-¿Qué, este año no vas a la feria?
Año tras año, conocidos y compañeros de trabajo me hacen esa pregunta. Porque ¿cómo se me va a ocurrir la idea de NO ir a la feria? ¡Qué es una vez al año! ¡Alegrías y zapatetas! Lo cierto es que en las verbenas de mi ciudad de siempre, Alcalá de Henares, he pasado noches gloriosas. Y aunque no vivo allí, y hace un par de años que no me paso el recinto ferial alcalaíno, pero sigue siendo mi referente. Disculpen, por lo tanto, el empleo de localismos durante este artículo, pero no puedo hablar de la feria en un tono neutral y distanciado. Yo les quiero hablar de la que conozco, y a la que mi padre me llevaba todas las noches de agosto.

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Hoy por hoy, entendemos la feria como una reunión de puestos de comida, atracción mecánicas o electro-mecánicas y diferentes juegos, rifas y sorteos que se ubican simultáneamente en una zona predeterminada para tal efecto. Están enmarcadas en las “Ferias y fiestas” que todas las ciudades (y en las más grandes, muchos distritos) celebran una vez al año. El origen del evento se presume meramente comercial, aunque los festejos populares son, por puro concepto, una de tener contento a las clases bajas, especialmente en épocas en las que no hay fútbol y una gran parte de la población se encuentra ociosa, con el peligro que eso acarrea. Unos días de alegría etílica y buen rollito para olvidarse de la tristísimo existencia que acarreamos a diario.

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¿Quién os gusta más, Luis Royo o Victoria Francés? ¿Eh?

Dentro de las fiestas se enmarcan ciertas actividades. Algunos pueblos se caracterizan por lo religioso, sacando vírgenes a cuestas. Otros, muy queridos por Antena 3, por organizar guerras de tomates, de agua, tirar cabras desde el campanario o sacrificar vírgenes a Quetzacoal. La mayoría de localidades se conforman con lo tradicional: competiciones de correr a la pata coja, concursos de mister que nunca gana tu colega el cachitas bajito que se cree muy guapo, concursos de mus, chotis…. No pueden faltar los conciertos, tanto de orquestas que comienzan con pasodobles para los mayores y acaban con alguna de Héroes del Silencio “porque a nosotros lo que nos gusta es el rock” como de conjuntos de pop-rock de moda. Normalmente la calidad de estos es inversamente proporcional a la cantidad de fechas que hacen: solo así se explica que Efecto mariposa, Guaraná o Mojinos Escocidos hayan tocado en toda la geografía española. De fiestas en fiestas.
Pero conciertos hay todo el año, y actividades chorras también. Sin embargo, solo en ferias se convierte un enorme descampado lleno de polvo en un lugar lleno de magia y diversión para toda la familia. ¿Notáis ese olor a aceite requemado y orina y vómitos mezclados con tierra? ¿Oís carnaval de risas, cánticos etílicos e insultos? No cabe duda: la feria ha llegado a la ciudad.

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Isabel Preisler toma nota

Abandonad toda esperanza

Seguramente el ayuntamiento haya colocado una especie de portal gigante para acceder al recinto ferial. Desgraciadamente traspasarlo se parece muy poco a meterse en el armario de Narnia o en una Stargate. Nada destacable sucede mientras nos incorporamos al río de gente que se dirige hacia el ruido y las luces. Delante de nosotros va un grupo mixto, joven, de chicos y chicas, que van grabando tonterías con el móvil y que ya traían de fuera minis de calimocho. Los primeros puestos con los que nos encontramos son de venta de bisutería y baratijas, que las chicas se quedan siempre chequeando a fondo, no vaya a ser que haya algo bonito y barato. Las señoras mayores se divierten con el “arte africano” que vende un negro, y los chavales, mirando el puesto de merchandising no oficial de Manowar y Queen, o tonterías con la hoja de maría impersa. Al graciosillo del grupo le tienta comprarse unos bongos: la humanidad ruega en secreto para que no lo haga. Un niño ve unas caretas de Spiderman y un set de pistola + espada de “Cosmos Warrior”. Le pide la padre que se lo compre. Todo el mundo piensa “bueno a lo mejor a la vuelta”, pero al final nadie compra nada. Sabemos que lo guardan para lo que verdaderamente importa.

