Pesadilla en Elm Street 2

Estamos en el año 1985: el cine de
terror está monopolizado por los asesinos enmascarados,
fríos, metódicos y silenciosos… ¿Todo?
¡No! Pues un personaje, vestido de vivos colores,
amante del humor negro e indudablemente creativo a la
hora de despanzurrar jovenzuelos, resiste todavía
en la estantería del videoclub, entre las ya cuatro
entregas de Viernes 13 (y siendo la quinta inminente…
las hacían como churros, y ese es precisamente
el resultado: unos churros de mucho cuidado) y las tres
de la malograda Halloween…

Tras la excelente acogida entre el público de
Pesadilla en Elm Street (1984), los directivos
de New Line Cinema, que hasta entonces se habían
dedicado a poco más que sacar fotos de sus propios
pies (lo que hoy se conoce como "fotoblog"),
tuvieron un sueño en el que un símbolo del
dólar saltaba a la comba al ritmo de "uno,
dos, Freddy viene a por ti…" y decidieron que,
ya que iba a venir a por ellos, lo hiciera con un pan
bajo el brazo. Sin contar del reparto original más
que con Robert Englund, dejando a un lado a Wes Craven
y sentando a dirigir a Jack Sholder (responsable
de la entretenida "Solos en la Oscuridad",
con Dwight Schtulz Murdock del Equipo
A
– haciendo de psiquiatra asediado por una panda
de maníacos psicópatas), se dio luz verde
a un guión que, según su propio autor (un
tal David Chaskin, qué apellido tan apropiado),
nunca se tomó en serio. Esta segunda parte, lejos
de profundizar en el personaje y explicarnos cómo
consiguió Freddy volver de la tumba y colarse en
las pesadillas de los hijos de sus verdugos (ya que si
esta es la tónica general, los hijos de Farruquito
lo van a pasar mal…), lo que hizo fue apostarse por
una aventura interactiva, en la que, a fuerza de tonterías,
el público creyera que en realidad no se encontraban
en el cine, sino en un mal sueño del que no podían
despertar.

Todo empieza en un autobús escolar, por lo que
popularmente se conoce a esta película como "La
del autobús" (siendo este un elemento clave
de la portada en vídeo, para terminar de confundirnos
a todos), que es como llamar a En Busca del Arca Perdida
"la del mono". En él vemos a Jesse Walsh
(Mark Patton), un joven con peinado "lametón
de vaca" rodeado de varios y escandalosos adolescentes
de veinticinco años. El autobús acelera
a lo bestia y se sale del camino, yendo a parar a un desierto
de esos que cualquiera que haya atravesado Castilla en
coche ha visto durante horas. He aquí que el suelo
comienza a derrumbarse y el conductor, que resulta ser
Freddy (¡oh, sorpresa!), está a punto de
hacerlos a todos sopa de juliana… Entonces, nuestro
héroe despierta con gran alivio tanto para él
como para nosotros, al comprobar que ese peinado horrible
formaba parte de la pesadilla y no lo volverá a
lucir en el resto de película.

Conozcamos ahora al resto de chavalería: Lisa
(Kim Myers, que también sale en "Hellraiser
4
", qué carrerón), una niña
rica que resultará tener un gran peso en la historia
por varias razones, siendo una de ellas que se da un aire
a Freddy y durante toda la película te estás
esperando que de pronto se descojone, saque las garras
y haga picadillo a Jesse, algo que desgraciadamente no
pasa. Grady (Robert Rusler), el típico moreno-cachitas-chulillo,
del que Jesse se hace amigo durante un castigo por parte
del entrenador Schneider (quien, como no podía
ser de otra forma, es un cabrón que se dedica a
putearlos de mala manera, sobre todo con flexiones); Grady
será quien revele a Jesse (y al público)
que la casa a la que el chico se ha mudado era la de Nancy,
una chica que se volvió loca porque vio cómo
mataban a su novio (el gran debut de Johnny Depp).
Por último, está Kerry (Sydney Walsh), una
amiga de Lisa, que lleva el papel más importante
en una peli de estas características: la jovenzuela
desenfadada.

