Las otras canciones de mi 1995: pop languido, cantaditas y rock de mullet

cardigans

Lo del podcast anual de viajes al pasado de Campamento Krypton se ha convertido en una bonita tradición: en esta ocasión, junto a mis compañeros repasamos lo que dio de si el año 1995, a todos los niveles, pero especialmente en cine y música.

Y ahí es donde me di cuenta de que el podcast se nos quedaba corto, cortísimo. Quizá fue porque fue uno de los primeros años en los que empezaba a escuchar música con asiduidad, pero tengo un montón de discos que me gustaban que no pude comentar. Claro: en el programa hablamos de Pulp, de Whigfield, de Blind Guardian, de Green Day y de los megamixes de Laura Pauisini, Scatman… pero viendo las listas de lo que sonaba en la época, me quedaron demasiadas cosas en el tintero.

Por ejemplo, el ‘Swagger‘ de Gun fue todo un pelotazo injustamente ninguneado en internet dado que las ventas del grupo se centraron en Europa. Tenía grabado este disco en una cassette que quemé de tanto escucharla. Su éxito en UK propició que la cover de ‘Word Up’ fue número 1 en Los 40 principales, lo que le garantizó un montón de difusión al grupo. El chiringuito se les desmontó rápido con el siguiente disco, pero durante 15 minutos fueron los putos amos. Al menos entre mi grupo de rol.

Otro que descubrí posteriormente es el ‘A tale of gin of salvation‘ de The Loveless. Aquí estaba Jonathan Daniel, el bajista y principal compositor de Candy, que grabaron uno de mis discos favoritos de la historia. Algún día escribiré algo sobre ellos porque me parecen increíbles: esta continuación contiene canciones igualmente emocionantes. Me da rabia no haber podido escribirlas yo.  The Loveless nunca grabaron nada más y de hecho, Jonathan dejó de escribir canciones y se dedicó a ser manager. Decir “pena” se queda corto: el talento de este tío era INMENSO.

También era el año en que The Cardigans empezaban a sonar, y nunca han hecho una canción que me gustara tanto como Carnival, que me sonaba siempre con partes raras (ese puente)… Los bailes de Nina me resultaban hipnóticos: hubiera sido una gran Bets Draper. Luego vinieron discos muchísimos más vendedores y hits conocidos por todos, y dejaron de lado las producciones a lo easy-listening 60s. Nunca me gustaron tanto como en 1995.

¡Meat Loaf volvía! Y como casi siempre, un disco sin Jim Steinman contenía muchísimo relleno. Pero me daba igual: yo era fans, lo compré religiosamente y escuché hasta aburrirme el pastiche que Diana Warren compuso para recordar al sonido bombástico de los Bat out of hell que tanto me gustaban. Por cierto, el Indiana Jones del vídeo me recuerda muchísimo a Cristopher Clark. Ojalá fuera él.

El techno elegante de Sparks, y su maravilloso videoclip de ‘So when do I get to sing my way’ me fascinaban: eran totalmente diferentes al resto de música electróncia que ponían constantemente en la VIVA. Durante los primeros meses de 1995, este single lo petó en Alemania, y por lo tanto, en mi casa, puesto que estaba todo el santo día viendo la dichosa televisión musical alemana. Años después mi amigo Alberto Díaz me hizo confirmar que lo de este grupo era de otra galaxias. Auténticos idolazos.

Todo lo contrario era el ‘I want to be a hippy’ de los efímeros Technohead. Esto ya era “bakalao”, que le decía todo el mundo. Un estilo que me  daba vergüenza reconocer que me gustaba.

Este temazo de Nightcrawlers (de los que hablé hace 50 mil años) también sonó que daba gusto. Era un coñazo ver el videoclip porque era todo el puto rato lo mismo: en clubs me imagino que tenía que molar mazo. Lo único que te llamaba la atención es la peñita que salía, un grupo de supuestos clubbers que, a mis ojos, parecían auténticos extraterrestres. A mis ojos y, me parece a mí, a la de la mayoría del personal, por mucha marcha que tuvieran.

The Connells fueron un grupo de esos que suenan en las radios universitarias de los EEUU, todo un subgénero en si mismo. Si no recuerdo mal, aquí sus discos los distribuía Caroline, pero nunca me animé a pillar ninguno, a pesar de lo que me gustaba este temazo, que contaba con un videoclip fascinante sobre como habían envecido los chicos de esa clase del 74-75. Gracias al clip, estos tipos se encontraron con que estaban vendiendo paladas de discos en Europa. Menos en España, claro. Como curiosidad, a un chico de mi club de rol le empezamos a llamar “el SeventyFour” por su parecido al cantante del grupo, ahí con esas gafillas…

Y cierro este pequeño repaso con el ‘Rumba Total’, que tenía que haber estado en el programa y se nos pasó. Más que por la música, por las tremendas imitaciones de Nuñez y Mendoza y los descacharrantes anuncios al más puro estilo ‘Al Ataque’. Que podía haber tenido un megamix guapo, guapo. Nos conformamos con este maravilloso menjunje de rumbitas a ritmo de chunda chunda, puro delirio 90s.

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Me dejo muchísimas cosas, sobre todo en cuestión de Eurodance: amaba odiar a Corona y Pharao. Al año siguiente, llegaría ya el Caribe Mix y el ‘rise of the latinajos’ en cuestión de pachangitas, que haría retroceder un poquito a las cantadita. Eso sí: aún quedaba por llegar el Son Goku Makinero que tanto nos gustó en su momento.

No quiero dejar de recomendar un libro que me vino bastante bien para documentarme: No me toques los 90, de Mike Medianoche. Su aparición me vino que ni pintada para poder refrescar la memoria de cara al podcast, y recordar también alguna cosilla que se había olvidado. El bueno de Mike Medianoche centra con mucho acierto su libro en lo que pasaba en España a todos los niveles: música, cine, sociedad, juguetes, modas… En su libro, Camela tiene bastante más importancia que Pearl Jam, y las Cacao Maravillao prevalecen ante los Power Rangers. Y eso está bien. Un regalo magnífico para los noventeros que llevan ustedes dentro: viru-recomendado.

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