Aunque me suelo coger mosqueos con el programa, al final siempre acabo viendo de reojo. Los mejores años de nuestra vida, se llama, y viene a tirar de nostalgia para abuelos y jóvenes estudiantes de comunicación audivisual. La justificación del programa es absurda y creo que no interesa un cojón de pato a nadie: una supuesta batalla entre décadas, juzgada por teenagers cuya clasificación de momento va tal que así: 90, 80, 70, 60 y 50. Anda que cosas.

El programa confirma mi teoría del agujero negro de los 80: cuando esta década participa, muchas cosas de los 70 y 90 pasan a ser ochenteras. Necedades ideales para todos aquellos que reenvían la gilipollez esa de «nosotros que nacimos en los 80», el fan medio del El Reno Renardo, los que rellenan sin parar tests y tops 5 de facebook y, en general, lectores de la frikipedia y comentaristas del blog ése de Que pasó con…, donde elevan la tontería aquella que me inventé de que uno de los Botones era de Mago de Oz a la categoría de leyenda urbana. Lo que tiene repicar lo primero que se encuentra uno por internet.



Con todo, el programa está triunfando porque han acertado con el tono: se trata de un programa musical, y esto es lo único ciertamente «rescatable»: ver el aspecto que tienen ahora ídolos adolescentes y one-hit wonders de los de Kiss FM. Lógicamente, a nadie le interesa ver el aspecto de cualquier grupo de rock que no ha dejado de dar el coñazo durante 30 años. Quien quiera ver el careto de Mark Knofler o Europe sólo tiene que comprar una revista o ir a un concierto. Pero ver la pinta de actual de Pedro Marín, Los Bravos, Gary Low, Iván, Desireless o Whigfield (hola chicos),… eso sí que da para comentar.
Y para eso hay que tragarse a Ángel Llacer diciendo sandeces, a Carlos Sobera pasándolas canutas para decir algo en inglés y, sobre todo, a los cantantes de hits del pasado: toda la troupe de los 3 últimos Operación Triunfo allí reunidos, cual cementerio de elefantes.. Sobre todo a Nika. Mira que se pasa mal viéndola ¿eh? Pero mal, mal. Que angustia da esta chica. Y Victor, por cierto, tiene chepa.