Esa noche, Jesse vuelve a tener pesadillas: el extraño
hombre con sombrero (¿os habéis planteado
alguna vez por qué lleva Freddy sombrero? Mi teoría
es que es exclusivamente para dar mal rollo) ha vuelto
a aparecerse, y tras encender un acogedor fuego y acariciarle
la cara, le dice que le necesita ("Queer as Folk",
allá vamos). Hay un trabajito especial que hacer…
Jesse tiene el cuerpo y Freddy el cerebro… Total,
que la peli lleva quince minutos, Freddy ha salido dos
veces y todavía no ha muerto nadie. Apasionante.

Al día siguiente Lisa y él encuentran el
diario de Nancy, la chica que según la leyenda
se volvió loca. En él habla de Freddy, de
cómo se ha ido cargando a sus amigos en las pesadillas
y de que va a intentar pararle los pies. Y así
en un par de plumerazos termina cualquier otra conexión
con la película interior; vamos, que si hubieran
encontrado "Pesadilla en Elm Street" en VHS
y leído la sinopsis de la caja habría sido
lo mismo. Por cierto, pegando la cara a la pantalla y
haciendo piruetas con el powerdvd me ha parecido
ver que las páginas del diario están en
blanco. Espero haber visto mal.

Otra noche, otra pesadilla: Jesse encuentra en el sótano,
envuelto en trapos, el guante de Freddy; este último
se aparece con una risotada y le dice que se lo pruebe
a ver si es de su talla. Por si las pistas recibidas durante
la casi media hora de película que llevamos no
eran suficientes, y confirmando los peores temores de
la audencia… Freddy le dice a Jesse "¡Mata
por mí!"

Atención, llegamos a la parte en que la película
pasa de ser un tostón infumable a un auténtico
ejercicio de idas de perola, a cuál mayor. Para
empezar, y sin estar soñando ni nada (con lo que
el estupor nos inunda), uno de los periquitos de la familia
Walsh enloquece y mata al otro, poniéndose después
a revolotear por la habitación hasta que, finalmente,
ESTALLA EN LLAMAS. Como bien es sabido que en el cine
de terror los adultos siempre buscan explicaciones razonables
para todo (como "ha sido el viento", "malditos
niñatos con sus bromas" o "por supuesto
que no hay un asesino, está claro que Karen estaba
fregando ese cuchillo, se tropezó y se cayó
encima de él… seis veces"), el señor
Walsh echa la culpa primero a un escape de gas (seguro
que los canarios de los mineros también estallaban),
y luego acusa a Jesse de haber perpetrado una broma perversa
con petardos. Si la intención del guionista era
hacer quedar al buen hombre como un idiota, Aprobado Magna
Cum Laude.

Esa noche, Jesse va a pasear bajo la lluvia y acaba en
un bar llamado "Don’s Place", que entre el nombre,
la localización y la clientela tiene toda la pinta
de ser una fase del Renegade o el Final Fight.
¿Y a quién se encuentra allí? ¿A
Freddy? NOOOO, ni más ni menos que al entrenador
Schneider (quien, por cierto, es el malo de "Los
Gemelos Golpean Dos Veces"
) vestido de cuero
y con muñequeras de pinchos, que se lo lleva al
gimnasio del colegio a correr unas vueltecitas. OK, hasta
aquí todo bien; al fin y al cabo los sueños
son así de raros, yo una vez soñé
que abría un yogur y dentro estaba Mayra Gómez
Kemp
presentando el "Un, Dos, Tres". Comienza
el terror, pero oh sorpresa, no para el chico, sino para…
¡el entrenador! Unas combas se enrollan solas en
sus muñecas y lo arrastran hasta la ducha, donde
un aterrorizado Jesse presencia el siguiente espectáculo:
el entrenador en pelotas recibiendo zurriagazos en el
culo por parte de unas toallas que también se mueven
solas. El vapor inunda la sala, y surge Freddy para rematar
la faena. El vapor retrocede y Jesse comprueba para su
horror que es él quien lleva la garra y quien,
por ende, ha matado al entrenador. La policía lo
lleva a su casa envuelto en una manta, diciendo que lo
han encontrado desnudo en la carretera (seguro que Christian
Slater
vivió esta situación muchas veces).
El entrenador aparece realmente muerto en las duchas,
con lo cual todas las bases asociadas a Freddy Krueger
se van al cuerno: en lugar de matar a los chicos en sus
sueños, "posee" a uno para matar a un
tipo que ni es adolescente ni está dormido (del
tema del bar de cuero mejor no hablar). Por tanto, empezamos
a plantearnos si la venganza de Freddy de la que hace
gala el título no será tanto con los hijos
de sus verdugos en Elm Street como con los fans de la
primera película.

