Corre por ahí un archivo de esos “cachondos”, de esos que te acaban llegando cinco veces por parte de personas diferentes o lees en el blog de un colega de la facultad, recopilando supuestos títulos de películas porno, Debemos dejar constancia de que el 50% de dichos títulos son inventados. No amigos, jamás existio un MI2: Pollón imposible. Ni un Eduardo Manospajeras. Por muy gracioso que suene. Pero sí existió un Eduardo Manospenes, es más: se rodó toda una trilogía de “parodias” de la película flojeras de Tim Burton.

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Eduardo Manospenes contó con Paul Norman al frente, prolífico director porno que durante un tiempo le dio por hace películas de fenómenos, falsos, desgraciadamente, ya que utilizaba prótesis para simular falsos freaks. Obviamente, los miembros que otorgan su nombre a Edu son falsos: se trata de dos dildos acoplados a las muñecas del actor. Dicho actor resultó ser Sikki Nixx, popular pene de alquiler de principios de los 90. Su nombre artístico ha dado lugar a que el protagonismo de las películas fuera atribuído a Nikki Sixx, el bajista de los Motley Crüe, e incluso, en un acto ya de despiste total, a Tommy Lee, batería del mismo grupo. Más o menos como cuando decían que South Park era del creador de los Simpsons.

 

La primera parte de la trilogía comienza de manera inolvidable: los créditos se suceden sobre una pantalla de presentación con un castillo, cuya resolución y colores desvela que los productores apenas contaban con tarjeta Hércules en su PC. La acción arranca cuando una joven (Alexandra Quinn ),vendedera de consoladores a domicilio, llega a dicho “castillo”, en realidad una especie de fábrica vieja, y se encuentra a Eduardo, sólo y abandonado. Al ver los pollones que rematan sus brazos, la chica se pone cachonda y se lo monta ahí mismo con él. Como son las tías: ya puedes ser un buen partido, guapo y simpático, que cuando ven a un tío con pollas en las manos en un sitio lleno de mierda, se lían a chuparlas y se despelotan a las primeras de cambio.

No ansiarse

No ansiarse

Alexandra (que por cierto, demuestra en la anterior escena una enorme flexibilidad) se lleva a casa a Eduardo, entusiasmada. Mientras éste se acomoda, la hija de la anfitriona (la gran Jeanna Fine) y una amiga le roban la maleta con su mágica mercancía y se lo montan en una escena sin chica ni limoná. Tras la sesión de sexo lésbisco, Jeanna descubre a Eduardo por error, y chilla aterrorizada. Cosa normal, pues sus muñones dan peor rollo que el video de Arlequín y Tamara. El resto de la familia le acoje encantado, aunque eso sí, el padre se niega a darle la mano.

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No es el único problema que tiene nuestro amigo. Comer para él es un suplicio, al no poder usar los tenedores tiene que comer con las pollas. Por si fuera poco, la hija sigue pensando que nuestro protagonista es un horror. En cambio, las dos mejores clientes de su madre (al loro: mejores clientes de una vendedora de vibradores) están entusiasmadas con el muchacho y sus apéndices. A la que Alexandra se descuida hacen que Edu les de un repaso simultáneo a sus respectivos bajos, eso sí, sin que éste abandone su impasible rictus. Hay que decir que la interpretación de Sikki no desmerece la de Johhny Depp en el film original, pues pone la misma cara de palo cuando el guión lo exige y el mismo careto de cordero degollado que Deep cuando el director se lo solicita. Que maestro, el tío.

 
 

 

Tras un polvete de relleno entre la descubridora del fenómeno y su marido nos acercamos a la conclusión de la historia. Eduardo, enamorado de Jeanna, se masturba en la soledad de su habitación y, abrumado ante la imposibilidad de su amor, huye a su antiguo castillo, para olvidar el dolor. La demostración de sensibilidad de la criatura termina por conmover a la joven, quien busca y encuentra a Manospenes para protagonizar una emocionante escena. La bella amada de nuestro amigo bailará gozosa bajo una lluvia de (falso) esperma proveniente de los cañones de Eduardo, igual que Wynona lo hacía bajo la nieve en la película original. El coito posterior entre bella y monstruo no es nada del otro mundo, incluso da algo de grima por el uso de los enormes dildos, pero pone un apropiado punto y final a la película.

