Trataremos hoy un episodio realmente vergonzoso de los malditos 80, directamente relacionado con el despertar acné-pajillero y con el hambre de pornografía que sufría una nación. Las protagonistas de los sueños húmedos de los camioneros residentes en Cazuelilla de la montaña fueron estas pseudo-artistas tetonas, que asolaron revistas de papel couché barato y televisiones a finales de los ochenta. Ahora, desde aquí, haremos un especial de todas ellas, pasando por su esperpéntica carrera artística y sus dotes calenturientas para tanto adolescente.

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Pasando totalmente por alto su valía musical, que para qué decir, bien poco importaba y siempre dependía de los productores de marras que cogieran por banda –posiblemente en todos los sentidos- a nuestras heroínas, la “Guerra de las Tetas”, como así denominaremos a este especial, tuvo momentos álgidos como la casi llegada a tribunales entre Cavagna y Salerno por la verisimilitud de sus pechos o el especial de Televisión Española organizado por el inefable José Luis Moreno para hacerlas actuar una tras otra por delante de nuestros ojos en un hito para la caspa televisiva nacional.

Sabrina Salerno, reina de corazones.
Y como no iba a ser de otra manera, había que empezar por la más grande: esa chupa de cuero, esa mirada medio-bizca, esas cejas abundantes y esas areolas como mortadelas, por increíble que parezca, nos provocaron buenas dosis de placer seminal, quién no sabe ya que me refiero a Sabrina Salerno.



Sabrina Salerno fue la primera que, en mitad de una actuación en TV, guiñó un pezón al personal y desde entonces otras muchas trataron de emular el hecho, si no en un escenario (sólo la increíble Ángela Cavagna pudo hacerlo como ya comentaremos en su minuto de gloria), sí en las revistas o posters para la habitación de muchos de nosotros: Samantha Fox, Danuta Lato (joyita a tener muy en cuenta) y nuestra representante patria Marta Sánchez, mostraron su exuberante desnudo en calendarios, Interviús, Prontos, As y demás prensa trash.
Centrándonos ya en Sabrina, comenzaremos diciendo que la chica nació en Génova en 1968, por lo que para las fechas donde nos hechizó con su famoso Boys, Boys, Boys la italiana contaba con 19 tiernos añitos tan sólo. No hay que dejar pasar por alto otro temazo con título muy acorde a las cualidades de la diva “Hot Girl”, segundo gran hitazo para ese año y que bien le sirvió para repetir su famoso bamboleo de corpiño que terminaba con una de sus glándulas. Sus ingredientes: italo / eurodisco de libro, completo con ritmo machacón, arreglos estridentes de teclados y coros asonantes. ¿Se atreverá alguien a cantarla en OT?

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Esto es lo que hemos perdido con los MP3s

La fama de su celebrado “pezonazo” televisivo, mucho más saludable y buscado que esa cutrería vivida hace poco tiempo por Janet Jackson en circunstancias bien distintas, y la sobreexposición de su videoclip de “Boys, boys, boys” con Sabrina deambulando de un lado para otro en bikini explosivo blanco por un parque acuático, le permitió posar para varias revistas en bolas (a destacar el memorable posado en Pronto bien empitonada acompañada tan sólo de una toalla de baño rosa, o el esperpéntico posado vestida con el uniforme de la selección española de fútbol para animar a la hinchada). Recuerdo por aquellos tiempos como un camión de mi barrio aparcaba cerca de mi casa y las muchas tardes o los mediodías calurosos de verano me acercaba hasta él para ver al trasluz de su luna frontal el gigantesco poster de Sabrina que llevaba el camionero colgado tras los asientos, recuerdo la foto: ella en bragas con unas botas negras a la altura de la rodilla, tremendo documento adolescente. Recuerdo como siempre miraba en todas direcciones por si venía alguien y me sacaba de ese litúrgico instante.

