Pornosawa
27-10-05

«Investigando la teoría de que viajar en el tiempo era posible, el Dr. Sam Beckett entró en el acelerador de partículas cuánticas y desapareció a través del tiempo… Al despertar se encontró atrapado en el pasado, y mirándose en un espejo descubrió una imagen que no era la suya, viéndose empujado por una fuerza desconocida a cambiar la historia. Su único guía en este viaje es Al, supervisor del proyecto y de su misma época, el cual aparece en forma de holograma que sólo Sam puede ver y oír.»

Nuestros protagonistas y su impecable sentido de la moda.
¿Le copiaba Chiquito las camisas a Al?

Aquellos fueron los días

Antes de que nos invadieran Los Serrano, la Fórmula 1, Pokémon y Porremon (Melendi), existió un lugar para la programación infantil y juvenil de calidad en la TV. Aquellos españoles de primera que teníamos televisiones autonómicas, esperábamos el final de nuestras jornadas escolares para ver los fines de semana algunas de las series más memorables.
Me estoy refiriendo a Enano Rojo, Los Jóvenes y demás productos de la televisión británica y americana, en los últimos años en los que existía una alternativa por las tardes al marujeo. De entre todas las series siempre me fascinó una, en la cual un fallido experimento secreto (¿por qué todos los experimentos secretos son fallidos?) llevaba a un científico de cuerpo en cuerpo. Era A través del tiempo, El salto, para los catalanes o en su versión original Quantum Leap.


Y si bien no gozó del fanatismo de otros productos, les garantizo que era una serie destacable.

¡Joder, a ver si gana ya a Freezer, dos putos meses llevamos!

Planteamiento original

La transición 80/90s fue rara para la tv, dando lugar a multitud de híbridos y experimentos. Aquí estamos ante otro producto Sci-Fi de finales de los 80, se salía de la basura con naves habitual para pajeros para narrar la historia de un científico que va dando saltos temporales ocupando el cuerpo de otros. En el panorama de la ciencia-ficción, este bosquejo no era especialmente innovador (hay abundante novelas sobre dimensiones paralelas y viajes en el tiempo y tomaba gran parte de las teorías establecidas por K.Dick y compañía en Ubik, la novela que plagió Amenábar para ya sabéis que), pero establecía una premisa soberbia para cada capítulo: El profesor Sam Becket nunca sabía nada sobre la personalidad donde se establecería.

Amenábar preparando el remake de El Pueblo de los malditos.

Nuestro Sam se «encarnaba» en el cuerpo de alguien, siendo él durante unos días (u horas) y teniendo que lidiar con su vida y obras. Normalmente se resolvía como capítulos autoconclusivos, siendo un «Tour de Force» tanto para los actores como para los guionistas, al tener que introducir nuevos personajes y situaciones en cada capítulo. Esto tenía sus más y sus menos. Por un lado, no se nos eternizaba la resolución de la trama, cómo esperar que otro demonio infográfico se ñampe a uno de los normalmente borderlines amigos de Buffy. Pero también, evitaba un desarrollo a fondo de los personajes y las situaciones, algo en lo que las series semanales han evolucionado muchísimo. Por otro lado, cada capítulo era un mundo en si mismo, la variedad de situaciones era muy amplia, lo cual si bien hacía la serie algo irregular le otorgaba una versatilidad que la ponía por encima de Equipos A y Coches fantásticos, que eran siempre el mismo episodio, más o menos.

Típicas tramas: el boxeador fracasado, el jugador de fútbol primerizo.

No obstante, para mantener el hilo común y la expectación respecto al siguiente capítulo los guionistas solían poner una secuencia del siguiente cambio, la cual mostraba a Sam de manera más o menos curiosa. Esto enlazaba con la forma de iniciar todos los capítulos, «in media res», o lo que es lo mismo en medio de una situación complicada y con la trama establecida. Podría ser un juicio o una pista de Circo, y esto desconcertaba al espectador puesto que veía a Sam intentando amoldarse a la personalidad ocupada, ahí en medio del trapecio y a punto de meterse un castañazo. Esto incluía mujeres, lo que le valió un puesto al Scott Bakula, el actor que lo interpretaba, en el imaginario Gay americano…eso y su portada en PlayGirl, aparte de su inenarrable aparición en American Beauty…

