Amigos, prepárense para asistir a otra de las prestigiosas galerías de mi particular museo de recuerdos inútiles: LOS MITOS DE MI INSTITUTO. Si creían que los mitos de Cthulhu ya eran la hostia, ni se imaginan lo que les espera. Y si lo saben, es que se están releyendo el texto.


Dominion Tank Police

En la portada salían mujeres-gato y estaban supuestamente buenas. Aparte de eso, una larga lista de excusas para poder seguir viendo dibujos animados sin quedar como un niñato ante los coleguillas. El tema de Urotsukidoji estaba menos extendido o se llevaba con más discreción, más que nada porque el muestrario de cipotes que pulula por dicha peli podía despertar suspicacias de homosexualidad. Recordemos que la tolerancia es una cosa y ser maricón en edad escolar es otra muy distinta.


La Portadita de A Palo Seko.

Cuando lo más notorio de tu carrera musical son portadas, o tocas en Cradle of Filth o se te come la miseria. Eso le pasa al grupúsculo este, uno más del amplio género musical porro-litronas que imperó en España a partir del 94 y hoy se reduce a los típicos brasazas que protozootean por foros y myspace publicitando sus conciertos a los que sólo van colegas (y eso si no hay otro plan o la bajista está buena y sin novio).
Observen la papeleta. Para empezar, el logo del grupo se las trae de Calahorra en bote. La A de Anarkía (con «k» de «kasa okupa») acompañada por unas bombitas sustituyendo la letra O. Creo que la última vez que cambié una letra por un dibujito de forma parecida fue en un collage sobre el Otoño, en 4º de EGB. Después asistimos a una de tantas muestras de la transgresión más chusca del mundo: pervertir un mito infantil. Existen conocidos ejemplos como Epi y Blas son gays o Chema el panadero vendía farlopa. Pues en fin, ya ven, el disco no lo oiría ni Dios en mi instituto, pero la portadita era un mito a reverenciar. Hal-la, cha-val, qué fuerte, cómo se les va, qué risas me pego..
El Vals del Obrero.
Antes de este disco, España no conocía la existencia de este género musical. De hecho, olviden la cháchara internauta: España no conoce más géneros musicales que variantes de «La Puta Caña» o «Una Puta Mierda» (la palabra «puta» es la especia más utilizada después de la pimienta). El tema está en que con quince años no se fuman porros para «relajarse», sino para divertirse, así que Bob Marley molaba para camisetas, no para música, que aplatana el ambiente y no es plan. He aquí la regla de tres a aplicar:
Porrero Apalancado — Reggae
Porrero Hiperactivo — Versión Hiperactiva del Reggae. Es decir, Ska.
Como la cosa era aún muy compleja para el adolescente, Ska-P se dejó de sutilezas y sacó el que habría de ser el himno pinchaporros por excelencia. Que se tituló Cannabis (y a mí que me suena a fabricante de galletas), para eliminar cualquier atisbo de sutileza y atraer a los pollitos canuteros bajo el alerón de mamá gallina. La chavalería, con los ojos a lo Candy-candy, se reunió bajo el grito «lega-legali-za-ción» y de pronto cayeron en la cuenta de lo malo que era el gobierno, que prohibía la mandanga y les forzaba a fumar cosas con un sospechoso regustillo a culo marroquí. Y como el disco tenía otras once pistas, las escucharon. Y así fue como entraron en la espiral reivindicatoria que se oponía al poder establecido, a la tiranía del patrón sobre el proletario, la explotación obrera, el cinismo social, el consumismo y bla bla bla bla, mientras escuchaban su walkman sony y se pagaban las chinas con la paga que mamá les daba. Así fue como llegó el siguiente mito:
Ernesto Guevara.
Si hubieran hecho un test de Rorschach ese año, la inmensa mayoría habría visto el jepeto del comandante (que no El Comediante – qué bien traído) con esa cara de llevar meses sin sentarse al retrete. Su famosa frasecita, «Prefiero morir de tedio que vivir con Putos Danis», pasó a desbancar al odioso «Con cariño y pitorreo esta esquina te estropeo» en cuadernos, libros y carpetas. Esta frase sería a su vez relevada por «Si la vida te da la espalda, tócale el culo» y directa al status de msn.
A estas alturas, el paquete total de chismes con la cara de este señor rivaliza con el Eddiecoñazo de Iron Maiden o el mismísimo (y no menos coñazo) Mickey Mouse, por lo que se podría decir que ha pasado de ser un símbolo a una mascota. Al menos no da tanto asco como Fido Dido o Quesilete.
La República.
¿Recuerdan cuando compraban una caja de rotuladores o pinturas y se las ingeniaban para utilizar todos los colores? Al fin hubo una excusa para utilizar el morado. No había más que cagarse en la Familia Real y llamar facha a todo el que se atreviera a disentir. Porque hasta el que no paga impuestos «paga los lujos de esa gente con el dinero de su bolsillo» (igual que la pensión de los viejos, y son en total muchos más que miembros tiene la Familia Real). Lejos de estudiar la vida y milagros de ilustres presidentes como Pi y Margall o Castelar, lo mejor era decorarlo todo con la dichosa banderita. Había hostias por conseguir gomas del pelo moradas para acompañar a la roja y la amarilla en tu muñeca.
Los Fachas.
En contraposición a los Rojos de Baratillo floreció un ramalazo de Fachas de Chichinabo, que todo lo resolvían amenazando con traer a sus colegas de Villaverde. Todo el que llevara el pelo extremadamente corto y con unas patillas tipo ficha de dominó ya estaba declarando intenciones, más aún si llevaba ropa marca Lonsdale o lucía una banderita de España en el cuello de su polo (esto último, por cierto, no es de fascistas, es de HORTERAS). Si aclamar la República sin tener ni zorra es grave, aplaudir a un dictador reconocido, y encima por moda, ya es para flipar. De cualquier manera, la inmensa mayoría no sabía qué iba después del «que tú bordaste en rojo ayer» y se limitaba a coleccionar llaveros con aguilorro y duros con el careto de Franco. Y en lugar de porros, se metían pastillas y farlopa, imagino que por ser drogas como más nacionalistas, o al menos no hedían a ojete de inmigrante.
Estos fueron, a grandes rasgos, los mitos que triunfaron en mi instituto.