que nuestra generación le conozca sobre todo por «Venga un purito» y expresiones similares, pero como se describe en su myspace (que sí que sí, que tiene myspace): «Su carrera discográfica ha sido y es importante». Desde aquí les invito a que echen un ojo a «Mariquilla» o «Motivos», canciones respetables y en su mayoría registradas en vídeo por el recientemente desaparecido Valerio Lazarov. Fruto de lo cual, como imaginan, dichos vídeos no tienen desperdicio.

Paco Valladares
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Popularmente conocido como “La Paca”, colaborador habitual de Mª Teresa Campos, presentador de “Que viva la copla”…y actor solvente en los Estudios Uno. Paco, o Francisco, como se le conocía en la época, intentó pegar el salto al mundo del pop melódico con “Mónica”, balada en la onda de Manolo Otero que apenas puede tildarse de mediocre. Imaginamos que si su perfil no hubiera sido tan gay-friendly hubiera tenido mayor tirón entre la muchachada setentera, pero no se dio el caso. Aquí les colgamos el tema, ripeado de un Éxitos CBS.

Pasado el tiempo Paco pudo ver cumplido su sueño gracias a la Campos y sus especiales navideños, en los que los colaboradores del programa matinal le daban duro al sonido programado. Y Paco, con ese aire elegante y distinguido, era el que más brillaba vestido de mujer.

Fernando Fernán Gómez:
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Seguramente el nombre que menos se podían esperar dentro de este listado. El caso es que al abuelo le engañaron cuando todavía tenía una edad sexualmente activa para que aprovechara su voz cavernosa, y lo hizo a través de «Aún vivo para el amor».

En la línea de canciones susurradas acompañadas de coros femeninos, Fernando soltaba una perorata sin mucho sentido cuya única finalidad era erotizar a la audiencia. ¿El problema? Que los oyentes del momento no podían escuchar a la voz sin recordar sus papeles en Balarrasa, La Venganza de Don Mendo o Pim Pam Pum Fuego. Para la audiencia de nuestra generación, el problema es mayor, ya que no podemos evitar imaginarle profiriendo expresiones malsonantes mientras los esputos salpican su blanca barba. En todo caso, sirva este recuerdo para homenajear al bardo y recordar su fabulosa multidisciplinariedad, que nos ha brindado cosas como esta.
Epílogo
Y la verdad, nos dejamos muchos más cantantes en el tintero. Desde el canario Braulio (otro que llegó a representar a España en Eurovisión) hasta Danny Daniel y su Vals de las Mariposas. Todos ellos tuvieron sus minutitos de gloria, y quizá lo tengan aquí en un posible futuro artículo. Olvidados por las radios y marginados porque las mujeres no hacen blogs nostálgicos, recordemos que, un día, dominaron el mundo. Y lo volverán a hacer, cuando las estrellas estén alineadas.