Alfred Hitchcock presenta: LOS TRES INVESTIGADORES

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Hay
tres cosas que, fruto de la corriente anglófila,
todo niño de los 80 ha querido ser: miembro de
un club (como la Monster Squad o Los Goonies),
dueño de un refugio secreto ultra-la-leche (como
la Batcueva o el Furgón de El Dioni)
y detective (como Sherlock Holmes o el Profesor
Mandarino
). Y estas eran tres cosas que los héroes
juveniles de los que voy a hablar reunían. Comencemos
por la tarjeta de visita, una cartulina verde que los
lectores conocíamos bien y cuya aparición
esperábamos con sonrisa de complicidad:

LOS
TRES INVESTIGADORES
"Lo investigamos todo"
???

Primer Investigador
…… Júpiter Jones
Segundo Investigador ……. Pete Crenshaw
Tercer Investigador …….. Bob Andrews

Júpiter
Jones,
el orondo jefe a quien las ilustraciones interiores
de las novelas, que de las portadas era mejor no fiarse, representaban
con una camisa hawaiana, la prenda favorita de los gordos
americanos (Sloth quiere a Gordi), era el
cerebro del equipo, muy observador y estaba dotado de
una gran agilidad mental. Lo típico, atributos
físicos bajos, atributos mentales altos. De pequeño
fue un niño televisivo, a quien se conocía
como Bebé Gordito, lo cuál suponía
un trauma para él (normal, habría que ver
al que hacía del abominable Richie en Cosas
de Casa
la cara que pone al verse ahora). Por
si eso fuera poco, era huérfano, lo cuál no es de extrañar,
si mis padres me llamaran Júpiter los hubiera matado.
Vivía en una chatarrería propiedad de
sus tíos, que le trataban estupendamente, algo
impensable hoy, en pleno reinado de J. K. Rowling.

Pete Crenshaw
era el cachitas del grupo, y como tal era el más
zopenco de los tres, aunque sin llegar al nivel de Averell
Dalton
; los tópicos de siempre, los fuertes
son tontos y los débiles listos. Cuando había
una persecución, siempre era él el que corría
tras el fugitivo, y tal vez por eso era siempre el primero
al que atrapaban los malos, teniendo que rescatarle, por
turno, una vez Júpiter y otra vez Bob. Si al final
de cada novela Pete hubiera protagonizado un miniepisodio
educativo sobre por qué hay que decirles a tus
padres la verdad o mirar a ambos lados de la calle al
cruzar, a nadie nos habría extrañado. Dado
que vivían en Rocky Beach, California, no
resulta difícil imaginarse al bueno de Pete como
el típico surfero chuleta en plan A.C. Slater,
que participa en Los Tres Investigadores para hacerle
la rosca a los listos del colegio y que le hagan los deberes.

Bob Andrews,
también llamado Archivos (como siempre los personajes
con gafas tienen motes imbéciles, como CD, PC,
Database
o el gordo de Nada es para Siempre,
que se llamaba Máximo, lo cuál constituye
un mote por sí mismo), era el encargado de investigación
periodística, lo que hoy en día supone hablar
con un par de mataos y que te cuenten con quién
se ha visto a Lara Dibildos, y también hemerotecas, bibliotecas
y todo eso que en los juegos de rol se resume con un par
de tiradas de REUNIR INFORMACIÓN. Pese a
que era un chico bastante atlético, para que no
hiciera sombra a Pete durante las primeras historias y
nos diera tiempo a cogerle cariño, al pobre Bob
le metieron un aparato en la pierna debido a un accidente
de esquí, escalada o parando un frasco de cristal
con el pie en la ducha, como Cañizares.
Nadie se reía de sus gafas porque el puteado del
grupo era Júpiter, estableciendo así la
jerarquía: el sobrepeso es el rey de los defectos,
por encima de la miopía.