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Buen comer y buen beber

Nos separamos del grupo, pues sabemos bien a que vienen. El principal motivo para que un joven / adulto acuda a la feria es el mismo, el alcohol, y disfrutar de sus ventajas tanto en el cuerpo ajeno (ligar con alguna borracha) como en el propio (una juerga de puta madre). Así se suceden las visitas a las casetas que el ayuntamiento, los partidos políticos, empresarios privados y peñas disponen para adquiri los preciados elisires, demostrando que, pese a quien pese, gobierno, oposición, instituciones y ciudadanía pueden unirse por el bien común. Nunca falta el que señala que “han puesto la caseta de Izquierda Unida al lado de la de Democracia Nacional, estos se curran, jajaja”. Craso error. Uno elige el lugar de esparcimiento basándose en otros factores: el precio, la disponibilidad de asientos, las especialidades o la música que ponen, con lo cual la parroquia de cada caseta poco o nada tiene que ver con las ideas que defienden. Todos juntitos y mezclados, unidos por el pescaito frito.

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La variedad de platos del trailer transformado en terracita es la propia de una cultura marcada por la dieta mediterránea: partes de cerdo y/o pescado frito. Y ya. En algún momento no sabe si uno está comiendo un gruesísimo pincho moruno, pulpo, carne humana o vaya usted a saber qué, debido al sabor característico que otorga el aceite requemado, el polvo y la tierra que se aloja en los utensilios de cocina y los insectos achicharrados que murieron al caer en dicho al caer aceite . ¡Yum!Gallinejas, arrajos, morcillas, chorizos casi crudos… todos son devorados con fruición, acompañados de cañas o sangría en vaso de plástico, por la misma gente que afirma que los americanos están todos gordos y que celebraron en la calle el triunfo de la roja en la Eurocopa. Este año fueron varios los puestos donde se oía el “yo soy español, español”, entre raciones de bravas y mollejas. No parecían tener muy en cuenta el fracaso en atletismo.

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Los dulces también son una opción: el tradicional algodón de azúcar nunca pasará de moda: generación tras generación empalagando paladares. Las manzanas caramelizadas constituyen, en muchas ocasiones, la única vez en todo el año en la que el/la compradora comerá algo de fruta voluntariamente. La gravedad se ceba inmisericorde en ellas, como atestigua el elevado número de palos con manzana que acaban rebozados en tierra, o directamente, en el cubo de la basura. Los horchateros compran chufas con ilusión, pero suelen acabar en suelo, perdón, en el puto suelo debido a su escasísimo sabor a horchata y su desagradable textura. Mi especialidad favorita son los gigantescos churros rellenos de crema y cubiertos de chocolate, una maravilla que me suele mandar toda la noche a la taza, pero que me proporciona energía para pasar todo el invierno hibernando.

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No olvidemos, por último, esa terrorífica aberración que es el puesto donde dos muñecos vestidos de mañicos simulan beber vaso tras vaso de vino peleón. Lo grotesco de los rasgos de estos primitivos animatrónicos me causó no pocas pesadillas en mi infancia. Hoy sueño con acabar con su reinado de terror y destruir a esos terroríficos golems. ¿Cuántos puntos de vida tendrán?

