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Muy bien, el inglés será útil en caso de que viajemos a un país extranjero. Pero seamos sinceros: ¿cuántos de nosotros viajamos a un país extranjero? ¿Cuántas veces en nuestra vida vamos más lejos de Candanchú? ¿Y cuántas de esas veces necesitaremos valernos por nosotros mismos? En todo caso, con tener una pequeña guía de conversación nos basta. ¿O es que los extranjeros son tan cabrones que no te ponen un café a menos que lo pidas con la frase completa y perfectamente construida? Va, hombre, si con “coffee, milk” y un par de gestos de pulgar señalando a una taza vacía y a tu boca, se entiende perfectamente. Lo mismo para preguntar por una dirección, ¿para qué te vas a molestar en intentar comprender las indicaciones verbales de una persona, si de todos modos se va a girar hacia la dirección y va a empezar a divagar, moviendo las manos a izquierda y derecha, trazando un mapa que SÓLO VA A VER CLARO ÉL, hable el idioma que hable?
Está la posibilidad de no ser nosotros quienes vamos al extranjero, sino al revés. Teniendo en cuenta que la mayoría de extranjeros que viene a nuestro país no habla inglés – muchos hablan algo que siempre parece polaco, los sudamericanos hablan español y los africanos y marroquíes suelen hablar francés -, nos quedan los amigos y vecinos de la Europa central y ese bloque de cemento llamado Norteamérica, es decir, una inmensa minoría. ¿Y cuántos de ellos se paran a aprender perfectamente nuestro idioma? ¡¡Al contrario, tenemos que ser nosotros quienes sepamos inglés!! ¡¡Y encima, nos esforzamos!! “Rait… tu de left… and den, yul sí de… de… me cago en la mar, cómo se dice teatro real, Edu?“Royal Zíter” Venga, coño, que aprendan español ellos. Encima que vienen de turistas, se lo vas a dar todo hecho. Y si no quieren aprender, que se procuren un mapa y vayan mirando los nombres de las calles, que no me tengo por qué saber Madrid al dedillo y en bilingüe.
Otra opción a la guía de conversación es aprenderse las palabras o frases más comunes. Así, uno se puede procurar más de esas divertidas anécdotas de viajes con las que ilustrar un blog (miren a Patch, por ejemplo, la de años que lleva explotando el filón), cosas como “y sólo sabíamos decir tu de naspari joutel, plis”. Y todos se reirán. Bien sabido es que las anécdotas divertidas que nos hacen quedar como el simpático tontuelo nos procuran las atenciones del sexo opuesto. Pongamos de nuevo un ejemplo extranjero, el de las intrépidas rumanas que no necesitan gran control del idioma para hacerse entender con su impecable: “Buenos día, siñora, siñore, soy una refuyíata de la Bosniasarayevo, siñora, siñore…”. Y se podrían ahorrar el esfuerzo del discurso, que desde que las ves entrar no dudas que van a pedir dinero. De ahí que hayan optado por abandonar el sermón y armar el numerito cómico de la asociación de sordomudos, y lo único que hagan es plantarte un papel en la cara, la mano extendida, y sonreír. El resultado es el mismo.
Vale, estamos de acuerdo en que es el idioma de los negocios, pero ¿de qué negocios? Porque cuando se terminen los puestos de alto ejecutivo, habrá que empezar a llenar los demás, y la utilidad que da a sus nociones idiomáticas un reponedor de Caprabo digamos que no hacen precisamente rentable aquel cursillo atorrante o el viaje a Londres para «practicar inglés» que se pegan algunos a costa de sus padres.
Cierto, amplía la cultura más allá de los caprichos de los editores patrios. No nos engañemos, en esta era de enfermedad tecnológica, hasta la película o serie más petardera acaba llegando subtitulada o doblada (y total, los juegos de mesa los traduce El Viejo Tercio). Si no es por profesionales (incluso los que tradujeron el Final Fantasy VII), es por gente a la que le viene de perlas, para presumir en un foro, el haber subtitulado el episodio de Héroes en que Peter Petrelli absorbe los poderes de Superlópez. De modo que respire hondo, crúcese de brazos y permita que sean los demás los que traducen, ya que al fin y al cabo hay un buen porrón de cosas más útiles que podríamos hacer por nosotros mismos y las dejamos en manos de abogados, fontaneros, asistentas y demás. Como dijo el sabio Homer J. Simpson: “¿Es que no puede hacerlo otro?” Ah, claro, siempre está el que dice que lo ve sin subtitular. Sí, sin ir más lejos mi primo es campeón de castilla de Versión Original sin Subtítulos, el rey le ayudó a cambiar la rueda al coche y vio a Alejandro Sanz en urgencias.
¿Para qué molestarse en aprender un idioma que se adapta al nuestro día a día? Hay tanto anglicismo resultante del mundillo tecnológico (lol se m reseteo l pc voy a scandisk y defrag / puto camper cheeto looser noob), de la horterada castiza (paty+dani 4ever / paty y debo the best) o del Síndrome de Dover (cualquier cosa en inglés suena mejor: “Die Hard”, “Evil Dead”, “Venom”, etc.) que ya lo usan hasta las abuelas. Las palabras y expresiones que de aquí a un par de años nutrirán el diccionario a costa de condenar al desuso a unas nueve o diez palabras por anglicismo, véase “extraño, peculiar, particular, extravagante, raro, asombroso, nostálgico, divertido, infantilón, obsesionado” = “friki”, no necesitan de conocimiento previo del inglés, al igual que utilizamos palabras con raíz latina, griega o árabe y no todos sabemos de dónde provienen. Y los que lo saben, quedan de un pedante que da asco.
En suma, que el inglés ya no vale ni para molar mucho, dado que el japonés se ha alzado con el título de “idioma guay por excelencia”, y un tatuaje con una palabra en inglés queda de pena, de macarra trasnochado, frente a la típica parrafada japonesa (a veces reducida a una sola letra). Por lo demás, para la convivencia/negocios en nuestro país, definitivamente serán mucho más útiles otros idiomas: el español (versión castellana o sudamericana, o la mayoría de lenguas peninsulares, que suelen ser lo mismo pero quitando o cambiando un par de letras en cada palabra para que parezca otro idioma), el rumano y la mencionada especie de polaco petrovko que sólo podemos calificar sin miedo a error como “idioma europeo oriental».
Además,cualquiera que haya presentado un curriculum sabe que el español nace de serie con «Inglés nivel medio hablado y escrito». Confórmense con ello, que la avaricia rompe el saco.