La chatarrería
Jones (bautizada como "Patio Salvaje" para que
parezca más molongo) era la excusa perfecta para
proveer a los chavales de un auténtico equipo detectivesco,
a pesar de que todos creíamos que con una lupa,
unas pinzas y el libro Cómo Hacer de Detective
de la Colección Ideas – de Bombero, sin
duda -íbamos a llenar Alcalá Meco de
maleantes. Contaban con teléfono y contestador, cacharros
para revelar fotos, microscopios, laboratorios de análisis
y un Spectrum sin tiempo de espera en las cargas.

Todo esto ya
era la leche de por sí, pero lo que ya lo convertía
en el verdadero Olimpo era su ubicación: EL CUARTEL
GENERAL, un viejo remolque alrededor del cuál los
chavales habían ido amontonando chatarra hasta
que los tíos de Júpiter, habían "olvidado"
que estaba allí (recurso similar al "No se
sabe cómo, escapó" que usan en las
pelis). Aquello suponía un refugio para los chicos,
que hasta sus propios padres desconocían (estupendo:
si un día se derrumba la chatarra encima de ellos,
tras dos angustiosas semanas de búsqueda a sus
padres les daría por mirar allí y se los
encontrarían más secos que una bacalada).
Para no perdérselas eran las cuatro puertas de
acceso que el lumbreras de Júpiter había
creado:

La Puerta
Verde
(si o preguntabais qué había tras
esa puerta, ya lo sabéis) y la Puerta Roja de
Robert
o Puerta Roja Pirata. Ambas ocultas
tras sendos dibujos (un naufragio y un incendio, respectivamente…
qué chicos tan siniestros) se abrían tirando
de un nudo disimulado en la madera. Lo de pirata no lo
entendí nunca; a lo mejor se habían bajado
la puerta del emule o algo así. El Túnel
Dos. El camino más secreto y también el
más incómodo, por tanto el más utilizado:
en una maniobra que Lance Henriksen emularía en
ALIENS, nuestros amigos retiraban una rejilla de hierro
tras la cual había un tubo, conectado directamente
con el remolque. Lo que en las novelas se resumía
en una frase corta, en la realidad debía de suponer
minutos de larga y angustiosa tortura para el pobre Júpiter.
Los Tres Tranquilos. Esta era la puerta más sosa
y menos utilizada. Tan sólo cuando necesitaban
entrar al cuartel con urgencia (a cagar, probablemente)
lo usaban, y en todas las novelas que cayeron en mis manos
creo que la mencionaban un par de veces. Básicamente
era una puerta vieja con una llave escondida por ahí,
idea copiada del castizo felpudo con llave debajo.

Los interrogantes
de la tarjeta, otro punto obligatorio en las novelas,
eran su símbolo (como la Z del Zorro o las
tetas en las pelis de Pajares), que usaban para
indicar su paso por algún lugar (una suerte de
"Pete Was Here", en caso de haberse separado.
Para ello, contaban cada uno con un trozo de yeso (blanco
para Jupe, azul para Pete, verde para Bob), porque no
todo iban a ser cacharros de última generación.
Ya hubiera sonado a rechifla que tuvieran rastreadores
electrónicos como los que se sacaron de la manga
los guionistas de Spiderman cuando empezó
a darles vergüenza abusar del sentido arácnido.

Como "solo
no puedes, con amigos sí", los héroes
de Rocky Beach contaban con un elenco de aliados envidiable.
Así, los hermanos bávaros Hans y Konrad,
que además de trabajar en el Patio Salvaje acompañaban
a los chicos cuando había que repartir estopa en
plan Bud Spencer. Worthington, el chófer
del Rolls del que Júpiter había ganado el
derecho a disfrutar por un año (aunque más
adelante un cliente satisfecho se ofrecería a pagárselo
por tiempo indefinido; más o menos como Richard
Gere
en Pretty Woman) en un concurso
de esos de adivinar el número exacto de judías
en un tarro (y no esa mierda de minimotos que regalan
aquí), aportaba algunas leches de vez en cuando
(una especie de invocación del Final Fantasy:
llega, zurra y se larga).