La peña del moco

Gracias a la creación de las peñas, grupos que se encargan de idear y organizar unas peregrinas actividades durante estas ferias, se evita que el español ocioso caiga en otras organizaciones más perjudiciales para el orden público, como Los canteros, los Jóvenes castores, la Hermandad de Mutantes Diabólicos o un club de lectura. Suelen ponerse nombres evocadores como “Los pichis”, “Los vikingos”, “Los presidiarios”… De aquí a poco habrá una peña “Los frikis”, ya lo verán. Como en tantas organizaciones de prestigio, conviene ir uniformado: en este caso la vestimenta reglamentaria consiste en una camiseta con un espantoso dibujo “cachondo”, por ejemplo, de un toro borracho sacado de un tebeo de Mortadelo y Filemón y un lema poco inspirado que bien podría estar en el catálogo de las tiendas Tipo o en Ropafriki. Conforme pasen las ferias, la camiseta ira adquiriendo una serie de manchas, medallas y lamparones, y su usuario cambiará de acuerdo a él, con una pinta cada vez más infrahumana, fruto de las noches sin dormir, la falta de higiene y el consumo desaforado de alcohol y drogas.
Son responsables de esas competiciones de tirar a la cuerda, concursos de lanzamiento de huesos de aceituna, de esos “Full montys”, de esos pasacalles… Pero como aquí hablamos de la feria, de lo que toca hablar es de LAS CASETAS DE LAS PEÑAS. Aquí es donde se destapa la rivalidad entre las diferentes agrupaciones, que en ocasiones deja en pañales la de Gryffindor con Slytherin. Cualquier aspecto es bueno para competir y destacar más que los demás….pero el más importante será siempre el volumen de la música. Cuánto más alto se oiga a Daddy Yankee, más chicas acudirán al sobredimensionado tenderete, y, por tanto, más tíos irán detrás, aunque lo único que se distinga sea un bombo que se clava en las entrañas como un puñal emponzoñado.

En las que ofrecen comida y bebida, la oferta culinaria suele ser pareja al resto de bares improvisados o casetas de los partidos políticos. La decoración consiste en una reproducción del escudo de la peña y posiblemente alguna del club de fútbol predilecto de los socios, y una pancarta gigante con el nombre de la agrupación en cuestión (por detrás pone “No a la guerra”). Para terminar de rematar el sinsentido, muchas disponen de un tablao o escenario, al cual se le puede dar mil usos: un cuadro de sevillanas, un DJ, una danza del vientre… a veces toca algún grupo de un familiar de la cúpula peñiste, con escasa repercusión entre los allí presentes.. Lo más popular que he podido ver en estos emplazamientos fue un karaoke libre que puso en evidencia a los de los salones del manga, y donde alguna descubrió que las canciones de Merche son más difíciles de cantar de lo que parece.
Lo aplicado a las casetas se puede aplicar al resto de carpas y discotecas que por ahí pululan. Si la ciudad es medianamente grande, no faltará una a cargo del bar heavy del pueblo, o de alguna peña de moteros, que se dedicará a poner a los Maiden sin parar y en las que siempre hay poca gente. Habrá también alguna con gitaneo y otra con bacalao del de toda la vida. Eso sí, todas, tanto carpas como casetas, acaban poniendo Baila el chiki chiki o La abeja maya en algún momento de la jornada.
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Los Bingueros

Al margen de las copas y los porros, que eso es una cosa de diario con poco de extraordinario, hay otra gran actividad para los adultos en las ferias: los juegos, y no el Animal Crossing, precisamente. Juegos más tradicionales, donde la posibilidad o no de gana algún premio es secundaria. Como la lotería, lo importante es la capacidad de soñar. Soñar con llevarte ese mono albino boxeador de enormes brazos a casa. Las tradicionales tómbolas de papeletas siguen teniendo aceptación en estos tiempos modernos de computadoras, pregunten sino a los sufridos barrenderos municipales. Algún extranjero, al ver ese suelo cubierto por varios estratos compuestos por millones de papelitos de colores, pensaba que había tenido lugar una recepción al papa o algún tipo de celebración deportiva. Igual de contaminante es el bingo, que une a grandes y chicos en la frustración y la rabia. “¡Solo me ha quedado el 28, me cago en la puta! ¡Nos quedamos sin cafetera!”.

