Martes y trece: las películas

En España, que aún nos sentimos culpables por haber invadido América cuando Cortés (que menos mal que era Cortés, si llega a ser Hostil…) y haberles forzado a adoptar el cristianismo como creencia única y verdadera, hace años que hemos asumido la penitencia de copietear vilmente todo lo que hacen los “americanos” (siempre refiriéndonos a Estados Unidos y Canadá, como si los brasileños no fueran también americanos). Por tanto, si allí sacan película a partir de cualquier sketch de Saturday Night Live, ¿por qué no lucir nuestro muestrario aquí, eh? ¿EH? Conteste, cretino lector que se ríe con la explicación de Tip y Coll de cómo se llena un vaso de agua.

Los verdaderos Reyes Magos

Dejaremos a un lado la cosa aquella de policía tonto y policía más tonto que hicieron Los Morancos (Sevilla Connection – 1992, entre esto y la expo, qué gran año para Sevilla), que la dirigió José Ramón Larraz, a quien recuerdo por dos grandes pelis llamadas Descanse en Piezas y Al filo del hacha, pasaremos de largo los vacuos intentos de Cruz y Raya de dar más risa de la debida en “Ni se te ocurra… dejar de verla” (1990), que no tenía ni argumento, y por supuesto las de Chiquito de la Calzada (de calidad no tan distante al supuesto “nuevo cine cómico español” representado por piezas magnas como La Máquina de Bailar), y nos sumergiremos de la mano del comandante Cousteau en las procelosas aguas de las pelis de Martes y 13. Martes y 13, grupo integrado por Fernando Conde, Millán Salcedo y Josema Yuste, dio sus primeros pasos en un especial que blablablabla, en fin, un día pusieron un programa presentado por Julia Otero en el que explicaban sus orígenes y tal, y lo tengo grabado. El que quiera, que me lo pida y se lo paso, y vamos directamente a las películas.

Póster central de Súper Pop, Verano 1983. Qué distinta era la vida antes de New Kids on the Block.

NI TE CASES NI TE EMBARQUES (1982)
El amor es como el autobús: siempre llega.

Aquí se aprecia el cruel reparto de papeles que hizo el público. Si años después, cuando sólo eran dos integrantes, habría discusiones en cada colegio y tasca sobre quién era Martes y quién era Trece, en estos tiempos todo el mundo tenía muy clarinete que Josema era el guapo, Fernando era el gracioso y Millán era el tonto. O sea, los tres papeles principales con los que debe de contar una panda de amiguetes de botellón.

Fernando, hemos pensado que no vamos a hacer esa tontería de sketch tuyo sobre las empanadillas. No sea que nos hunda la carrera.

Los protagonistas son tres caraduras al más puro estilo “obra picaresca”, o mejor dicho, “Ozoresca”. Josema ejerce de mendigo ciego, cojo y mudo. Fernando es carterista y se hace pasar por zarrapastroso para percibir ayudas de la Iglesia. Millán, por último, es quien recibe el personaje más complejo y matizado, al ser plañidera profesional en entierros, por parte de Comisiones Obreras, además de un huérfano masoquista a quien cada vez que se echa a llorar hay que darle de ostias para que ría. Si este papel lo hiciera Russell Crowe, le darían un Oscar.

Steve Jobs hace una demostración del primer Macintosh.

Tras varios numeritos y timos, entre los que se encuentra la venta de falsos tónicos milagrosos – como el reparador de arañazos aquel -, resuelven montar una agencia matrimonial y enredar entre sí a varios de los variopintos personajes astracaneros que circularán por nuestra pantalla durante la siguiente hora y media, a saber: una marquesa viuda con ganas de echar un canete, un medianía sensible y cursilón con amor por la poesía – seguro que tiene un blog -, una hippie gallega salidorra (Beatriz Carvajal, que hace veinte años seguía igual que ahora, lo cuál no dice mucho de su juventud), un musculitos con serios problemas de erección y una jorobada a quien en un arranque de ingenio el guionista llamó “Igorita”. Completarán el elenco Agustín González en el mismo papel de siempre, aunque vestido de guardia del Retiro y con una miopía decreciente por culpa de las meteduras de pata del trío protagonista; Máximo Valverde, como el mayordomo de la marquesa, siempre perseguido por el guardia por andar amagándose con jovencitas en el Retiro, y por último, la aparición especial de un personaje que aúna dos roles muy apreciados por el cine español de la época: el maricón y el retrasado mental. Para que luego digan que en España el “humor inteligente” no existía antes de los monólogos.