Reynolds,
el jefe de policía, una suerte de comisario Lestrade
sin mayor relevancia. Los padres de Pete y Bob, que hacían
lo que suelen hacer los padres arquetípicos: dar
buenos consejos, llevar en coche a sus hijos y hacerles
bocadillos, además de dar con la clave del misterio
involuntariamente las más de las veces.
Y
ya para rematar, la colaboración desinteresada
de TODOS y cada uno de los niños de Rocky Beach,
que constituían una red de informadores equiparable
a los "Bajos Fondos" de Mortadelo, en
lo que llamaban la "Transmisión Fantasma a
Fantasma" (el nombre hoy se puede aplicar a la conversación
de los dos típicos canis que intercambian informaciones
como cuántas tías se ha cepillado cada uno
en el trimestre o la velocidad que ha llegado a coger
su coche atuneado).

Las aventuras,
siempre "misterios", solían incorporar
algo tradicionalmente siniestro (Misterio de la
Isla del Esqueleto
), o bien extraño (Misterio
del Loro Tartamudo
), o bien ambos (Misterio
del Éxito de Cradle of Filth
). Como suele
pasar, los títulos cumplían la función
"llamada de atención", y en muy pocas
ocasiones el título era verdaderamente representativo.
Además, todas las apariciones terroríficas
(como el Caballo Decapitado, la Calavera Parlante
o Olympia Dukakis) eran siempre fruto del scoobydooísmo,
es decir, un disfraz, truco mecánico o eléctrico,
o que mediante claroscuros y sombras, una bicicleta vieja
puede parecer un mastín esquelético que
gruñe "Take me on" de
A-ha
cada viernes por la noche.

La línea
argumental partía, por lo general, de una de estas
bases: Un anuncio en el periódico, un amigo de
un amigo necesita ayuda o los Investigadores se cruzan
con algo sospechoso por pura casualidad (el llamado "Efecto
Se Ha Escrito un Crimen
"; vamos, como para
coger el mismo tren que la señorita Fletcher,
cualquiera se arriesga…). Después, empiezan
las pesquisas y el malo (que suele ser un malo per sé,
rara vez el malo era uno haciéndose pasar por bueno)
los amenaza con que si no dejan de entrometerse, va a
haber lugumba. Siguen las investigaciones, e inevitablemente
uno o dos de los chicos desaparecen (capítulo que
en un arranque de originalidad solía llamarse "¡Prisioneros!"
o "¡Encerrados!"). Hay forcejeo,
son liberados, y llegando al desenlace, cuando todo está
claro para Júpiter, hay una persecución
en la noche y llegamos al inevitable final feliz, ese
que en la tele termina con todos riéndose y EXECUTIVE
PRODUCERS sobreimpreso en la pantalla. Seguro que lo malos
lo hubieran conseguido, de no ser por esos mocosos entrometidos
y su chófer.

Aunque lo he
ido posponiendo, era inevitable hablar de otro gordo famoso
que hacía las delicias de nosotros, los lectores:
Alfred Hitchcock, a quien las portadas de las ediciones
españolas representaban con una cara de suplicio
que te daba penita el pobre hombre. Su nombre, que aparecía
más grande que el de los propios investigadores,
servía de reclamo a saber para quién, ya
que los niños tampoco nos dejábamos deslumbrar
por ese nombre que nos daba más o menos igual (si
hubiera sido Mr. T...). El bueno de Alfred, como
ya hiciera en "Alfred Hitchcock presenta…",
tenía a su cargo la introducción de cada
libro (o sea, lo que la mayoría nos saltamos) y
siempre aparecía en el último capítulo
para que los Tres Investigadores le explicaran el caso
(lo utilizaban para atar todos los cabos sueltos y de
paso que Júpiter todavía se regodeara más
en su perspicacia, y en que aún hay tíos
más gordos que él).