También tenía mi habitación llena de posters, reconozco que los principales eran de Ángela Cavagna –siempre fue mi preferida- y de Samantha Fox, pero bien recuerdo como en una esquina tenía un mini-calendario de Sabrina despechugada con un pantalón de leopardo corto y un hairstyle digno de una componente de Vixen.
Su fama en España la llevó incluso a protagonizar un videojuego programado por Ubi Soft. Yo lo adquirí en serie media para Amstrad CPC. El juego era lamentable (como la mayoría de los juegos de la época), cutrísimo, y consistía en un beat’em up horizontal donde tenías que ir acabando con ginchos barriobajeros a¡¡¡¡golpe de teta!!!!!!

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La delirante rivalidad entre las divas del seno les llevó a absurdas diatribas entre ellas, destacando afirmaciones de la genovesa con respecto a Samantha Fox tales como “La única igualdad entre Samantha y yo son los senos, yo sí canto”. Memorable, ¡nuestra heroína italiana se pensaba encima que era la nueva Nina Simone!
Por increíble que parezca, Sabrina ha seguido en activo en el mundo de la música y sigue intentando mantener su tipo con canciones como I feel love, single publicado en 2005(!), o un grandes éxitos recientes donde versionea a The Cardigans (!!!!), y su atrevimiento la ha llevado incluso al mundo del celuloide en películas como la desconocida Jolly Blue. Supongo que todo continuará en marcha mientras la gravedad lo permita. Para más información podéis visitar su página web http://www.sabrinasalerno.com
Samantha Fox, reina de diamantes.
Aun recuerdo ese póster detrás de la puerta del cuarto de uno de mis amigos. Ocupaba un lugar destacado dentro de la pléyade de tributos al heavy y a la espada y brujería. Pelo mazorca laqueado y un pequeño pañuelo eran los únicos elementos convencionales de un cuerpo de Pitufina coronado con un par de interminables kazoongas. La mirada, más propia de un peluche que de un calendario de taller mecánico. Sam Fox era otra preciosa anomalía ochentera, con una ingenuidad a reivindicar en estos tiempos de resabiados escotes-cráter a lo Kiera Knightley.

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Y estamos tan agustitoooo

A diferencia de la Salerno, que era poco más que un personaje bizarro con su mirada estrábica y sus incontrolables ubres, la Fox siempre se tomó muy en serio su carrera musical. Tras alegrar la vista de miles de lectores británicos de tabloides desde la tierna edad de diecisiete años, se puso en manos de los imprescindibles Stock Aitken Waterman. Los encargados del éxito de Kylie o Rick Astley lograron la hazaña de lograr sendos Top 5 a ambos lados del Atlántico.
«Touch Me (I Want Your Body)», sólo fue el inicio de una tremenda lista de hits como «Do Ya Do Ya (Wanna Please Me)» o el irresistible Nothing´s Gonna Stop Me Now, con un tono ciertamente melancólico del cual carecía el italo hortera de Sabri. También tenía sus truños, como la peor versión de I only wanna be with you que se recuerda. Lamentablemente, en los 90 una errónea reorientación al rock no supuso el éxito merecido para Sam.

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Su potente físico y su popularidad también le hizo participar en diversas produciones cinematográficas (incluyendo un filme en Bollywood) junto a actores como Ian Holm o Pierce Brosnan. Por supuesto, también protagonizó su propio videojuego en plena época de apogeo de los 8 Bits, en este caso, un Strip Poker que se vendió a las mil maravillas. Todo sea para ver sus tetas pixeladas en cuatricomía.
Debido a su fama, la Fox era una presencia constante en la prensa del corazón. El pánfilo de Rafi Camino se la llevó al huerto, aunque también gozaron de sus carnes rockeros como Paul Stanley. Curiosamente, tras abrazar el cristianismo actualmente está relacionada con la ex-guitarrista de Girlschool. Rafi, nunca te lo perdonaremos.