La casa les desea Feliz Variedad.

Continuas bromas sexuales, juegos de palabras tontos, caídas, bofetones a Millán y Agustín González jurando en arameo se van sucediendo, hasta el inevitable final en el que se descubre que la marquesa es la madre de Millán. Esta se casa con Josema, de quien revela estar enamorada, y al fin consiguen dinero para montar una agencia como es debido. La jorobada se casa con el mazas, la gallega se lía con el cursilón y el guardia acaba ciego y en silla de ruedas. Qué risa.

"Como siempre hago el mismo papel, esta vez me han puesto un parche para matizarlo un poco."

LA LOCA HISTORIA DE LOS TRES MOSQUETEROS (1983)
Comment putien por rastrojo

París, año de gracia de 1860: el gobierno español, único público al que la obra de Dumas ha gustado, quiere hacer una película sobre los mosqueteros, protagonizada por los humoristas Martes y 13. Como Dumas se opone, el gobierno español decide hacer una versión libre. Tras esta introducción de cine dentro de cine, escrita por Von Trier especialmente para esta industria nuestra tan ninguneada, nos embarcamos en la cruzada de unos Aramis (Josema), Porthos (Fernando) y Athos (Millán) que no tienen más relación con los personajes que sus nombres. Sin embargo, la parodia se va topando con algunos lugares comunes con la primera novela (la del robo de los herretes de diamantes de la reina) que, dadas las morcilleras adaptaciones que se han hecho antes y después, resulta ser una de las más fieles, al menos en cuanto a historia se refiere. Que sí, que no es coñita.

Agustín Díaz de Yanes habría hecho que fueran todos Nadiuska.

La peli gira en torno al plan del cardenal Richelieu (que aquí es nuestro bienamado Antonio Ozores, ese hombre cosechaba éxitos con guadaña) para desacreditar a la reina Ana (Paloma Hurtado, a quien se le echa de menos un “¡campaaaaana y se acabó!”) frente a su marido, el rey de Francia. Para ello, mandará robar el liguero de brillantes que el rey regaló a la reina, y esta se lo olvidó en el palacio de Buckingham ¿a que ya se van imaginando a Esteso y Pajares riéndose en plan Ortega y Pacheco? La idea que introduce el astuto cardenal en la simplona mente del rey es que la reina ha de lucir el liguero en la Fiesta de la Raza Francesa que se celebra dos semanas más tarde para que los ciudadanos vean que el dinero del contribuyente se gasta en cosas útiles. Por desgracia, Milady de Winter (Nadiuska, que entre esta y Conan va haciendo números para un Oscar honorífico a toda una carrera) sólo conseguirá dos ligas, aunque suficientes para hacer del liguero una prueba incriminatoria en caso de que la reina lo recuperase.

Pulsando tres círculos, equis, abajo y cuadrado, desbloquearás fantásticas armas como esta.

Y en la tarea de recuperar el liguero entran en juego los mosqueteros, que como broma recurrente a lo largo de la película, se preguntarán dónde está D’Artagnán cuando se le necesita, mientras todo el mundo pregunta “¿Los Tres Mosqueteros? ¿Pero no eran cuatro?” Seremos testigos del inicio musical del lema “uno para todos y todos para uno”, que en la novela no se cita más que una vez, y tampoco en plan heróico (pinche AQUÍ si quiere deleitarse con tan imprescindible momento musical: http://www.youtube.com/watch?v=Yg22kJVejHs); también veremos cosas estupendas como a los tres mosqueteros llegar a Londres en lancha zodiac o montar en moto (una de ellas, cagando por el tubo de escape; luego diremos que el humor de American Pie es descerebrado), a Richelieu cagándose vivo por un atracón de ciruelas, y un par de números musicales que no vienen muy a cuento, con imitaciones de Los Tres Sudamericanos cantando “Gibraltareña”, y Rafaella Carrá con una versión rara de “Qué dolor”, esta última aderezada por la intrusión de un mando a distancia que hace a los mosqueteros acelerar, ir hacia atrás y quedarse en pausa. Hasta los Monty Python habrían llamado al orden a los guionistas.