No obstante,
el director nunca tuvo una participación real en
el tema, sino que simplemente consentía (y "si
consiente no es delito", como ya sabemos…) que
usaran su nombre (más que nada porque no se cree
el rey del mambo, como Almodóvar), durante
las treinta primeras novelas. A la muerte del director,
y como signo de respeto, el personaje fue cambiado por
el escritor ficticio Héctor Sebastián
(Mastropiero), aunque en España parece ser
que los editores no se leían las novelas y seguían
sacando a Hitchcock en la portada, consiguiendo que el
que no supiera nada de la serie y cogiera un libro cualquiera
a partir del 31 ("Misterio del Mendigo de la Cara
Cortada", qué forma de decir que tiene una
cicatriz), se preguntara qué coño tenía
que ver Hitchcock en la ecuación (más o
menos lo que Salma Hayek en "El Mexicano").

El éxito
de los Tres Investigadores se tradujo en 43 novelas (1964-1987),
de las cuales sólo 10 pertenecían a William
Arthur,
el creador (ay de quien crea que Matt Groening
todavía tiene algo que ver con Los Simpson), repartiéndose
el resto entre William Arden (pseudónimo
del escritor Dennis Lynds, mediocre autor de novelas de
misterio) y M.V. Carey. Otros escritores realizaron
sus aportaciones, como el tal Nick West (que se
podía haber dedicado a hacer caricaturas en la
Plaza Mayor), autor de dos de las peores entregas (Misterio
del Dragón y Misterio del León Nervioso,
la pesadilla de Ángel Cristo) y Marc Brandel ya
hacia el final de la saga, con tres novelas que no me
leí (y es que vaya títulos: "Misterio
de la Paloma Mensajera", "Misterio de la Ballena
Secuestrada"…).

Tras la publicación
en 1987 del "Misterio del Coleccionista Cascarrabias"
(que es el que se escandaliza si alguien lee los tebeos,
en lugar de guardarlos intactos en una bolsa de plástico),
y con algunas apariciones en la saga "Elige tu
propio misterio
" (¿Quieres que Bob se
limpie las gafas? Pasa a la página 32), se decidió
jubilar a los tres héroes.
Dos
años después, con los tres chicos jugando
al tute tranquilamente en su residencia, el desalmado
William Arden (que se debía de estar muriendo de
hambre), los metió en una francachela bautizada
"Crimebusters" (1989-1990) que fue dando
tumbos durante once libros (con poquísima gracia,
la verdad) hasta estrellarse antes del lanzamiento de
la duodécima aventura (que se llamaba "Lavado
de Cerebro
" y se rumorea que utilizaba técnicas
sectarias para ganar lectores de forma oscura). En Alemania,
motivados por el heroicismo patrio (y ario) que representaban
los hermanos Hans y Konrad y las aventuras de Júpiter,
Pete, y Bob continuaron, en exclusiva para este país,
hasta 1998 (debe ser que en Alemania no hay Play Station),
alcanzando la friolera de 84 libros, lo que nos hace pensar
que los alemanes tratan por todos los medios de compensar
la quema de libros durante el III Reich.

Como para la
mayoría de los mortales los Tres Investigadores
desaparecieron en 1987, sólo nos queda de ellos
un nostálgico recuerdo (y en mi caso, más
de la mitad de los libros, herencia de mi hermano; no
sólo iba a servir para tirarse pedos en mi cara
y encerrarme en el baño a oscuras diciendo "uuuh,
que viene Freddyyyyy"). Aparte de eso, nada. Ni sangre,
ni Dallas&#133