En la actualidad, Samantha sobrevive a base de actuaciones nostálgicas y apariciones en realities, lejos de sus tiempos de glamour y discos de oro, y sus únicos fans son gente como nuestro amigo Mr. Ny. El mundo gay ya la ha colocado en su panteón de divas, por tanto no es descabellado soñar con una triunfal reaparación a manos de un avispado mecenas (¿Timbaland, Mark Ronson, Rick Rubin?)que la ponga en su sitio.
Danuta Lato, reina de tréboles
En los solares donde yo solía jugar durante la merienda, de vez en cuando aparecían recortes de la revista Interviú, provenientes no se sabe de dónde. Se creaba una asociación de ideas inmediata entre el embutido de mi bocata y la diva del recorte de turno. Si Samantha Fox era pata negra y Sabrina Salerno era jamón de York, había veces que nuestra merienda se abastecía de mortadela, Danuta Lato.

En plena guerra fría, el bloque comunista era retratado con austeridad, asepsia y palidez. A nuestros ojos, los checos, polacos o rusos eran gente imperturbable, que trabajaban en frías fábricas, vestían sin estridencias y dopaban a sus deportistas. Nosotros los capitalistas éramos los buenos y allí estabaSly Stallone o cualquier otro héroe de acción peliculero. Incluso en voluptuosidad de pin ups vencíamos al bloque soviético, en el que sus mujeres eran gente fría, alejada del pelo frito y las mallas. Sin embargo, desde las mismas entrañas del Pacto de Varsovia se gestaba la aparición de una dura oponente a Sabrina Salerno y Samantha Fox, Danuta Lato, el Ivan Drago con tetas.

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Procedente de Polonia, a principios de los 80, se trasladó a la República Federal Alemana para probar fortuna en el mundo del modelaje (en revistas para caballeros) y la actuación. No le faltaban talentos a pesar de su escaso metro y medio de estatura y su mirada de cordero degollado, ya que disfrutaba de un perímetro torácico único.
Su diminuto perfil romboide necesitaba de un escenario adecuado para el lucimiento, de esta forma se corrió el rumor de que cada una de sus apariciones necesitaba de un decorado expresamente creado como un diorama para una miniatura de wargame. Su tetamen la lanzó a la fama y se convirtió en un icono hasta en Israel, donde se convirtió en una celebridad gracias a programas de cámara oculta.

Musicalmente, su éxito se prácticamente se redujo al adictivo single “Touch my heart” (gran eufemismo), perfecto exponente de ítalo disco, que la hizo pasearse por todas las televisiones europeas. Un tema que en manos de unos Modern Talking habría sido disco de platino, no dejó de ser un fugaz éxito que hizo que la carrera musical de Danuta se prolongara sólo algunos años más sin lograr ningún otro hit de consideración. Eso sí, en España si estuvo muy cerca de triunfar, gracias a, entre otras cosas, su paso por el programa (y las manos) de Javier Gurruchaga, entusiamado ante tamañas ubres más propias de una veradera freak que de una modelo.

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Morid

Es probable que su físico bizarro, el más excesivo de todas las tetudas cantantes ochenteras, pesara en su contra. Su aire decadente más propio de madame de puticlub no era plato de todos los gustos. No era un reclamo de Tele Indiscreta para el adolescente con picores que se decantaba con la cara de Nancy de Samantha Fox o el look de repetidora enrollada de 3º de BUP de Sabrina Salerno.
Es ese aire marginal y falto de glamour, junto con su desconocido paradero, lo que ha acrecentado su leyenda.
Aunque puntualmente colaboró en alguna producción televisiva tanto en su país natal como en Alemania , su rastro de desvaneció en los 90, como los solares donde aparecían sus fotos.

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La Cavagna, Reina de Picas
Angela Cavagna es un nombre que no dirá nada a muchos, pero que en este especial al paroxismo glandular tiene un lugar destacado.
Esta italiana rivalizó con Sabrina con furor por ser la sensación definitiva de esa batalla voluptuosa. Su esbelto poder mediterráneo exigía desde entonces paladares exquisitos: ella era la elegancia para el inquieto semen bisoño quinceañero.
Y contaba con un arma que no fueron capaces de explotar sus rivales: un culo de órdago del que siempre hacía gala ya fuera posando, ya fuera actuando. Así, a las claras, ella era la mujer latina perfecta para haber protagonizado cualquier devaneo carnal de Tinto Brass o Bigas Luna, sus generosas chichas bien habrían merecido el homenaje de estos gigantes fílmicos de la industria cárnica sin complejos.