¡No me puedes pegar, soy el tercero de Martes y 13!

Como lo importante en esta peli es reírse con los chistes cañís que tanto gustan a Óscar Nebreda y su Profesor Cojonciano (jojojo, el Tobías s’a puesto una flor en el nabo) y disfrutar de las continuas ensaladas de ostias en que se meten los mosqueteros, revelar el final no es cosa que arruine la película. Los mosqueteros vuelven con uno de los muchos ligueros de brillantes que el rey de Francia va regalando a todas las macizas inglesas con las que se amaga. Athos ha de recuperar sus posesiones de manos de Milady, su ex-mujer. Y después de todo el lío, aparece por fin D’Artagnán, hecho un pincel, y se ofrece para darle el liguero a la reina. Por ende, los tres mosqueteros le meten una paliza punky de esas que hoy tendrían exitazo grabadas por un mocoso con un móvil una noche en Tribunal. Se lo advertimos: no lo exponga a luces brillantes, no lo moje y no le dé un móvil antes de los veinte años. Usted no nos hizo caso.

En el cine de Amenábar se echan en falta momentos así.

A los mosqueteros siguió un paréntesis en cine, roto sólo por la aparición en plan individual de Josema y Millán en La Corte de Faraón (1985). Luego, Fernando Conde decidió que no quería seguir con aquello y se dedicó al teatro, no sólo como actor, sino también como empresario, y aún le quedó tiempo para salir en la adaptación a cine “El Perro del Hortelano” y escribir unos cuantos artículos para Cinecutre.com, bajo el pseudónimo “Cacamán”.

Thanks for playing! Presented by Capcom.

AQUÍ HUELE A MUERTO… (PUES YO NO HE SIDO) (1990)
Buenas tetas, digo buenas tardes, digo buenas noches

Así fue como Álvaro Sáenz de Heredia, que es como Uwe Boll pero sin disparos, se unió a ellos en una de aquellas infalibles y “ochenteras” fórmulas de entretenimiento: aunar humor y terror. Al fin y al cabo, el grupo Regaliz lo había hecho antes (Buenas noches, señor monstruo – 1982), y pelis como Noche de Miedo, Jóvenes Ocultos, la veterana El Baile de los Vampiros o El Último Cuplé habían demostrado que la fórmula podía ser no solo rentable, sino respetable. Pero el principal problema con que se encontró la cinta es que si haces una subnormalidad con monstruos y gags de tetas y culos, o te llamas Roman Polanski, o la haces para niños, o haces que tenga al menos un poco de gracia..

Esta colaboración nos sube a ambos el caché, señor Naschy.

Josema es el conde de Capra Negra, a quien su título no aporta más que un criado completamente gilipollas (aquí sí que Millán no tiene disculpa) llamado Antoine. Tienen los dos más hambre que un rolero a media partida, y andan robando la leche a los vecinos y haciendo calditos con pan duro y huesos pasados. Tal es su desesperación, que el conde está a punto de casarse con una niña pija y ricachona, mera excusa para un festival de humor grueso: invita a la chica y a su madre a tomar café, y se dedica a comerse las pastas que traen ellas sin dejar a nadie más acercase siquiera a la caja. Entretanto, Antoine, como venganza por los abusos de su señor, prepara una merienda consistente en agua filtrada por sus calcetines y regada con leche de su gata (seguro que aún así sabe mejor que el de Dunkin Donuts)
. Hasta aquí, el humor que habíamos disfrutado en parodias como la del helicóptero del Julipán o el detergente Gabriel, que era lo que algunos esperábamos ver, no se olió. ¿Quienes eran esos tipos zafios y miserables que se molían a collejas?