Hombre, son unas gafas feas, pero tampoco hay que cometer
un disparate…

Complicado
génesis

Siendo una idea avanzada para el clásico Sci-Fi anglosajón, le debemos esta idea a Scott Bellisario. Educado en los Marines (Como todo lo bueno de EEUU), comenzó como guionista en Galáctica, para crear junto a Glen Larson la serie por la cual Tom Selleck renunció a Indiana Jones. Magnum contenía tramas algo más interesantes y rebuscadas que la mayoría de series detectivescas, siendo una de sus principales atractivos. De éxito moderado, pasó la mitad de la década de los 80 intentando sacar adelante Quantum Leap mientras creaba series de estética militarista. No fue fácil, Quantum Leap era un planteamiento complicado y sólo salió adelante a finales de 1989 y precisamente por el éxito de Bellisario con otros proyectos. No sólo eso: en principio sólo estaba para suplir un huevo en la programación. Y aún así, con ciertas restricciones: los viajes temporales de Sam no podían sobrepasar el siglo XX, por límites presupuestarios. ¿Quién sabe? Quizá salimos ganando. ¿Se imaginan a Bakula ocupando el cuerpo de Hércules en esa especie de de cruce entre Grecia y la Tierra Media de la serie de Kevin Sorbo?

Nadie escapaba a la influencia de Goku

Get back to Roswell

Y a todo esto, aún no les hemos contado en detalle de que va la serie ni quien salía en ella. Pues miren: el proyecto «Quantum Leap» está ubicado en una gruta oculta en Nuevo México junto a la bomba atómica, Elvis Presley y el cerebro de Dolly Parton. Éste se inició en 1995, después de haber invertir más de 43 millones de dólares (Gracias a varias mayorías de los demócratas en los 90, claro está). Encargados de éste Al y el Dr. Samuel Becket, verán como realizando un experimento final la máquina pierde el control del cambio de dimensión, y envía de manera aleatoria al Dr. Becket a lo través de distintas épocas. No sabemos gran cosa de la máquina (ni falta que hace) y el único contacto con el presente de Becket es Al, que le da consejos para realizar su próximo salto. Al es un holograma que es proyectado en cada época por la máquina (¿comoooorl?) y le hecha un cable dándole información. Sólo le ve él, por cierto, lo cual genera «chistosas situasiones».

Al ejerciendo de Pepito Grillo con Sam: «O bateas
bien… o aparece Resines en el campo»

Curiosamente cada uno de los saltos que realiza Sam le llevan a entrar en personalidades en momentos cruciales de su vida. Así Sam, debe tomar una decisión correcta para enmendar esa vida o línea temporal y poder realizar el salto al siguiente tipo. Buenas acciones parecidas a las que le permiten a Bill Murray salir del odioso día de la marmota o a Farruquito salir de la cárcel (¿?). Todos los personajes ven a Becket como su personalidad, y AL como conciencia sólo puede ser visto por los animales (Incluido Pablo Alfaro) y por el propio Sam. Esto hace que nuestro protagonista deba reconstruir la personalidad del «poseído» e incluso aprender ciertas habilidades. A la vez que va realizando estos sucesos, vamos conociendo más de la fogosa vida sentimental de Al (Superior a Sara Montiel y J de los Planetas) y de los gustos y méritos del Dr. Becket en su vida anterior al experimento. Y justo cuando ha enmendado el entuerto, ¡zas! Comienza a emitir una luz azul y se transporta a otro cuerpo, normalmente en una situación comprometida. Es lo que tienen las luces azules, que tienen una mala hostia que te cagas.

-Nos queremos casar.

-Tendré que consultarlo con Rouco

Capítulos míticos

Hacer una reseña de los mejores capítulos de Quantum Leap es complicado, ya que los guiones rayaron a una gran altura en la mayoría de las ocasiones. En general todos los capítulos deportivos son los más flojos, al repetir tópicos bastante gastados en cualquier película de género (Lo que no deja de ser positivo, miren si lo que pasa cuando se innova: Campo de Sueños de Kevin Costner). Los mejores episodios son todos aquellos de carácter histórico (Ubicados en la guerra de secesión o en un escuadrón de pilotos de la segunda mundial, este último es el primer «Salto»), y aquellos que fuerzan a Bakula a interpretar mujeres, niños o cualquier personajes poco acorde con su aspecto físico.

