Antes de comenzar, me gustaría denunciar un paso que hiede a escuela de baile que tira de espaldas. Es terriblemente común en concursitos de baile de salón, y un comodín válido para cualquier ejecución, desde el tango al vals.

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En la figura 1, vemos a Dani (siempre hay uno) y María Eugenia en medio de un baile cualquiera, desde el tango al vals. De pronto, se cogen de las manos y pasamos a la figura 2, en la que se sueltan de una mano y giran hacia el jurado en esa pose tan «natural», para mostrar lo simpáticos que son, lo bien que sonríen y la buena pareja que hacen, para después ir a la figura 3, idéntica a la figura 1, que servirá para volver al baile original. Esto a los profesores de baile les debe de parecer la repanocha, y el jurado no se queja, ya que estará compuesto por otros profesores de baile (que no conciben un baile de concurso sin ese pasito), algún famosillo de clase media-baja (que completa la miseria que le pagan por asistir poniéndose como un cerdo de comer y beber, y a la hora del concurso ya no sabe ni lo que vota) y el alcalde de Torrepanocha (que no tiene ni puñetera idea y vota a la pareja con la bailarina de culo más saleroso). Pero lo que es a mí, me llega al alma que todos hagan lo mismo.
Dicho esto, pasamos al tema principal: Durante futuras entregas, me dedicaré a diseccionar las canciones con baile incorporado que se extienden raudas, como el T-Virus, y que convierten a un grupo de borrachos en una grotesca parodia de West Side Story, y a un local de inconformistas en una masa de borregos de esas que tanto critican. Qué mejor para esta prueba piloto que la madre de todos los bailes:
LOS PAJARITOS.
Lo primero que me gustaría desmentir la falsa creencia de que esta canción incorpora los versos «pajaritos por aquí, pajaritos por allá». Esto NO SE DICE NUNCA, y de hecho quienes lo cantan así, nunca saben cómo seguir y dicen «tara-rara-rara-rá» así que antes de prepararse, sacudan el telesketch mental.
Esta canción es como un compendio de la chungalera musical. Para empezar, sirvió para inmortalizar a una señora tan cutre como para elegir «María Jesús y su Acordeón» como nombre artístico (imagínense si las actrices porno empiezan a tomar ejemplo). Además, era parte del repertorio de las tentadoras músicas de las tragaperras, las cuales censuraron por incitar a la ludopatía. En cuanto a la letra, mejor no profundizar demasiado (entre otras cosas, porque no tiene más que estribillo y una estrofa por medio más bien poco inspirada). El baile, que es lo que realmente nos ocupa, tiene tanta miga que he creído oportuno servirme de unos ejemplos gráficos para enseñarles su correcta ejecución. Comencemos, pues:
Pajaritos, a bailar, cuando acabas de nacer,

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Aquí va el «paso de la vecina», así denominado porque es el predilecto de esa vecina de toda la vida que ya tenía sus añitos cuando tú empezaste párvulos, pero se empeña en bailar en tu boda y usa la misma coreografía para todas las canciones (menos cuando baila un pasodoble con tu madre). Y ojo, que es más complejo de lo que parece: acompasamos el movimiento lateral del tronco con un subir y bajar alternativo de codos (es decir, si subimos el codo derecho, nos ladeamos hacia la izquierda y viceversa), y agitamos levemente las rodillas y los pies para que la gente sepa que estamos bailando, y no intentando expulsar los gases.
tu colita has de mover.

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Como pueden ver en la imagen, este paso tiene dos variantes. La figura 1 nos muestra a Dani en la más correcta, es decir: codos hacia fuera, trasero al respingo y grácil contoneo. La figura 2 nos muestra la variante «Tío Paco», muy apreciada por gente que baila con el mismo salero que esas flores a pilas que se movían al son de las palmas (es decir: ninguno): encogiendo el cuello y agachando la cabeza, nótese que se incluyen unas gafas de sol para indicar hacia dónde mira el bailarín, movemos los codos y asentimos levemente, con lo que nos autoprovocamos la sensación de estar moviendo el trasero como los demás. Por último, la figura 3 representa una gilipollez que hace el típico chisposo de echar la espalda hacia atrás, adelantar el paquete y agitarlo para representar el chiste «mover la colita», y que nunca deberían hacer, a menos que quieran presentarse a candidatos de una hostia por parte de alguien que se haya tomado dos copas y malinterprete el gesto.
chiu, chiu, chiu, chiu