Homenaje a Luis de Funes

El caso es que al conde le llega la noticia de que su tío, el barón de Somolskaia (raro que no se llame “Pastagansaia” o algún juego de palabras tonto en plan Los Fruittis), propietario de una mansión de aúpa y buenos montones de choja (qué gran palabra, gracias Patch), ha pencado vilmente. La alegría es morrocotuda, ajeno como es a que en su lecho de muerte, el barón, reacio a dejarlo todo a alguien tan despreciable, ha echado una especie de maldición sobre la herencia, enviándole una “enfermera/monja que se convierte en monstruo” (a otros les da por los payasos, ya ven) a seguirle los pasos y, presumiblemente, cargárselo.

El sueño de la razón y las rayas azules sobre el celuloide producen monstruos.

El viaje en tren hasta Somolskaia (Turquía) es una especie de recordatorio de lo rastreros que son los protagonistas, por si no nos había quedado claro. En el vagón restaurante conocen a Nicole (Ana Álvarez, de la escuela “hablo con un hilo de voz para parecer mejor actriz”, como Najwa Nimri y tantas otras), una joven escritora pudiente en varios sentidos, que se ofrece a pagarles la cena. Por supuesto, aprovechan este gesto pidiendo todos los platos del menú, y se los comen en un montaje acelerado y con musiquilla, que se supone debe ser tronchante y que, para mi gusto, no pasaba lo suficiente rápido, de modo que le di al FFWD para ir a lo siguiente. Como no podía ser de otra forma, el conde se ofrece, galantemente, a hacer compañía a la asustada Nicole (y a intentar zumbársela, a eso me refería con “pudiente en varios sentidos”), que ha oído cómo mataban al vigilante del tren. Antoine tendrá que ir a comprobar el compartimento de la escritora, encontrando allí a la monja/enfermera monstruo sin monstruizar y enseñándole las tetorras, para terminar de romper con el humor de Martes y 13. A continuación, le salen rayos de los pezones (¡¡¡!!!) y amaga con cargarse al criado, pero este tira por la puerta trasera los dibujos animados azules que representan el espíritu vengativo (¡¡¡!!!), deshaciéndose de su amenaza por el momento.

Sobre el papel parecía buena idea.

Diría que la película va entonces de mal en peor, si no fuera porque, sinceramente, después de lo que les he contado, es imposible ir a peor. El comisario Astaroth (Paul Naschy, en plan “aparición de lujo” de las de Santiago Segura) les avisa que la muerte del barón se ha dado en circunstancias anormales: murió de risa. Perfectamente normal, lo anormal sería que le hubiera pasado a un espectador de esta castaña. Y en el castillo, el notario muere de risa al leer en el testamento que, para tener derecho a su herencia, el conde deberá acabar con la “maldición del Conde Drácula” (otro giro de guión; aprende, David Fincher).

Ya lo dijo Juan XXIII: Si el mal te atenaza, arrójalo por la puerta trasera del tren.

Tras mil y una bromas girando en torno a la extrema cobardía de los protagonistas y alguna que otra chanza erótico-festiva (el alma de las fiestas, niños; arremolínense en torno a su tío Paco, “el cachondo”, y disfruten de su repertorio de chistes verdes y abochornantes), llegamos al último cuarto de hora, momento en el cual la película, en el último cuarto de hora, se convierte en un carrusel de entrada y salida de personajes. Nicole hallará la muerte y el enzorramiento a manos de Drácula y el notario, que se ha convertido en un zombie. Después, aparece el monstruo de Frankenstein, que en estas historias siempre vive en el sótano de Drácula, y se ventila al secretario del barón. Y por último, el hombre lobo, quien, dadas las circunstancias y el desmelene, podemos suponer que anda por ahí buscando a la Momia y a la Criatura de la Laguna Negra. Mientras, Josema y Millán corren de un lado a otro leyendo frases de un guión que no les hacía gracia ni a ellos, hasta que al final salen corriendo de la propiedad, renunciando a todo. Los paralelismos con Scooby-Doo son más de los que se pueden apreciar a simple vista, créanme, a juzgar por el estúpido final de “jajaja, todo era un montaje para quedarnos con la herencia” con el que se pone la guinda a este pastel hecho de despropósitos, tomaduras de pelo y caca de la vaca.

 

Única partida en vivo del Misterio, de Cefa. Con rol funciona mejor.