27 thoughts on “Alfred Hitchcock presenta: LOS TRES INVESTIGADORES

  • Saludos
    Menudos recuerdos me traen estas novelas. Te hacían soñar. ¿A que te imaginabas a tí mismo de jarana con ellos?
    Hoy nos pueden parecer las tramas muy ingenuas pero ¿qué le vamos a hacer?
    Si en un castillo se hablara de fantasmas eso garantizaría una invasión del mismo en lugar de alejar a curiosos. Seguro que el Penumbra de turno llevaría a las agencias de inmediato.
    Yo me he leido las 43 primeras y 2 de las de “Los Tres Investigadores necesitan tu ayuda”. Modestia aparte sólo era necesario emplear la lógica y los recuerdos. Si a Pete le ponía nervioso algo era la buena pista y cosas así.
    Tengo la impresión de que disfrutaste con ellas lo indecible, de lo contrario ni recordarias tantos detalles ni gastarias energías en redactar estas líneas.
    Discrepo contigo en la valoración de una que consideras de las peores. No entraré en ello. Para qué, esta es tu página y tus gustos los respeto. Pero recuerda que siempre habrá alguien que aprecie lo que tu machacas.
    No te tomes esto a mal. Cualquiera que redacte una ficha así cuenta con mi total simpatía, aunque no esté de acuerdo con ciertas cosas que has dicho en otras.
    Un abrazo

  • Buenas noches.
    Ya ves, soy un trasnochador al que le apetece añadir algo a un artículo que le ha emocionado.
    Mi nostalgia se dispara ante estos libros. Lo primero que compré con dinero ganado por mí (sin estar afiliado aún a la Seguridad Social, naturalmente) fue “Misterio de la casa que se encogía”. Ciertamente el diseño de la portada no tenía nada que ver con la trama, pero era de lo más emocionante.
    De las 43 novelas originales conservo en casa una buena cantidad y el resto fueron de biblioteca pública.
    Cuando las lees en los últimos años de la EGB, aunque ya conozcas a Agatha Christhie, Conan Doyle e incluso Allan Poe, te llegan hasta lo más profundo y en algún rincón dejan un poso. Al menos en mi caso.
    Y fuimos afortunados los de nuestra generación. Ibas a la sección correspondiente del Pryca y veías los títulos alineados, al igual que los de Los Cinco de Enid Blyton, Resuelve el Misterio, Elige tu propia aventura, La máquina del tiempo. Hoy no se encuentra en Carrefour ni a Uderzo o Hergé, te toca ir a la FNAC.
    No se los demás pero para mí siempre fue un placer releer la explicación final de todo el tinglado. Qué truco se empleaba para lograr ver al fantasma, por qué se había escapado el gorila de su jaula o qué pintaba un pájaro en todo el meollo.
    Los argumentos nunca me parecieron reiterativos aunque muchos elementos se repitieran por sistema.
    Con todo creo que eran más originales argumentalmente que las de Los Cinco. En mi opinión Enyd escribió 21 veces la misma novela.
    Con todo qué emoción recordarlas. Me cuesta decir lo anterior, ya que Dick y Anne por sí mismos hacen que cuando veo algún britano no intente vengar en su cabeza el saqueo de Badajoz o las andanzas de Dracke.
    Pero volviendo al tema. Celebro que alguien las recuerde y dé la oportunidad de añadir nuestras propias paridas.

  • Es que donde vamos a parar.. mucho mejores que los 5, o los 6 o los 7 y la abuela. Yo como gordito, ejem, inteligente tenía como heroe a Jupiter. Muy bueno el detalle de las entradas a la caravana del patio salvaje. Ni me acordaba…

  • Snif, qué recuerdos. De pequeño me encantaban estos libros, seguro que si me leyera alguno ahora me echaría a reir.
    Sólo te ha faltado hablar de Skinny Norris, buen resumen por cierto.

  • A mi me traen muchos, pero que muchos recuerdos…Por cierto, se pueden comprar estos libros??..sabeis de alguna libreria que los tenga?
    Grache

  • Qué va, como no los encuentres de saldo en algún sitio de libros viejos… Ya he mirado yo en el Rastro incluso, y nada. Y es una pena, porque me gustaría completar la colección.