Se fue, su sonrisa de fábula

Se fue, su sonrisa de fábula

Hay que destacar la voluntad del filme en imitar la estructura, escenas y personajes del film que parodia. No es que le pongan mucho empeño, que esto es porno 90s al fin y al cabo, pero al menos se consigue transmitir familiaridad con el material que le sirve de base, y hay un par de escenas que son genuinamente graciosas. Jeanna Fine está muy desaprovechada, faltando años para dar lo mejor de si, en su reaparición del 97. En todo caso y a pesar de ser un porno flojete pero simpático, el éxito fue tal que pronto aparecieron no una sino… ¡dos secuelas! que completarían una trilogía como pocas se han visto en el mundo del entretenimiento para adultos.

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Su primera secuela, Eduardo ManosPenes 2, fue maltratada en nuestro país, omitiendo las voces en off (que explicaban que Jenna se fue a Europa dejando a solo a Eduardo ), y sustituyendo los gemidos y diálogos durante el sexo por una horrible música incidental. ¡Menuda vaguería!

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En fin, como os hemos comentado, nuestro sosias de Robert Smith favorito ha vuelto a su “castillo” (que ahora es una pintura en lugar de una imagen por ordenador). Esta vez quien la encuentra es una agente de artistas, que no duda en poner en buen uso sus peculiares extremidades. Por algún motivo, está convencida de que Eduardo puede ser una gran estrella, y pone todos sus recursos para conseguirlo (lo mismo pasó con Lydia, la cantante aquella de Leganés, que miren como acabó). Y con éxito: tras tirárselo, se convierte en una celebridad de un día para otro, y su extraño careto adorna la portada de revistas por todo el país, mientras se suceden los papeles en diferentes películas, como le pasó a Iñigo de Gran Hermano. La cosa va viento en popa.

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De hecho, va demasiado bien. Porque un par de actores están celosos del éxito de Eduardo (¿serán españoles?) y la atención que le otorga su agente, la cual comparten. Y en lugar de abrir un blog o protestar en foro, como hace todo el mundo, se ponen a conspirar contra Eduardo. Así que tras un polvete que acaba con un one-liner de impresión (“Me ha encantado tu coño”), deciden comenzar la trama para hundirle, tan sencilla como la El caso del bacalao. Dos putillas se encargarán de llevarlo por los turbios caminos de la droga. Así que mientras las taladra, las dos zorripainas descubren a Manospenes el mundo de la coca. Eduardo hará caso omiso al Maldita Droga de Los chichos se dejará “corrucir” fácilmente, cual marbellí un sábado noche.

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El nuevo estilo de vida de Eduardo se cobra su precio: llega tarde a los rodajes, es borde y mal educado, se gasta todo su dinero en coca, no trempa… Parece un promotor inmobiliario. Al final su agente es incapaz de conseguirle más trabajos y Eduardo se ve de nuevo en la calle. Solo. Arruinado. Dos jóvenes ( T.T. Boy y KC Williams ) le descubren hecho todo un “perdedor”, currando recogiendo papeles con un palo (trabajo al cual aquí se presentarían 5000 opositores) y le desean lo mejor en su triste nuevo oficio. Tras apiadarse del carablanca, celebran el no encontrarse ellos en semejante situación con un coito rutinario cual chiste de Padre de Familia .

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Que apropiado que al final de un porno extrafálico haya anuncios de coches

Y hasta aquí puedo leer de la secuela. Porque mi VHS se corta en este punto para dar paso a una «video-revista de automovilismo”de cuando se llevaba el Renault noseque y aquello de los JASPS . Lo peor es que tiene pinta de venir así de factoría. Ya os dije que la edición era bastante descuidada. Pero tranquilos, porque nos queda la tercera parte de la trilogía, donde, curiosamente, el personaje pasa a llamarse Eduardo Penestijeras, a pesar de no poseer un miembro cortante en su entrepierna ni nada parecido. ¿Se lo imaginan? ¡Glups!

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Atención al reflejo del espajo.