Eso sí, la monja/enfermera/monstrua, que es el único personaje que mola, llega al final, cuando ya la habíamos olvidado, y se mete en la mansión, dispuesta a cumplir la maldición impuesta por el barón en su lecho de muerte. En pocas palabras, que se carga a todos menos a Martes y 13, que han huido, y Santas Pascuas.

¡Maldita sea! ¡Mi agente me dijo que esta era una peli seria! ¡Se-riaaaa!

EL ROBOBO DE LA JOJOYA (1991)
Que conste en acta que ese señor es “aquel”.

Sólo un año después, Josema y Millán nos sorprendieron con el asombroso anuncio de que iban a repetir en pantalla grande, y de nuevo de la manita de Álvaro Sáenz de Heredia. Hubo manifestaciones, huelgas, piquetes, conciertos de Sabina (ese, si se trata de reivindicar, reivindica), pero no sirvieron de nada. En principio, el título parecía más apropiado para Martes y 13, que si no llega a ser porque habían pedido disculpas por la anterior película, programando ese año dos especiales en lugar de uno (“Venga el 91”, en nochevieja y “A ver, a ver” a mediados de año; y vaya dos especiales, entre los dos, contienen todos los sketches que la gente aún hoy repite), habrían dado con el fin de su carrera.

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El sindicato de chorizos exige: ¡Seguridad Laboral Ya!

No es que la película sea la recaraba, ni un dechado de humor, pero al menos sí que se ve a Martes y 13. Aparte de los dos hermanos protagonistas, Martín (Millán) y Senén (Josema) Campanelli, apodados “Los Mangoni”, los humoristas dan vida a unos cuantos personajes más, hacen juegos de palabras que les pegan bastante, y en definitiva, son gilipollas pero a su modo, que es, al fin y al cabo, el que nos gustaba ver. La historia, más que trillada, gira en torno a una joya, el Ojo de Nefertiti, que es blanco de todas las codicias por parte de los ladrones de guante blanco por los que sabemos España se caracteriza. No hay más que ver el sutil y cuidado plan de El Dioni para hacerse con los millones. Los Mangoni intentan robarla de una exposición mediante un sistema de ventosas, cuerdas y poleas que parece se lo ha diseñado el Profesor Franz de Copenhague, mientras que los malos de la peli están conchabados con una de las vigilantes de noche (Tatiana Armani, que dado el exitazo de su debut en la gran pantalla, luego se dedicó exclusivamente al porno bajo el nombre de Tatyana Tyghera) para pasar por la puerta y coger la joya a mano limpia. Un vigilante sin corromper los pilla, da la alarma, los malos lo matan y la culpa va a parar, como es normal, a los Mangoni, que tras un juicio muy en plan Martes y 13 (con imitación de Raphael incluida), van a parar a la cárcel. Allí, se enteran de los nuevos pasos que darán los malos para volver a intentar el robo, pasando por sacar a un conocido asesino, Joe “el Mugre”, de la prisión…

Pruebas de vestuario para “La Fuga de Colditz”.

..de donde escaparán gracias a una mezcla entre cuidadoso plan elaborado por su compañero de celda, Fran Dhul (tremendo), y el propio plan de fuga de los malos, yendo a refugiarse a casa de Puri (Esther del Prado, una ex azafata del Un-dos-tres bastante guapilla, que se da un aire a Phoebe Cates – o no), la hija de Fran (que se pierde la fuga en el último momento). Casualidades de la vida, Puri trabaja en el departamento de personal de unos grandes almacenes donde se va a inaugurar una exposición, La Semana de Egipto, en la que se expondrá El Ojo de Nefertiti. Es la leche, unos grandes almacenes tipo Corte Inglés haciendo exposiciones con joyas auténticas y cocodrilos de verdad, y la Fnac cuando hace exposiciones como mucho te pone el busto aquel del niño de El Espinazo del Diablo que se da un coscorrón y que sale una décima de segundo en la peli.

Equivalente de El Corte Inglés a los becarios.