A Almodóvar le hubiera gustado la serie

En el marco de estos últimos, el del ciego es un trauma infantil de todos aquellos que lo vieron. Increíble Bakula haciendo verosímil la interpretación de un ciego que ve, ya que como dice Al «Si a Sam no sufre el accidente en el tiempo del salto, no tendrá ninguna tara del poseído».

Otro célebre es el del Circo, donde el inicio del capítulo ve a Becket ejerciendo de malabarista ante el desconcierto general del público. Por último reseñemos aquellos en los que se metía en su propio cuerpo de niño o cuando tiene que tomar el lugar del cantante de un grupo a lo Kiss. Por no hablar de otro en el que se metía en un subnormal y, para entretener a otro chico, le cuenta La guerra de las galaxias antes de su estreno. 

 En general las primeras temporadas son absolutamente soberbias, y mantienen enganchado al espectador a través de tramas originales. Las temporadas finales ya metieron malos al estilo de Superman II, y eran los némesis de Sam que tomaban a otras personas para impedir los objetivos del protagonista. Eran rusos. Para colmo se desveló que a Sam le guiaba una fuerza Divina, como a nuestro amigo Bush. Como consecuencia ante esta bajada de calidad, la serie finalizó después de su quinta temporada en 1993.

No hubo «Salto» final, por lo que Sam Becket vivió toda su vida ejerciendo de Bateador en equipos locales del cinturón de la Biblia o de Policía ante un asesinato límite (Oora de las tramas que más se repitió). El último episodio era, ciertamente, deprimente. Tanto capítulo pa na. Bueno ¿Y la de tardes entretenidas, qué?

«Hoy tengo que impedir que se carguen a los de Viruete.com
por meterse con el jevi»

El
final de la serie y el fenómeno fandom

Como es habitual en EEUU, surgió una legión de admiradores llamados «Leapers» y se llegó a realizar una convención (¡!) sobre la serie en su apogeo a principios de los 90. Le acompañaron las típicas novelas. Hay también una leyenda negra referida al episodio que parodia a Stephen King, y que se dice ha provocado terremotos, cintas VHS rotas y despidos a todo el que lo ha visto (algo parecido al estatuto catalán). En la actualidad se sigue pidiendo una continuación, y se ha anunciado para este año una película para TV de reunión en la que al fin Sam vuelve al lugar perdido donde partió (No sin arreglar algo antes, claro). Como curiosidad les diremos que la serie consiguió un nutrido grupo de fans «no-nerds», atraídos por la cotidianidad de la serie gente a la que Star Trek se la sudaba y preferían ver, no sé, Doctor en Alaska o el Telediario de Urdaci.. No hubo «Salto» final, por lo que Sam Becket vivió toda su vida ejerciendo de Bateador en equipos locales del cinturón de la Biblia o de Policía ante un asesinato límite (Oora de las tramas que más se repitió). El último episodio era, ciertamente, deprimente. Tanto capítulo pa na. Bueno ¿Y la de tardes entretenidas, qué?

No podía faltar el episodio de adolescente 80s a lo Big. Ponemos la foto por el póster de
atrás, más que nada.

 

Las carreras posteriores de Bakula, Dean Stockwell y Bellisario han sido bastante mediocres, estando los dos primeros enfrascados en la siempre lucrativa industria de las TV Movies, y el segundo realizando series fascistoides estilo JAGS. Parece como si Quantum Leap hubiera sido la cúspide y ahora sus trayectorias descienden lentamente (Esta frase absurda la podría haber dicho Kike Santander, autor de algunas de las metáforas más desmadradas de la historia en OT4). Bakula fue el tripulante de la nueva saga de la Enterprise (ya cancelada) y a Stockwell le tenemos cariño por interpretar El horror de Dunwich, con bigotón y dirigida por Roger Corman. Y ya.

Empezamos
a cansarnos del aniversario del Quijote

En América está la serie completa en DVD y en Calle13 la siguen echando por las mañanas, traumatizando a niños que en un futuro escribirán artículos sobre ella para que luego realice el salto Sam en ellos y decida borrar el documento como hecho crucial en sus vidas (¿?). Quantum Leap queda como una transición, una rara avis a medio camino entre las series 80s y las que en los 90 ya gozaban de una trama más continuada. Y es más: como un rarísimo ejemplo de ciencia ficción costumbrista y familiar, en lugar de la habitual para gente que hace chistes sobre aplicaciones del Linux. Desde aquí, nuestra admiración por Bakula, Stockwell y Bellisario. ¡Hasta la canción era rarita!