 

Esta tercera parte se caracteriza por su carácter crepúscular: nos volvemos encontrar a Manospenes, pero ahora en su versión futura, viejo y cansado, quien se dedica a recordar, melancólico, sus antiguas novias y a rememorar los errores que cometió en su vida. Hay que destacar que dos actores diferentes se encargarán de interpretar a Manospenes, siendo Fred J, Lincoln , de mayor edad, el que hará las veces de Manospenes adulto y el habitual Sikki Nixx el que protagoniza los flashbacks durante la juventud de nuestro protagonista. Un tipo de atención al detalle que no se suele dar en muchas parodias.

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El personaje se presenta con un afectado monólogo, recitado por un sorprendente Lincoln demostrando ser un actor bastante más convincente que Eduardo Noriega: no en vano el tipo tuvo papeles en cine convencional. Bueno, tan convencional como pueda ser La última casa a la izquierda. El primer flashback se lo dedica a una de sus novias, que gustaba de jugar con Edu al billar. Como este no tiene manos con las que coger el taco, decide meter las bolas a base de manospollazos. A la chica le hace gracia el asunto y toma la iniciativa para ser penetrada sobre la mesa, idea que parece le excita bastante. No nos estrañaría vela algún día en el Todos a cien ése.

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Esta primera escena contrasta con la segunda viñeta, un insulso encuentro lésbico que Eduardo afirma haber presenciado en su juventud. Luego va el tío y repite la tontería voyeur recordando metraje (que tiene toda la pinta de ser “de archivo”) con KC Williams (otra vez) y Buck Adams . Este polvete tiene poco que ver con la historia que nos cuentan, y nos lo encasquetan argumentando que Manospe “no conoció el amor”, a diferencia de la joven pareja humana. Lo mejor es que aquí los dobladores empiezan a desfasar cosa mala y a decir todo tipo de paridas, para descojone del espectador español.

Un par de muesras:

-Te voy a meter los huevos, los cataplines
-Sí, golpéame con tu polla
-Te voy a golpear, ¡pero en la cabeza!

o

-Trágatela entera, ahógate
-Oooooh, que contundente
-¿Qué has dicho?

Desde aquí mandamos un afectuoso abrazo a los dobladores de las películas pornos por su poco reconocida labor creativa, que tantas alegrías nos ha dado.

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Con este calor quién dice que no a un Pirulo

La tercera escena es una de las mejores escenas de toda la trilogía, con la única doble penetración (a una misma mujer, se entiende) que veremos en las tres películas, una idea poco aprovechada dado el talante jovial y ligero que buscaba Paul Thomas. Samantha York , la afortunada, le pone bastantes ganas, cosa que se agradece en estos pornos de principios de los 90 tan rutinarios. Y para rematar la cinta, un polvete de la gran Madison, una de las grandes de principios de los 80, y otra chica con el viejo Eduardo, para poner punto y final a la película y a la trilogía de una manera bastante divertida, gracias a las ganas que le pone la morena angelina.

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Ninguna de las tres películas es especialmente recomendable. Como parodias, no son lo suficientemente graciosas, aunque tienen momentos, especialmente la primera parte. Como porno, son totalmente descafeinadas. Evidentemente, las estrellas aquí son los brazopollas del siniestrucho éste que se introducen por cavidades orales y vaginales, que no anales, en el 50% de las escenas de sexo. El problema es que pasan de dar algo de asco, que tampoco está mal a, directamente, indiferencia, ante la poca osadía e imaginación del director a la hora de idear usos para semejantes apéndices.

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Siempre es verano con un rabo en la mano

 

Tras el éxito de estas cintas, Thomas llevaría mucho más lejos su obsesión por las prótesis en sus siguientes películas, llegando a unir a dos mujeres por la cintura en un film de falsas mellizas que de momento nos negamos a ver. Honestamente, pensamos que lo mejor de su producción lo tuvimos en estas tres granzas de películas, poco recomendables para practicar el onanismo pero disfrutables en alguna fiesta ,o incluso en alguna discoteca siniestra llena de clones del propio Eduardo, pero sin las manos y sin capacidad de reirse de si mismos. Seguro que a tu amiga, la del corse rojo oscuro que se declara bisexual en su Myspace (una vez se dio un beso con su amiga en la pista del Seis), le hace mucha gracia cuando la ve por el rabillo del ojo, mientras suena New Order a todo trapo.