  • recientemente encontre los únicos tres libros propios, el resto los cojía en la biblioteca. De pequeño estaba enganchadísimo a esos libros. aunque bueno, ahora tengo 23 tacos y leo harry potter así que no sé dónde tengo el listón

  • Jau!
    Soy Alba Úriz Malón, la verdadera.
    A ver: alguien ha usado mi nombre para publicar un comentario: la persona que habla de un libro que perdió/lo lleva clavadito en el alma/y blablablá…
    Si es un error, no hay problema. Pero no me gustaría que ese usuario si hubiera tomado la libertad de usar mi nombre con todo su morro.
    Gracias y saludos. Un post genial 😉

  • Hola:
    Yo estoy a puntito de completar la colección, sólo me queda el número 41 (Misterio del peñon del naufrago), espero tener suerte y verlo pronto en mi estantería. Que recuerdos!
    Saludos

  • Yo recuerdo muchas de las novelas de los 3 investigadores, eran de lo mas divertidas, donde aparecian todos los topicos de las novelas de misterio de una u otra forma. Es la clase de novela juvenil que lees con gusto a los 12 años.

  • Alfred Hitchcock presenta: Los tres investigadores

    [CyP]Hay tres cosas que, fruto de la corriente anglófila, todo niño de los 80 ha querido ser: miembro de un club (como la Monster Squad o Los Goonies), dueño de un refugio secreto ultra-la-leche (como la Batcueva o el Furgón de El Dioni) y detective (c…

  • Para título chorras el Caso del Dinosaurio Bailarín (era un fósil), dioss que timo de libro. Debí ser el único de mi clase que compré un libro de elegir de Los 3 Investigadores; no se que fue de él supongo que estará exiliado en algún lugar de mi casa.

  • XD
    ¡Siempre fueron mis favoritos!
    Yo, por tener, tenía hasta la colección “nueva etapa”, con los muchachos ya en el insti y con carnet de conducir.

  • Cómo aparecieron los Tres Investigadores en mi casa es todo un misterio… pero de los de verdad, y no como los que investigan ellos. Tenía un hermano 11 años mayor, y puede que él tuviera que ver con el tema, pero no hay datos concretos. El caso es que tenía tres o cuatro. Cuando por fin supe leer, me los fundí en un abrir y cerrar de ojos. ¡Qué emocionante era todo! Yo también, al igual que ese tal Lombard, era gordito e -también ejem…- inteligente, y tenía como héroe a Jupiter.
    Cuando estudié en Los Escolapios de Bilbao, descubrí que allí tenían una extensa biblioteca con montones de libros para niños… y montones de libros de nuestros tres héroes y, naturalmente, me los saqué todos, aunque nunca entendí por qué a partir de cierto título, ya no eran “Alfred Hitchcock presenta a…”. Ahora y gracias a este artículo, esa incógnita se me ha desvelado. Con los años, cambié de casa (e incluso de ciudad) varias veces, y lo que más lamento fue la cantidad de los libros que “desaparecieron” con la mudanza (y el “huracán progenitor” os aseguro que no tuvo nada que ver). Entre ellos, los Tres Investigadores. TODOS los números (compré algunos más de los que ya tenía).
    Hace un año o así (yo para las fechas soy terrible), salió al mercado la colección de libros. ¡Por fin! ¡Una reedición de los mejores libros infantiles jamás publicados! Duró cuatro semanas (¿o tal vez cinco? Y es que yo, para las fechas…), y dejó un total de ocho libros publicados. La quinta semana me pasé por el quiosco y me dijeron que ya no se editaban. ¡Habían suspendido toda la colección! Ya sabéis… en esta era de teléfonos móviles y Playstation, lo que en dos días no se vende por millones es declarado “no rentable”.
    Comencé la lectura de mis ocho números, y volví a encontrarme con esos personajes que tanto habían marcado mis orientaciones sobre el honor, la justicia, la lealtad y todo eso. Claro que para entonces ya habían pasado más de dos décadas, y el Ibónix que ahora soy no es el que fue. No obstante, resistieron el embate de la edad, pues ésta sucumbió al de la ilusión. Ahora, como adulto, contemplo las aventuras y las encuentro simples (y no estoy tratando de ser peyorativo), pero no sé… para mí es como hacer un viaje en el tiempo y volver a los diez años que tenía cuando los descubrí. Por así decirlo, los miro con los ojos del niño que fui, y me siguen encantando. No importa que todos sigan -más o menos- la misma estructura, ni que los personajes no evolucionen de libro en libro. Siguen siendo los Tres Investigadores, y le dan mil vueltas a Sherlock Holmes (que también me he leído muchos libros suyos y me parecen horrendos. De hecho, me pregunto cómo un personaje tan insulso puede haber cobrado tanta fama. ¡Y sus libros sí que son todos iguales!: Capítulo 1 – un misterio. Capítulo 2 – llega Holmes y lo resuelve en dos páginas. Capítulos restantes – te cuenta todo el rollo en un montón de páginas aburridísimas, para que llegues a comprender por qué el malo maloso ha hecho lo que ha hecho).
    Ah, y se me olvidaba mencionar que mi devoción por estos personajes era tal, que en el pueblo de La Rioja en el que veraneaba, quise fabricar un refugio como el de ellos. Lo malo era que no había chatarrería. Lo más parecido que había era “La Cascajera”, que era el basurero, pero allí no se podía ni respirar.
    Con un ayudante y varias puertas viejas abandonadas, construímos por fin algo parecido a un habitáculo en la ladera de una montaña del lugar… claro que secreto secreto no era, porque estaba a la vista de todos. Digamos que estaba un tanto retirado y eso hacía más difícil el acceso. Dominaba todas las técnicas de investigación y sistemas de claves, merced a un libro que encontré de “Cómo ser detective”, y fui recopilando todo el material: una pequeña lupa, una libreta donde apuntar las pistas, un boli de cuatro colores (imprescindible), una visera (a falta de sombrero) y unas gafas de sol para despistar. Como he mencionado antes, también tenía un ayudante, que era un nativo del pueblo (también llamado “lugareño”) al que le había llenado la mente de aventuritas de los Tres Investigadores y estaba ilusionado con la idea de crear nuestra propia agencia. Seríamos los Dos Investigadores, pero la ilusión es lo que cuenta (¿o era la intención?…).
    No sin amargura descubrimos que allí no había nada que investigar. Había reuniones, claves secretas, apuntes de actividades de algunos vecinos… pero lo que no había era misterios.
    Finalmente nos separamos. Han pasado 25 años desde entonces (¡cielos, qué viejo soy si ya hablo así!), y no sé cómo habrá quedado todo. Si las puertas aún siguen ahí, supongo que los nativos habrán convertido aquel refugio en un lugar de visita turística (Guía Michelín), pero yo siempre las recordaré como el intento de “lo que pudo ser”.
    Ibónix. El último de los Pelucas.