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Pero no todo es azar. También existen retos de habilidad, como las clásicas canastas, con las que emular a lanzadores de la talla de David (el de la honda) o Alberto Dueñas y fallar la canasta que te daría el regalo, o las geniales Carreras de camellos, en la que hay que colar una bola por una serie de agujeritos, que harán avanzar a beduinos. Este juego, que merecería un artículo propio, destaca por la cantidad de chascadillos, rimas y haikus que el encargado recita cada noche con igual convicción: “avance a tutti, a tutti joroba, comienza la carrera, a ver quien se la lleva”, “las carreras de camellos, atrévete con ellos”. Aquí cabe destacar la aparición de la figura del “secretario”, un supuesto ayudante del jefe que se encarga del trabajo sucio como traer cafés o jugarse el tipo escalando la caravana para alcanzar algún premio. Mucho más digno y enriquecedor ser “secretario” que becario en TVE, por ejemplo.

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Y todo esto…. ¿para qué? Desde luego, el ser humano juega por divertirse, y en el caso de la feria, esta afirmación es más cierta que nunca, porque por los premios no creo que sea. Cualquier caseta de un bingo de estos debería de ser precintada y conservada para siempre jamás para ilustrar la estupidez humana. Nunca más. Los objetos más inútiles jamás creados se dan cita en esas estanterías: desde yogurteras o relojes calculadoras que llevan allí 20 años a vajillas de los chinos o modernos sucedáneo coreanos de Ipods. Los aficionados a los videojuegos pueden optar, tras gastarse decenas de euros en papeletas, por una estupenda consola Polystation que lucirá estupendamente en su tele HD, tan desfasada como cualquiera de esas minicadenas para oír CDs. No olvidemos también los muñecos que te pueden tocar, que bien podrían haber sido diseñados por H.R. Giger. De los bebes deformados a base palos a gigantescos piolines mutantes fruto de algún experimento genético, todos provocan la misma reacción: ¡socorro, Superman! Hay que decir que el plantel de peleles se renueva con frecuencia: los muñecos de South Park, Spiderman, Los Simpons, Hulk o Padre de familia se han ido alternando en la última década. Oye, a mí me gustan, qué pasa.

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Por último destacemos los favoritos de la macarrada de siempre: los de disparar y dar hostias. Los primeros fueron los favoritos, durante años, de los chavales de permiso en la mili, y hoy día, de los peruanos y ecuatorianos que componen nuestras fuerzas armadas. El sentirse como Rambo en Vietnam y, encima, llevarse un premio era el acabose. Menos conocimientos s precisan para jugar al de dar un mamporro a un punching ball para medir la fuerza. Los chavales cogen carrerilla y meten un guantazo al cacharro con toda su alma, para quedar siempre en un decepcionante 6 o 7. Pero al menos han pegado un ostión a algo, con lo cual la noche no ha sido en balde. Es en estas circunstancias cuando, ante semejante demostración de fuerza bruta a cargo de un macaco, a Vanesa le sale el lado romántico y decide liarse con el que más potencia demostrara en su coz. Un paseíto en la noria y esta noche habrá tema.

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Los Cacharros fantásticos

Los cacharros, del tipo que sean, suelen ser moles de metal y cables cuyo atractivo se basa en un principio que todo crío conoce: girar es divertido. Ya sea al dar vueltas hasta perder el sentido o abrirse la cabeza, al hacer trompos con el coche de tu padre o al montarse en cualquiera de estos armatostes, girar sigue siendo divertido y emocionante, ya sea vertical u horizontalmente.

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Al menos así los niños se animan a leer

Estas atracciones se dividen en los dedicados directamente a críos (con su acompañante adulto en muchas ocasiones) o para chavales o parejitas. Entre los primeros, ya sabemos cuales son: los tradicionales Tren de la bruja, la mini noria, los autos locos… La mayor emoción que se siente en ellos es el susto que te da el que te pide la ficha. Pero los críos, ya saben, se entretienen con cualquier cosas (menos con Los Algos).
Para los niños un poco más grandes o los grupos de 3 amigas se creó otro tipo de atracción terrorífica, conocida por nombres como El castillo del terror o La mansión de Drácula. Montados en un carricoche asistimos divertidos a un desfile de esqueletos, arañas, Freddikrugers apócrifos y zombis de cartón piedra. Yo, metido desde crío en el maravilloso mundo del terror, amaba esta atracción, y que estuviera ensamblada a base de atrezzo de una película de Jesús Franco no hace sino aumentar su encanto. Si nos os gustan los esqueletos y las arañas de gomas no merecéis vivir.

