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Este fin de semana estaba todo anclado perfectamente. El viernes, visita de Fermín el Sesgamiradas – que aprobó una carrera y se mudó a Barcelona. Con ciertos amigos pasa lo que con Gandalf, el amiguete de Ross y Chandler: da igual lo que hagas, siempre te lo pasas de coña.
El domingo estaba reservado para Tenacious D y su incursión en la gran pantalla, pero tras anunciarse en todas las revistas de cine (gratuitas y a tocateja) su estreno para el día 27 de julio, parece que la sombra de Los Simpson es alargada y no han quedado salas en que poder estrenarla. La peli de los Simpson bien, gracias. De hecho, mejor que bien, porque me pareció divertida de por sí, y porque no resultó el cagarro que me estaba temiendo. Ahora queda ver a gente tirándose de los pelos y machacándola sin piedad en foros, blogs y tertulias cafeteras.
En medio de tan destacadas fechas, el día 28 de este mes, sábado, tuvo lugar un pequeño concierto del estúpido grupo ¿musical? Ciudadano Robespierre en el local de la peña Vaivén, sito en una pequeña y olvidada población llamada Navacerrada. El concierto, bautizado con el nombre «Cuando el Futuro Nos Salpique» y parte de una supuesta gira que termina en Villalba en no sé qué local porque no pienso volver a pisar jamás ese sitio horrible, estuvo bastante lleno, si tenemos en cuenta que aparte de los novios y novias de los integrantes del grupo, un par de amiguetes y el que suscribe, el resto del público eran completos desconocidos que se acercaron hasta el local atraídos por las copas baratas y el extraño cartel (fotocopiado en blanco y negro) que habían visto durante un par de semanas colgado por todo el pueblo.
El concierto abrió tarde de cojones. Un concierto amateur y de entrada libre siempre empieza una hora tarde, por lo que el apelativo «de cojones» se empieza a aplicar a partir de las dos horas, y cuando la hora prevista eran las once. En dos horas, dio tiempo a que entrase más gente de la esperada y a que se metieran los suficientes extractos de garrafón como para olvidar que allí, supuestamente, se daba un concierto.
Por fin, a la una y cinco, y entre silbidos y voceos de albañil salido, apareció nuestra querida Martageddón, co-fundadora del grupo y teclista del mismo, anunciando el inicio del concierto. Iba vestida en consonancia con la temperatura actual y con las apetencias del distinguido público allí presente: es decir, con un pantalón vaquero corto y el sujetador de un bikini amarillo pelodeBeckham. En el tiempo de retraso y para templar los nervios, los miembros del grupo también se habían tomado algún que otro pelotazo, algo que se notó cuando Raúl Botox – que hace las veces de bajista -, se enredó con el cable del micro principal y lo tiró a la mierda. Fue bastante divertido ver cómo los otros tres intentaban levantar el micro diciendo tacos y descojonándose de la risa, porque el micro estaba abierto y se les oyó todo.
Después de unos inesperados aplausos (seguramente pensando que el numerito del micro estaba preparado), sonaron las primeras notas de 40 Improperios a Ritmo de Ska, todo un acierto para romper el hielo. Bailable y llena de insultos y tacos, coreada por las brutales carcajadas de los oriundos del pueblo y/o veraneantes en el mismo. Tras esta, y sin molestarse en insulsa charleta, procedieron a tocar Somos los Espermatozoides, versión apócrifa del tema televisivo de Los Ewoks, con lo cuál quedaron sentadas las bases del tonito del grupo, y se dio el último aviso para los que aún tuvieran cierta esperanza de ver un auténtico concierto musical abandonasen el local ordenadamente.
El resto del concierto, amenizado por las bromillas del cantante y guitarra, Mario Malachi (se pronuncia «Malacai», como el pelirrojo de los Chicos del Maíz) y las réplicas de Martageddón, nos obsequió con las siguientes canciones, en un orden que no recuerdo exactamente:
La Caja de Pandora es Particular.Pues esa que cuando uno la destapa, libera todo el mal, pero se puede bailar en plan corro de la patata.