  • Desde Londres, y perdon por la ausencia de tildes: me encantaban estos libros y siempre me los leia de un tiron. Mi investigador favorito era Pete, y me he reido un monton con el analisis. Cuando tienes diez tacos no te das cuenta de esas cosas, ja ja ja. Aun asi, tengo que decir que todavia hoy, con treinta y tantos, todavia me gusta leerlos, y es una pena que sea tan dificil encontrarlos por ahi.

  • yo tengo 21 de mi padre y los estoy devorando. Son de la primera época. he visto que están echando una película y la he visto.
    sabe alguien algo más?

  • Enhorabuena, por tu ficha de los tres investigadores, yo me lei todos los titulos, estabamos enganchados un amigo y yo. Incluso escondiamos los libros en la biblioteca para que no los cogiera nadie. Pase buenos ratos y creo que con ellos me aficione a la lectura, que no esta mal.

  • bueno….yo no se nada de eso tengo 13 años y solo eh visto las peliculas pero al leer el resumen me da ganas de leer los libros pero ahora solo venden Harry Potter y Crespusculo casi no se encuentra nada de nada….apenas me eh leido todos los de Narnia XD

  • Me encantan tus artículos, Wally. Los Tres Investigadores…ya casi ni me acordaba de ellos, que pedazo de artículo. A pesar de la estética Scooby-Doo y de la fragrante ausencia de personajes femininos en la trama, estuve enganchadísima a estos libros…

    (El chino de El Fantasma Verde, se me hacía parecido al del Flan Mandarín, y Júpiter Jones, ahora me parece nombre de protagonista de película blacksplotation…)

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