¿Cómo? No han tenido bastante de la semana Rambo? ¿No están hasta las narices de Charlies, infiernos y piernas? Yo sí. Pero en los días previos a la semana surgieron ideas y se localizaron y escasearon imágenes que no he podido utilizar en las otras entradas. Así que como último cartucho, y antes de la obligatoria crítica de la película, sirvan estas pequeñas cápsulas como última puntilla que atestiguan el inmenso impacto de la saga en la cultura pop mundial.

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Las Rambo Parodias

Desde Argentina nos llegó Rambito y Rambón, primera misión, de una comicidad semejante a la de El equipo Aaggh! de Ozores. Imagínense  «Juanito Navarro y Quique Camoiras en la mili” y se aproximarán bastante. Un lector nos apuntó la existencia de Tambo, desde México que no llegamos a ver aquí. Pero el referente ochenteno de las parodias llevaba el sello Made in Filipinas, la mítica Johnny Tang-o Rambo, un auténtico taquillaza de la época que, no sé por qué, me da a mí que si la vemos hoy nos cagamos en la madre que parió a Redford White, que hizo otro montón de parodias a cada cual más penosa.

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La canción Rambo de La orquesta Mondragón

Un single del grupo de Gurruchaga que no tuvo demasiado tirón, pero que a mí me encantaba. Incluído en su exitoso Ellos las prefieren gordas, contaban con un enanito disfrazado de Rambo para sus actuaciones en TV, con músculos de goma. Lo más alucinante es averiguar el trío de ases que se reunió para componer este tema de techno glam 80’s: Joaquin Sabina, Antonio Carmona y el propio Gurruchaga: lo mejor de nuestra música. A ver si se la canta Serrat en la gira esa que hacen juntos Sabina y él. Un recuerdo desde aquí al tema homónimo de Wednesday13 o las referencias que les dedicaba Objetivo Birmania. Y no nos olvidemos del Masacre y aniquilación de La trinca, el mejor tributo a las macho-movies jamás grabado.

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Rambo – Gizmo

Entrañable escena en la que un icono 80’s rendía homenaje a otro, en una escena que destacaba en ese festival de guiños que era Gremlins II. El pequeño Gizmo decidía combatir a sus hermanos malvados e, inspirado por la proyección de una película de Stallone, se “convertía en guerra” y se armaba con arco y flechas de ventosa, listo para la acción. Alguno dirá que el muñeco era repelente, pero quien diga eso no tiene alma ni corazón. Viva Gizmo y la madre que le parió.

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Petkovic

Jugador del Madrid de escaso recuerdo, era apodado Rambo por un ligero parecido con Sylverster S. Digo yo.  Lo más paradójico es que venía de jugar con los rusos, con el Estrella roja de Belgrado, concretamente, cuando  llegó a Madrid en 1995.  ¿No le tendrían que haber llamado, por lo tanto, Soviet, la Respuesta? Será que quedaba largo.

Petkovic fue uno de tantos fichajes nefasto de la época, cuyo rendimiento fue escasísimo: marcó un gol y jugó 8 partidos.  Pasó por Racing y Sevilla, donde no hizo nada y  de él nunca más se supo hasta que se inventó internet, gracias al cual sabemos que en Brasil se infló a meter goles y aún está en activo, con 37 años. Se ve que el clima brasileño hizo que, ahora sí, sintiera las piernas.

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Kane Roberts

Musculado guitarrista jebi que acompañó a Alice Cooper en dos discos flojos flojos. Para llamar la atención (que para eso tocaba rock) se buscó una imagen diferenciadora. Y ¿qué hay más diferenciador que imitar?. Así que se puso una cinta en el pelo y se fabrico una ridícula guitarra – metralleta y hala, a llenar pabellones por todo Illinois. Tras dejar el grupo de Cooper (al cual aún le quedaba lo peor) sacó dos trabajos con retales de discos de Bon Jovi y de él nunca más se supo. Bueno sí, pero a nadie le importaba.

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Ikari Warriors

Para el que esto subscribe, el mejor juego a lo Rambo de la época, que ya es decir. El Ikari, que en mi casa era una palabra esdrújula, era uno de los juegos favoritos de mi tío Pepe y nos acompañó en muchas tardes de verano. El juego de Elite mejoraba y ampliaba el ya de por si adictivo Commando, añadiéndole variedad de niveles, la posibilidad de lanzar granadas y subirse a tanques y, atención, jugar a dobles. Ideal para pasarse horas y horas enganchado pegando tiros. Un juego para hombres. También hay que agradecer a John Rambo su papel de influencia en cosas títulos como Metal Slug o Metal Gear Solid. O igual soy yo, que ya veo Rambos por todas partes.

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Ramb-oooh, la versión porno

Con Peter North a la cabeza, este díptico triple X pretendía atraer a los incautos clientes del videoclub con la promesa de acción y sexo. En ambos casos, la promesa no se cumplía del todo. La acción era ortopédica y el sexo poco excitante, y no hacía ninguna gracia. Una de las versiones porno más aburridas que recuerdo. Al menos su secuela tenía más gracia, y unas chicas bastante más atractivas, al menos desde mi punto de vista. Tampoco fue la única, ojo, pero si la más exitosa.

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Porrambo


Antes de Urrialde, en España ya nos reíamos también del matacharlies favorito del mundo. Porrambo aparecía en el Mortadelo de Ediciones B, aquel con Alfalfo Romeo y Los especialistas. Creado por Marko, no es sino en uno más en una larga tradición, la de los Torrentes, Superlópez y Don Quijotes, netamente hispana. Nunca logró el estatus de estrella o la popularidad de otros personajes de la época, pero como han demostrado los lectores de esta web, se le recuerda con cariño. Claro que vosotros sois capaces de soltar un “que nostalgia” hasta por el atentado del Hipercor. Porrambo estaba destinado en Vietnam, aunque más de vacaciones que de otra cosa, ante su escasa actitud guerrera. Le acompañaba un perro blanco y dos charlies que se dedicaban a hacerle la puñeta de mil maneras. La mejor aportación española al mito.

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Hot Shots II

Porque es mejor secuela de Rambo que Rambo III, y mejor parodia de todas las aquí vistas. Un carrusel de disparates que uno no puede dejarde ver cada vez que la ponen en TV. Un mundo sin Hot Shots II es un mundo mucho más triste, y Charlie Sheen está fenómeno en su papel de Topper, ahora reconvertido en guerrillero de la jungla. Las dos parte de Hot Shots es lo mejor que ha hecho Sheen en toda su puta vida. Y por aquella época, se tiraba a Ginger Lyn.  Chocolate, lacasitos… ¡me encantaste en Wall Street!.
Y ahora me disculpan, pero después de tanto jaleo, creo que ha llegado el momento de escaparme al cine a ver la película.