Sayonara, Manu Chao (nadie sabía quién era Manu Chao, Mario tuvo que explicarlo y por fin pareció que algunas cabezas asintieron).
¡Viva Palencia! (A decir verdad, Raúl Botox se salió como imitador de Elvis. Sigue sin gustarme su voz, pero el tío tiene bastante salero imitando).
Mi tío, el Menchevique, versión acelerada del tango «Por una cabeza» (el que bailan Arnold y Tia Carrere en Mentiras Arriesgadas).
Chanquete ha vuelto. Apología de la resurrección de la carne en forma de muerto viviente, y una colección de meteduras de pata que culminó en que a Mario Malachi se le rompió la cuarta y hubo que parar. La canción tiene su gracia, pero fue un puto desastre.
Caperucito Rodríguez Cortés. Revisitando clásicos (en este caso de un siniestro grupo, Desmadre 75), nos contaron la historia de Caperucito, la Loba Feroz, y la abuelita a la que le ha atacado «la reuma» a la pierna y hay que ponerla a hacer pis. La gente hizo coros, yo aproveché para ir al retrete.
Oh, Robespierre. Ocasión de Marta para lucirse como vocalista con esta versión de «Oh, balance, balance» en la que se nos acerca al gobierno del terror llevado a cabo por el bueno de Maximilian. Es lo que se debe de llamar humor inteligente, y la música era bastante chocante para una jauría borracha, pero el baile de Piotr Blavavsky (Pedro Bellido, en su vida cotidiana), percurionista, que dejó la batería y tomó los timbales para este tema, tuvo su recompensa a modo de carcajadas, aplausos y gritos de «tío bueno».
Los Templos de Corchopán y Siempre hay un Puto Dani, que pasaron con bastante éxito, aunque en la de Dani a Piotr se le escapó una baqueta, Mario se empezó a descojonar a mitad de estribillo y Martageddón soltó un gallo. Lo pasé bastante mal, dado que soy co-escritor de las letras de ambas canciones, pero el público las recibió bastante bien.
Estaba proyectado terminar con una versión bastante macarra de Calendar Girl, de Neil Sedaka, antes de la cuál Mario y Marta suelen despacharse a gusto con la Onda Vaselina, ese grupo de niños mexicanos – o de por ahí – que hicieron su propia versión hace ya tiempo, pero los que ya conocíamos al grupo pedimos a gritos Lindsay se Droga, y como el concierto había empezado tan tarde y ya eran las tantas, decidieron darnos el gusto y cantar sobre la nueva niña prodigio del cine y sus excesos, a ritmo de Copacabana, de Barry Manilow (en la primera entrada de este blog tienen la letra, si sienten curiosidad).
Concluyó la historia con un bis de escándalo: el desparrame musical Me Cago en Espido Freire, un canto de amor a tan ilustre escritora/oradora/pensadora, al son de la melodía «Can’t take my eyes off you», con el dueto Marta-Mario y que es la primera vez que les sale en directo sin meter la pata, pisarse el uno al otro o desafinar en el «diosa del puuuuubis azuuuul» previo al estribillo.
En fin, que estuvo muy bien, y que como imagino que ninguno de ustedes podrá desplazarse hasta Villalba (yo no se lo recomiendo, al menos), pues cuando toquen algo más cerca de Madrid, avisaré con tiempo para que vean a este cuarteto de tarados hacer el chorra. Eso sí, las copas en Madrid son más caras.
Por último, un pequeño fragmento que me pareció FULMINANTE, la intervención de Martageddón en «La Caja de Pandora es Particular». No sé si conocen la melodía de «El Patio de mi Casa», la parte de «disimular que soy una cojita», pero allá va:
Hace algunos años destapé,
destapé,
una lata vieja de café
que encontré,
de ella salió
Lucía Etxebarría,
John Waters, Bjork,
Sabina y Pau Donés.
Ay ay ay, con Pandora me topé,
qué manera de joder.