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Esta es una parte importante, pues además de simbolizar el canto de los pajaritos (desengáñense, ninguno hace pío-pío), permite cantar a esos que no se aprenden una letra de canción ni a tiros. Vemos cómo Dani dobla los codos y eleva las manos a la altura del pecho, juntando y separando las yemas de los dedos a razón de una vez por «chiu», para representar los picos de sendos pájaros recién nacidos. Si usted desoyó el consejo del paso anterior y meneó la «colita delantera», es posible que se lleve la hostia ahora, cuando el borracho le vea hacer eso, lo tome por un gesto obsceno referido a los pezones y constate que se está pasando de listo con alguna señora. Y entonces el «chiu-chiu» va a ser el de usted comiendo por una pajita el resto de su vida.
Para un pajarito ser, este baile has de bailar y a todo el mundo alegrar.
A nivel práctico, esta parte es la mejor, pues no requiere el aprendizaje de un paso nuevo. Basta con repetir el «Paso de la Vecina», detallado más arriba. A nivel artístico, la frase manda cojones. Millones de años de evolución se hubieran saltado las aves de haber conocido antes este secreto.
chiu, chiu, chiu, chiu
Más de lo mismo. No olviden sonreír en todo momento para dejar claro que están bailando voluntariamente.
El piquito has de mover
Se puede reutilizar la simbolización buco-aviar empleada en el «chiu-chiu», pero añadiéndole un suave asentimiento rítmico como si indicáramos que el «piquito» está en realidad adherido a nuestra cabeza.
y las plumas sacudir,

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Este paso supone que A: los pájaros recién nacidos tienen plumas y B: sólo las tienen en las alas. Si se preguntaban el porqué de los codos doblados a perpetuidad en este baile, ahí tienen la respuesta: llevan ustedes imitando las alas desde que empezó la música y, mientras dure el estribillo, así ha de ser. Además, que bailar con los brazos estirados es de bakalas (lo hacían así porque, a mediados de los 90, bailaban con el plumas puesto, lo cuál dificultaba la articulación del codo). En fin, como pueden ver, Dani mueve el cuerpo ligeramente arriba y abajo, flexionando levemente las rodillas, y sacude con garbo los brazos (correctamente doblados), como si acabase de descubrir que se ha aplicado por error un desodorante con alcohol.
la colita remover,
Qué manejo de las rimas: ¿A quién se le hubiera ocurrido rimar «mover» con «remover»? Repetir el paso anteriormente descrito, sólo que con más frenesí culero. Una cosa es moverlo y otra muy distinta, removerlo. Vamos, no sean tacaños.
Las rodillas doblarás, dos saltitos tú darás y volarás.
La buena de María Jesús se decide aquí por prescindir de toda metáfora y da las instrucciones claras y concisas de lo que hay que hacer, de modo que dejemos a Dani descansar, que ya ha hecho el ridículo mucho rato seguido (demasiado incluso para llamarse Dani). Después del segundo saltito, en el que los hombres pueden deleitarse con el rebote de ciertos atributos femeninos que se habían mantenido al margen del baile hasta ahora, hay que estirar los brazos (con cuidado, recuerde que está rodeado de gente que hace lo mismo a la vez que usted y pueden haber accidentes; imagínese explicando al traumatólogo el motivo de esa luxación de codo, o pidiendo disculpas a su tía Charo por tirarle las gafas de un revés), y ya está, preparado para volar durante la única estrofa de la canción en la que hay cambio de ritmo.
Es día de fiesta, baila sin parar, vamos a volar tú y yo surcando el cielo azul y el ancho mar
Esta hermosa evocación, originalmente concebida para su libre ejecución, se suele representar con una suave reinterpretación del «Paso de la Vecina», pero con los brazos extendidos como si se volase por hermosos parajes junto a María Jesús, que a saber cómo se las arregla para volar y tocar el acordeón a la vez. Aprovechen para relajarse y tomar aliento, que volvemos al ritmo rápido y ya no hay más respiros hasta el final. A propósito, como bien dice la letra, ha de ser un día de fiesta. Si usted baila esto sin motivo o en pleno día laborable, es probable que requiera atención médica urgente.
Pajaritos, a bailar, el más joven saltará, el mayor se moverá, chiu-chiu-chiu-chiu
Dado que no hay tiempo material para realizar una encuesta personalizada y determinar cuál de sus compañeros de baile es el de más edad y cuál el de menos, a menos que lo tengan previamente ensayado lo mejor será que cada uno haga lo que le dé la gana, a su propio arbitrio. Eso sí, si pasa usted de los cuarenta y cinco años, haga el favor de no saltar, aunque sea por decencia. Si no sabe a qué grupo pertenece, y como María Jesús no da instrucciones para casos dudosos, lo mejor es quedarse totalmente quieto hasta que llegue el «chiu-chiu».
No hemos terminado aún, bailaremos sin parar hasta la noche acabar, chiu-chiu-chiu-chiu
Gracias a Dios, el primer verso es independiente de los demás. Si uno tuviera ya no que bailar, sino que escuchar esta canción durante varias horas seguidas, perdería la razón mucho antes del amanecer. En cuanto a los que en el anterior paso eligieron sin dudar «moverse» en lugar de «saltar», lo más seguro es que dentro de cuatro canciones icen la bandera blanca. De cualquier modo, si usted quiere utilizar los pasos aquí indicados para el resto de canciones, nadie se lo impide, excepto por supuesto el sentido común o el borracho, que aún está a tiempo de calzarle un torniscón por pasarse de listo, en general.
Después viene un repaso de la fiel representación de un pájaro recién salido del huevo con la que, si siguió esta guía paso por paso, deleitó al personal antes de echar a volar. Sólo nos queda desearle un feliz vuelo y recordarle que estamos a su disposición en www.vueling.com, haga click y elija su próximo destino.