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Para los que son algo mayores, la cosa cambia…. Aunque no mucho. El famoso pulpo / canguro no puede fallar, como tampoco lo puede hacer el celebérrimo Barco Vikingo, con sus decenas de personas apiñadas en una jaula. Uno que ya se ve menos es mi querida cazuela loca, en la que un armatoste que parece un cenicero gigante se sacude durante 3 minutos manda al personal como si fuera guiñapos de un lado para otro. Esta era especialmente querida por los chulitos de la clase, ya que siempre se podía usar las sacudidas como excusa para tocar una teta y decir que fue sin querer. Para los más valientes están estos gusanos locos (la locura es la clave) que se dan la vuelta y dejan a los usuarios cabeza abajo durante unos angustiosos segundos, atracción de referencia para todos los fans de la serie Búscate la vida. Y para las parejitas, la sempiterna noria, cuyo supuesto romanticismo se supone nos debería ayudar a triunfar con nuestra chavala. A día de hoy, y a diferencia de lo que nos enseña el cine, ninguna chica ha aprovechado el momento álgido de la atracción para lanzarse a mis brazos y desabrocharse el sostén. ¡Las películas mientes! ¿Por qué nadie me lo advirtió!

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¡Hamilton caaaAAAAAAAAAAAAAAAbrooooooón!

La estrella de las atracciones adultas es y siempre será la montaña rusa. En España tenemos a los rusos como unas personas amantes de la carne picada, la mayonesa y las emociones fuertes. Pero en el fondo, con la montaña lo mismo que con los filetes rusos o la ensaladilla: que no tiene absolutamente nada que ver con el país de Kirilenko o las TATU.
Un párrafo aparte merecen los coches de choque. Y que los más jóvenes, aún sin conducir, son conscientes de las sensaciones que les provoca estar al volante. Por algún lado hay que dar salida a la sensación de poder y la ansiedad que sentimos al conducir un armatoste de media tonelada capaz de llevarse la vida de cualquiera por delante. Con ese fin se idearon estos cacharros, en los que uno puede embestir a los demás como muchas veces deseará hacer en la carretera, por el simple placer de hacerlo. A pesar de la aparición de videojuegos como Armageddon, los Grand Thief Auto o el Super mario kart, las ganas de intentar atropellar gente o descarrilar al desgraciao que nos quiere adelantar no han disminuido.

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Mucho se ha hablado (sobre todo graciosos aspirantes a monologuistas) de sobre la música de los coches de choque. ¿A qué viene tanta risa?: no deja de ser la música que la mayoría de españoles llevan / llevarán en su coche en un CD-R comprado a Morocco Recocds. Triunfar en ellos es la condecoración definitiva para un cantante: la gente te quiere de verdad. No obstante hay que decir que la cosa ha perdido mucho. Anteriormente, muchos de los encargados de la atracción hacían sus propias cintas mezclando los éxitos del momento de manera encadenada e inmisericorde. Hoy por hoy, basta con un disco Estrella o Caribe 2015, directamente, un ipod en “random” para lograr el mismo efecto. La selección me parece mucho más acertada que cualquier bar de rock: en su día, italodisco y rumba, posteriormente, bacalao, y hoy por hoy, Dani Mata, Kate Ryan o la del Poyeya hacen las delicias de todos los que se acercan a hacerse un poco los machotes delante de sus amigas Jennifer y Vanesa, que están ahí borrachas y locas.