Aún recuerdo su impactante presentación: su camisón amarillo, medias de rejilla y deportivas bajando por la escalinata de una sala de máquinas que emulaba el interior de un barco. No podría ser en otro entorno más casposo y excitante al tiempo, para un quinceañero lejos de dinamitar la noche: un programa decadente de Nochevieja presentado por La Trinca nada menos. Un año antes había sido la mortadela de la Salerno la que había conquistado pantalla con esa chupa heavy carpetera en TVE, pero esta vez era nada menos que una revisión en playback del “Cuando, cuando” –tiene huevos, oigan- bailado a brincos y vueltas, el que dejó ver un pezón empitonadísimo (nada que ver con la picadura de avispa en medio de una rodaja de fiambre de la cejuda Sabrina). Esos bailes horteras y esa manera de tocarse su esplendida cabellera, junto a un magreo en plano picado de su culo en primer plano, dejaban a las claras que la Cavagna pisaba fuerte aunque hubiese llegado rezagada a nuestro universo tetómano.
Ese mismo año fueron las autonómicas las que se llevaron a la Salerno para la ocasión, pero bien asegurados de que sus pechos no guiñarían un regalo al personal, al hacerla actuar con un sujetador empedrado bien ceñido que impedía cualquier salida de mama y de madre.

No tardaron en llegar portadas por estas tierras en Interviú, con esas famosas batallas entre las antiguas amigas italianas de adolescencia. Hasta fotos juntas de entonces llegaba a publicar la revista. Interiores con fotos de escándalo donde quedaba muy a las claras la superioridad de la Cavagna en su geografía corporal. Ambas debieron haberse conocido en su Génova natal. El colmo de la lucha le hizo llevar a los tribunales italianos a Sabrina acusándola de que sus pechos no eran naturales a diferencia de los suyos y que incluso llegaba a meterse algodón en los sujetadores antes de actuar (¡!). Lo más desternillante era la manera en que a los cuatro vientos se promulgaba “Artista” como si fuera, no sé,Diana Ross o Aretha Franklin. Para mearse.

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En la posterior lucha de ubres ya mencionada en anteriores artículos, dirigida por el inefable Ángel Casas en su programa de variedades, donde coincidieron aparte de ellas dos, Samantha Fox, Carmen Russo y nuestra Marta Sánchez –época tensa con la prensa en que tuvo que posar en un calendario en bolas a lo Marilyn para que no la publicaran unas fotos junto a un negro trempao a su lado- la Cavagna tuvo que grabar su actuación en distinto día al que acudía Sabrina para evitar que coincidieran juntas. Apabullante fue su vestido escarlata de terciopelo vampírico a punto de estallar a cada centímetro y cerrado en el cuello, dejando a la vista un hiperbólico escote, un paraíso sensorial donde cebar nuestra líbido adolescente. Muy pin-up 50´s. No obviemos el tema de spaghetti disco con guitarrita a lo Raúl Orellana de la época que era su tarjeta de presentación siempre: “Easy Life”, pa’ nota.

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Y como nos vino, se nos fue y se nos refugió en su Italia donde llegó a ser portada de Playboy y tener numerosas apariciones televisivas en programas concurso y demás como enfermera, azafata, hasta recientes reality-shows; en fin a cualquier palco donde ver algo de su carnal “instinto artístico”.
Su decadencia puede ser seguida, tristemente, en www.angela-cavagna.it, página donde vemos como es capaz de, casi veinte años después de estas tempestades, seguir posando con un físico irreconocible a decir verdad, lo que la convierte casi en la Axl Rose del circo pectoral.

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Píxeles como puños, tetas como cabezas de niño

Evidentemente, en la sociedad de la información pronográfica en la que vivimos, nada de esto nos impresionaría. Fíjense en el poco tirón de otras tetonas más modernas tipo Tajtiana o Sonia y Selena. Y a pesar de que algunos sientan verguenza, seguro que en el anonimato, más de uno diría «Melasfo». Y seguro que más de otro añadiría con autoridad «+1».