Con la juerga que ello desencadena, Senén y Martín se infiltrarán en los grandes almacenes como empleados, adoptando para ello los nombres de Pedro Palanca y José Luis Ripolles, y pululando por varios trabajos denigrantes, que van desde hacer de maniquíes en la sección de deportes hasta atender a los mendigos en la Planta Alcantarilla, pasando por el peor de todos: participar en una escena larguísima y estúpida (más que el resto de la peli) con Emilio Aragón, que no viene a cuento. Emilio Aragón es que entre esto, Javier ya no vive solo y lo del Circo Estable de Madrid, parece que se quiere hundir a sí mismo (en el caso del circo, unas cuantas casas también, ya que está).

Las Ketchup ensayan para su gran momento en Eurovisión.

Después, toca la imprescindible situación en que se visten de mujer, ayudados por Ernestita, la novia de Martín (Anabel Alonso, tan cargante como siempre). Y finalmente llega el día en que van a robar la joya y se juntan todos, buenos y malos, en una pelea final que auna trapecios, escopetas y un cocodrilo, que inevitablemente se tragará la joya. Pese a todo, la historia tiene un final feliz, pues acaban los cuatro en Brasil con su amigo el cocodrilo, disfrutando de la samba, la playa y dando carpetazo a todo el asunto.

La quintaesencia del crimen: el genio del mal, la rubia morbosa y el macarra sucio.

Y esto, gracias al cielo, es todo. Martes y 13 se dedicaron exclusivamente a televisión, cumpliendo su cita puntual cada fin de año (excepto en el 93, que desaparecieron sin excusa) y ocupándose de programas como “Viéndonos” o “El Retonno”, hasta su separación definitiva en 1997. Josema aún lo intentó una vez más en la gran pantalla, con una basura aún más infecta, llamada Adiós Tiburón, en la que interpretaba al típico ejecutivo agresivo que ve desmoronarse su vida perfecta y se da, de paso, un bañito de humildad, chistes de pis-y-caca mediante; luego se recicló en actor de la tele, con mierdas de la talla de Todos los Hombres sois Iguales y Paraíso, y ha presentado algún programa, como aquel de La Noche de los Errores, en el que se disfrazaba y hacía bromas a otros presentadores de Antena 3. Últimamente se le ha visto trabajando con sus antiguos rivales, Cruz y Raya. Millán, después de dar bandazos en TVE y Tele 5, con la teleserie Kety no Para y el intento de seguir con Martes y 13 él solo en Un Millán de Cosas, se ha lanzado a los escenarios y protagonizado, sin ir más lejos, la zarzuela de Paco Mir titulada “Los Sobrinos del Capitán Grant”. Además de eso, ha escrito el libro “Cuando la Aurora tiende su Manto”, un nostálgico coñazo verbenero, y la autobiografía incompleta “En mis Trece”, en la que ustedes encontrarán toda la información que no encuentren en este extenso y pormenorizado artículo.

6 thoughts on “Martes y trece: las películas

  • Te falta comentar la imprescindible protopelícula de Martes y Trece, realizada a finales de los 70, junto a Miguel Bosé y Ana Obregón. Su título es “Sentados al borde de la mañana con los pies colgando” No hay palabras…

  • Recuerdo haber visto “Aquí huele a muerto…” y “El Robobo de la Jojoya” en el cine y, no solo descojonarme de la risa (y eso que a mi Martes y 13 me hacían y hacen gracia lo justito) si no que además en la sala no se podían oir los dialogos por las carcajadas del público.
    Eran otros tiempos, igual dentro de 20 años los que nos sucedan se burlarán de la excesiva pedantería que lució el humor en España con los sobadísimos “monólogos”.

  • A mi siempre me han encantado, cierto que a veces rallaban la cansinidad pero también la genialidad en muchos momentos. Aún recuerdo la película El Robobo de la Jojoya con mucho cariño.

  • Estupendo artículo, me he reído mucho. Aunque me hubiera gustado que hablaras también del simpar Javier Aguirre. Oye, ¿es cierto lo de Fernando Conde? ¿fue colaborador de Cine Cutre.com?

  • Esto es cine español y lo demás son chorradas… mandemos a tomar viento tanta serie para adolescentes que se dan mucho amor propio y menos cotilleos que para eso están las colas de las pescaderias y de los bancos….
    y de camino que vuelva el Informal que es bueno por eso de la risoterapia que vamos por la vida muy quemados, un saludo a todos

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Plano gratuito de tetas que se me ha quedado fuera del artículo.