Jesse visitará con Lisa el cuarto de calderas
en que Krueger fue quemado vivo, con la absurda idea de
que "sentirá algo" (aunque la utilidad
de esto no nos queda muy clara), y como excusa para un
susto cutre (un armario misterioso en el que resulta haber
una simple rata) y de paso explicar otra vez lo que ya
sabemos: que Freddy era un asesino de niños y tal.
A punto de cargarse a su propia hermana, Jesse decide
no dormir nunca más y así poner freno a
las muertes.

Lisa da una fiesta en su piscina y todo el mundo está
invitado. Grady no podrá ir, pues está catigado
porque por su culpa su abuela se cayó por las escaleras
(y si no es cierto, es la mejor excusa que he oído
en mi vida; úsenla, amigos). Jesse, claro, no está
disfrutando mucho, y Lisa le intenta animar en la caseta
de la piscina, pasando a la escena obligatoria de sexo,
que se verá truncada de una forma asombrosa: suponiendo
que, presa del gustillo, Jesse se haya quedado dormido,
le sale una lengua de dos palmos que se cuela por el canalillo
de la chica (intentando repetir la gracia de la primera
peli, cuando Freddy saca la lengua por el teléfono
y le dice a Nancy "Ahora yo soy tu novio").
El chico, presa del pánico, sale escopeteado y
se va a casa de Grady, a quien pide que por favor lo vigile
mientras duerme, y que si pasa algo raro lo despierte.
Como es de esperar, poco después aparece Freddy
ya en pleno esplendor, sacudiéndose a Jesse de
encima (como si llevara puesto un traje de Jesse, jooo-jooo,
que dirían en Men in Black), y tras cargarse
al pobre Grady, pasamos al plato fuerte: caos en la fiesta
de Lisa.

La piscina se pone a hervir (y al final estalla en llamas,
para no ser menos que los periquitos), las salchichas
explotan, las cervezas se abren solas y Freddy hace su
entrada triunfal (por cierto, con las garras saliéndole
directamente de los dedos, ya ni guante ni nada), cepillándose
a un puñado de chavalucos, mientras una aterrorizada
Lisa le grita a Jesse que luche, que se libre de la posesión,
que el poder de Cristo le obliga y que le devuelva el
disco de Duran Duran que le prestó hace
un mes. Sacando fuerzas de su amor por ella, Jesse-Freddy
consigue no matarla, y se larga. Todas las muertes que
se han ahorrado en una hora nos las dan ahora a tanta
velocidad que resultan ridículas, precipitadas
y caóticas en el mal sentido de la palabra. Para
el recuerdo el tío que intenta parlamentar con
Freddy en plan negociador de la policía ("Todo
va a ir bien… estoy aquí para ayudarte…"
"Ayúdate tú, gilipollas" le suelta
Krueger antes de lanzarlo por los aires).

Lisa, siguiendo su intuición femenina (me imagino),
va al cuarto de calderas en el que Freddy muriese años
atrás, aún convencida de que puede salvar
a Jesse de su posesión o al menos recuperar el
disco de Duran Duran. La chica suelta el típico
discurso "Él es más fuerte que tú,
me lo llevaré de aquí y tú te irás
al infierno, hijo de puta" y como colofón
planta al monstruo un beso en los morros, lo que conlleva
que este pierda el control sobre sí mismo o algo
así, porque empieza a arder; cuando el fuego se
apaga, de los restos carbonizados de Freddy surge Jesse
sano y salvo. El triunfo del amor verdadero (¡ha
dicho "farolero"!)

Como epílogo, vemos de nuevo el autobús
escolar (que como habéis visto tiene un gran peso
en la historia). Jesse, recuperado de sus heridas y feliz,
sube y se encuentra con Lisa y Kerry (¿os acordáis
de ella? Ya os dije que tenía un papel muy importante).
Se sienten felices y dicharacheros. Entonces, Jesse advierte
que el autobús acelera… pero son sólo
imaginaciones suyas. Kerry le recuerda que todo ha terminado…
décimas de segundo antes de que el brazo de Freddy
la atraviese, ante los espantados gritos de sus dos amigos
y el llanto desconsolado de quienes pensamos que la figura
más prometedora del cine de terror se iba al cuerno.

By Wally Week


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