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A mí me gustan las mujeres de verdad, con sus curvas

Destaquemos por último mi aspecto favorito de las atracciones: el arte que trata de ambientar la atracción y atraer al público. Las atracciones se reinventan cada poco tiempo, para reflejar las modas del momento, y las aerografías que adornan los cachivaches deben de renovarse consecuentemente. Ahí tienen, por ejemplo como una Casa del terror para a convertirse en una aventura de Harry Potter por obra y gracia de algún estudiante de bellas artes y /o «colega que dibuja que cagas». Pero hay motivos que nunca pasan de moda. Uno de ellos es Walt Disney y sus “creaciones”. Otro es los guerreros a lo Conan / dibujos de Luis Royo, con tíos con espada, dragones con mixomatosis, etc… Y por último, claro está, las “tías buenas”, aunque por momentos parece que el patrón para pintar esas perchas de culos y tetas gigantes se estancó en 1994 y Los vigilantes de la playa. Alguna vez me ha dado la sensación de que uno de esos dibujos eran fotos del Private adecentadas. Cabe destacar que la moda manga ha llegado con cuentagotas a la feria: se han visto murales con Gokus superguerreros, y quizá algún Shin-Chan… pero eso es todo. Los ojos grandes y las bocas pequeñas aún tienen que conquistar este mercado tan difícil.

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Una noche en la feria

Pretendía termina este artículo con una supuesta noche en la feria…. Pero he aquí que buscando buscando triunfé patinando y encontré en la web un resumen de la semana de ferias de una joven que no solo refunda todo lo aquí expuesto, sino que es, por su verosilimilud, totalmente insuperable. Les invito a que visiten el blog de Palomi lean esta entrada llamada “Fiestas de Parla”, que estoy seguro encontrarán de su interés. En caso de que se nieguen, les dejo con algunas perlas:
“.La rebe llego mazo de tarde total que nos fuimos a por las camisetas de los inbebibles (nuestra peña) que por cierto valla mierda de camisetas, se equivocaron en dos nombres y se mezclaban los colores.”
, nosotras 3 llevavamos un pedo que te cagas, estuvimos viendo los fuegosy empezo a llover nos pusimos empapaos,pero la pesa de la rebe queria ir a ver el puto antonio orozco total que estuvimos mas de una hora bajo la lluvia.
“.Nuria no cansada de dar por culo se ato un globo de la feria ya desinchado en la cintura, y iva diciendo por la calle :tu lo que quieres que te coma el tigre…..”
“Luago fuimos a los encierros que fueron un coñazo porque no pillaron a nadie,”
“. Tuvimos los tipicos piques de regetton entre Rebaca y Ruzy, es un espectaculo digno de ver porque la verdad es que las dos se esfuerzan muchisimo y la cosa esta muy reñida.”

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Eres tú mi peluchito

Bueno, vale….no habla apenas de los cacharros o las tómbolas, pero sigue siendo representativo y lo mejor que he leído en un blog en todo el año. En el fondo a la autora le pasa a nosotros: que hay tanto que abarcar en la feria que es imposible hacerlo con otro artículo. ¿Y el resto de las fiestas? En cuanto a los conciertos, cuando empezamos la web, hace ya 6 años, fuimos a ver a King Africa, y con eso tuvimos bastante. Para el año que viene nuestra labor de investigación constará de acudir a todos y cada uno de los eventos variados.
Echarán a faltar quizá, una enumeración, una por una, de los eventos que se celebran, esos que hacen las peñas. Pues miren: cojan su periódico local y ahí las tienen. Ya me conocen. La mayoría de intentos de completismo internecio acaban pareciendo espantosas entradas de la Frikipedia (telita) o esos Youtube con voz Loquendo que se dedican a decir una y otra vez“malditos canis de mierda, me cago en la hostia puta”.
Un año de estos iremos a la Feria de Abril, que eso si que tiene que ser la bomba. O las de Tárrega, que debió de ser donde Capdevilla aprendió su sobrenatural habilidad para sujetas los cubatas con la oreja: con la aptitud apropiada, se aprende algo de todas las experiencias.